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ALEMANIA 0 - ESPAÑA 1

Épica y mucho arte

El equipo de Del Bosque llega a la final como es él, fiel a la pelota, con ese delicioso punto de descaro que define a este grupo de desacomplejados futbolistas que han desterrado el escepticismo crónico

Si el fútbol es un depósito de sentimientos, España es una gozada. Si el fútbol es arte y épica, España es el equipo a seguir. En su partido frente a la temible y deslumbrante Alemania lo tuvo todo, fue sublime en el juego y también supo remangarse cuando fue preciso. Gobernó de etiqueta y con jerarquía a una selección que parecía inabordable, por su presente y su heráldico pasado. El conjunto de Del Bosque lo hizo como es él, con su forro más auténtico, fiel a la pelota, con ese delicioso punto de descaro que define a este grupo de desacomplejados futbolistas. Ellos han desterrado el escepticismo crónico que despertaba España en un fútbol vertebrado sobre los clubes. Hoy España es un equipo, sin banderas ni las ventajistas demagogias de un pasado tenebroso.

ALEMANIA 0 -ESPAÑA 1

Alemania: Neuer; Lahm, Mertesacker, Friedrich, Jerome Boateng (Jansen, m.52); Khedira (Mario Gómez, m.81), Schweinsteiger, Trochowski (Kroos, m.62), Özil; Podolski y Klose.

España: Iker Casillas; Sergio Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila; Busquets, Xabi Alonso (Marchena, m.93+), Xavi, Iniesta, Pedro (Silva, m.85); y Villa (Fernando Torres, m.81).

Gol: 0-1, m.73: Puyol.

Árbitro: Viktor Kassai (HUN). No mostró cartulina alguna.

Incidencias: encuentro de semifinales del Mundial de Sudáfrica 2010, disputado en el estadio Moses Mabhida de Durban, ante la presencia de 60.960 espectadores. La Reina Sofía asistió al partido en el palco de honor, junto al presidente de la FiFa, el suizo Joseph Blatter

Lo que parecía una quimera es una realidad. La selección está en una final del Campeonato del Mundo, a un paso de la ensoñación definitiva. Del descorche se encargó Puyol: un gol racial para abrochar un partido operístico. Un tanto