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BALONCESTO | COPA DEL REY

Tau, rey de una final de campeonato

Teletovic y Mickeal deciden en una excepcional prórroga ante un indomable Unicaja que llegó a poner entre la espada y la pared al equipo vitoriano

ROBERT ÁLVAREZ Madrid 22 FEB 2009 - 23:05 CET

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Era la final de la Copa del Rey de baloncesto, pero el partido fue de campeonato por la igualdad entre los dos contendientes, por el tremendo intercambio de canastas, a cual más decisiva, y por el desgaste físico y psicológico que llevó consigo una prórroga que dejó fuera de combate a cuatro jugadores. Ganó el Tau, que patenta año tras año su fórmula infalible, la que le dio el triunfo en la última Liga y la que le ha otorgado su sexta Copa en los últimos 14 años. El Unicaja se lo puso difícil hasta decir basta. Pero el vitoriano es un equipo cocido a fuego lento. Posee la receta ganadora, no importa la enorme cantidad de jugadores que vayan desfilando por la entidad. Sólo así se entiende que fuera capaz de sobreponerse a la monumental réplica del Unicaja. El equipo de Málaga lo tuvo entre la espada y la pared en un tuya-mía a lo Alfred Hitchcock que duró casi ocho minutos, desde que Welsch volvió a estrechar el marcador, 79-83, hasta que concluyó el tiempo extra.

Unicaja 88 - Tau 100

Unicaja (17+27+13+30+11): Cabezas (5), Welsch (8), Jiménez (2), Haislip (23), Archibald (16) -cinco inicial-, Rodríguez (3), N'dong (13), Gabriel (3), Gomis (16) y Cook (9).

Tau Vitoria (18+25+17+27+13): Prigioni (4), Rakocevic (18), Mickeal (20), McDonald (8), Splitter (12) -cinco inicial-, Vidal (16), Teletovic (20), San Emeterio (-), Ilievski (2), y Barac ().

Árbitros: Arteaga, Martín Bertrán y Redondo. Excluyeron personales a Rakocevic (m.40), Splitter (m.40), Welsch (m.43) y Jiménez (m.44).

Incidencias: encuentro correspondiente a la final de la 73 edición de la Copa del Rey disputado en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid ante unos 15.000 espectadores.

Ni el mal día inicial de Rakocevic, ni la discreta actuación de Splitter, ni la eliminación del brasileño ya antes de la prórroga, ni la del serbio nada más dar comienzo, ni la inferioridad en el rebote (ocho capturas más del balón por parte del Unicaja) y en el balance de las pérdidas y las recuperaciones (cuatro por debajo de las obtenidas por el cuadro andaluz), ni las constantes trampas tácticas que preparó Aíto García Reneses...

Nada, absolutamente nada, derrumbó al Tau. Siempre se mantuvo en pie. Sufrió. Incluso llegó a verse sorprendido, con el agua al cuello, cuando empató, 85-85, Gomis a falta tan sólo de 41 segundos para que concluyera el envite o cuando un monumental triple de Haislip volvió a igualar el partido, esta vez 98-98, a 44 segundos del final de la prórroga.

En última instancia, fue una tonta indecisión de Archibald, en la última jugada, cuando recibió el balón en ventaja dentro de la zona y, en vez de lanzar, prefirió doblarlo para Berni Rodríguez, absolutamente marcado para intentar el triple a la desesperada. Pero sería absurdo cargar las tintas sobre Archibald, que se marcó un enorme partido, que acabó con la mejor valoración, esa nota que premia todos los registros de cada jugador. Es preferible ver el lado positivo, el de otro jugador que sacó a relucir todo lo que puede llegar a dar de sí. Fue Mickeal, ya espléndido durante el encuentro en sí, pero inconmensurable en una prórroga en la que anotó ocho de los 13 puntos del Tau, incluidos los dos últimos, los que respondieron, a falta de apenas 20 segundos, al triple firmado por Haislip.

El Unicaja cuajó un partido estupendo. Evitó que Rakocevic entrara en ignición demasiado pronto y cerró por completo a Splitter durante tres cuartas partes de la contienda. Mantuvo una zona en la defensa que, sobre el papel, le evitó males mayores ante el potencial en el uno por uno del Tau y jugó al gato y el ratón en las transiciones colocando a dos bases a la vez, Cabezas y Gomis o Cook y Gomis.

Pero el Tau se sobrepuso. Logró meter en el partido a Rakocevic y rompió la zona defensiva de su adversario gracias a los obuses desde siete metros de un pívot bosnio de 2,06 metros de estatura, Mirza Teletovic, que tira como los ángeles. El Unicaja se pasó casi todo el partido por detrás en el marcador, pero siempre logró levantarse y especialmente apreciable fue su capacidad de reacción cuando llegó a situarse ocho puntos por debajo: 69-77.

Sergi Vidal fue otro peón de los que Dusko Ivanovic extrajo oro. Su irrupción en la pista sirvió primero para salvar el mal arranque de Rakocevic y después para dar un acelerón importante en la fase decisiva. Sin embargo, falló tres tiros libres que pudieron costar muy caros al Tau. El equipo de Vitoria siempre tuvo un relevo a punto. Cuando no era Rakocevic, era Teletovic; cuando no, Splitter, y así hasta llegar a Mickeal, que, decidido e infalible, se fue a por el Unicaja y no paró hasta que se rompió el cántaro.

Fue una enorme final, una de las mejores de las disputadas en los últimos años. Para bien del baloncesto español. Y para bien tanto del Unicaja, dignísimo finalista, como del Tau, coronado al cabo con todos los honores y con patente ya de campeón después de haber enlazado la conquista de la pasada Liga con la de la Supercopa y ahora la de la Copa.

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El equipo vitoriano celebra la victoria en la final de la Copa del Rey tras vencer al Unicaja en la prórroga / EFE

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