Deportes

Muerte súbita de Dani Jarque

Un ataque al corazón siega la vida del central del Espanyol, de 26 años

JORDI QUIXANO Barcelona 9 AGO 2009 - 00:27 CET

La tragedia golpeó ayer a Daniel Jarque (Barcelona, 1983), defensa central del Espanyol, que falleció de forma inesperada en Coverciano, cerca de Florencia, donde el equipo blanquiazul estaba de pretemporada. Un fulminante ataque al corazón acabó con su vida.

El futbolista se hallaba en la habitación del hotel, conversando por el teléfono móvil con su novia, que está en la recta final de su embarazo. Pero, de repente, Jarque se desplomó. La chica, asustada, llamó entonces a un compañero del equipo -Corominas, también de cuarto e íntimo amigo del central- para alertarle de que no le respondía. Al subir Corominas a la habitación, junto con el delegado del equipo, José María Calzón, inquietos ambos porque no era una actitud normal en Jarque, se encontraron al jugador en el suelo. Sufrió una asistolia. El doctor blanquiazul, Miquel Cervera, le practicó el protocolo RCP e hizo uso del desfibrilador. Pero se trataba de una asistolia no desfibrilable. A los pocos minutos llegó la primera ambulancia de los servicios de urgencias de Florencia, que recurrieron sin éxito a un nuevo intento con el desfibrilador y le administraron adrenalina y atropina durante una hora. Pero El corazón de Jarque tampoco reaccionó.

Jarque estaba pasando por su mejor momento deportivo, una vez que el técnico, Mauricio Pochettino, le había escogido como capitán del equipo. "Es un orgullo y un reto defender la camiseta del Espanyol. Llevar el brazalete es un sueño hecho realidad", aseguró hace dos semanas Jarque, que dedicó toda su vida al club blanquiazul. Desde la plantilla prefirieron mantenerse en silencio, consternados por la peor de las noticias posibles. Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, ofreció todo su apoyo al club para tratar de agilizar los trámites y contactar con el embajador español en Italia, Luis Calvo, y el cónsul, Eduardo de la Iglesia.

En el Espanyol no daban crédito a lo sucedido. No había indicio alguno -los médicos nunca encontraron nada raro en las diversas pruebas de esfuerzo con gases, electrocardiogramas y ecocardiogramas- de que a Jarque pudiera ocurrirle algo. "En las pruebas de resistencia era uno de los más fuertes. No nos lo podemos explicar", señalan en el club. La única advertencia del futbolista se produjo ayer mismo, cuando el cuerpo técnico dio la tarde libre al equipo. Mientras la plantilla paseaba por Florencia, el jugador decidió quedarse en el hotel -algo raro en él porque siempre se rodeaba de los compañeros del equipo- alegando que no se encontraba demasiado bien.

Jarque fue trasladado al hospital general de Florencia, donde le harán la autopsia. Allí se quedaron el delegado Calzón y el médico Cervera a la espera de los resultados y de poderlo repatriar. El Espanyol decidió suspender la gira italiana. Tenía previsto para hoy un partido amistoso contra el Bolonia, pero regresará esta tarde a Barcelona.

Un tímido muy atrevido

Bien peinado, espigado y un tanto flacucho como era a los 13 años, Jarque dejó su equipo de barrio, el Ciudad Cooperativa de Sant Boi de Llobregat, y se presentó en las instalaciones del Espanyol para realizar su primer entrenamiento. "Soy medio centro", aseguró, con su mezcla de timidez y descaro, al presentarse al técnico de los infantiles. Pero apenas jugó, hasta el punto que se planteó dejar el club. Sin embargo, Tintín Márquez, un año más tarde, le cambió de demarcación. Central. Y Jarque se hizo con un puesto en el equipo que nunca más le quitaron.

Internacional con todas las categorías inferiores de España, formó parte del Espanyol que ganó la Copa de 2006 y del que alcanzó la final de la Copa de la UEFA al año siguiente. "Es una pieza fundamental, alguien capital en el eje de la defensa", señalaban cuantos entrenadores pasaban por el equipo blanquiazul. Pero Jarque tenía dos caras. Cuando era cuestionado por los periodistas, bajaba la mirada, se recolocaba el flequillo con un soplido y, sobre todo, se ruborizaba. Sobre el césped, sin embargo, no había quien le amilanara. Y eso que se curtió a sí mismo. Debutó en octubre de 2002 contra el Rayo Vallecano a las órdenes de Ramón Moya. Fue Javier Clemente, un mes más tarde, quien defendió a ultranza su categoría, aunque puso relieve su falta de veteranía sobre el campo: "Si Jarque hace una entrada a un delantero es Jarque quien acaba en la grada". Con el tiempo, maduró. "Ya no soy ese niño. Ahora tengo fuerza y experiencia", aseguraba hace apenas dos días.

No hace mucho que Jarque afrontaba las ruedas de prensa como "un auténtico marrón". "No es que me desagrade. Simplemente, me da vergüenza", aclaraba. Le venía de pequeño; se le subían los colores cuando el profesor le pedía que recitara la lección en alto. Pero este hijo de electricista y costurera se transformaba en el césped. "Un futbolista nunca puede ser vergonzoso en el campo", defendía. Poco a poco, le ganó el pulso a su timidez. Por eso el técnico actual, Mauricio Pochettino, le designó capitán del equipo hace un mes. El vestuario en pleno respaldó la decisión. "Tendré que esforzarme en mantener la armonía, dar la cara cuando las cosas vayan mal, escuchar los deseos de la plantilla y luchar por los intereses comunes", resolvió la semana pasada; "pero exigiré a todos trabajo, ayudas al compañero y generosidad en el esfuerzo. Somos el Espanyol y hay que salir a morder, rascar y demostrar nuestro orgullo".

Tampoco se sonrojaba dentro del vestuario cuando compartía el tiempo con sus amigos de corazón. No dudaba en bromear con Coro, su compañero de habitación y pareja en el futbolín -Jarque era un hacha con la defensa y el portero-, menos le costaba echarse a reír de los múltiples chistes de Moisés Hurtado o mofarse de los que se atrevían a retarle a la pocha, su juego de cartas preferido. "Era el más humano de todos los futbolistas que he conocido", revelan varios empleados del club. Amante del submarinismo y de la pesca, Jarque recordaba con gran afecto la final de la Copa del Rey juvenil, cuando batieron al Madrid. A él le recordarán todos como un futbolista sensacional y una persona de diez.

Antonio Puerta y muchos más

Que un futbolista joven, aparentemente sano y fuerte, muera de forma súbita es sorprendente, pero no tan poco habitual. Basta echar la vista atrás, y no tan atrás, para ver a Antonio Puerta, desplomarse en el césped del Sánchez Pizjuán en la primera jornada de la Liga 2007/2008 tras sufrir múltiples crisis cardiacas. El sevillista, de 22 años, murió en el hospital tres días después.

La muerte de Puerta conmocionó al mundo del fútbol, como antes lo hizo la del centrocampista camerunés del Manchester City Marc-Vivien Fo en las semifinal de la Copa Confederaciones entre Camerún y Colombia, el 26 de junio de 2003, o el jugador internacional húngaro del Benfica Miklos Feher, de 24 años, tras jugar con el Vitoria de Guimarães, el 25 de enero de 2004.

En esta penosa lista, que podría empezar con el sevillista Pedro Berruezo -muerto en Pontevedra, allá por 1973-, hay jugadores internacionales, como los citados, o como el egipcio Mohamed Abdelwahab, del Alhly, fallecido el 31 de agosto de 2006. Pero también de equipos modestos. Jóvenes, como Vladimir Dimitrijevic, del Estrella Roja de Belgrado, muerto en un entrenamiento el 1 de octubre de 2000 con 20 años, o Andrei Pavitski, del Arsenal de Kiev, al que le falló el corazón con sólo 17 años el 1 de marzo de 2004. Y veteranos, como el escocés Phil O'donnel, capitán del Motherwell, fallecido a los 35 años el 29 de diciembre de 2007.

"En España vienen a morir entre 20 y 25 deportistas, gente acostumbrada a entrenarse, por problemas cardiacos cada año", calcula Araceli Boraita, cardióloga del Consejo Superior de Deportes; "lo más habitual es que sea por cardiopatías congénitas". La mayoría de ellos son futbolistas y ciclistas, pero "porque son los deportes más practicados". Según esta experta se trata de enfermedades difíciles de detectar porque no tienen síntomas claros. Por eso aunque la mayoría de los equipos profesionales someten a revisiones a cardiacas a sus jugadores a veces no los detectan. Por eso y porque "muchos de esos centros son muy buenos pero no están especializados en el mundo del deporte".

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Fotografía de archivo de Dani Jarque del pasado 31 de mayo en el enfrentamiento entre el Espanyol y el Málaga. / REUTERS

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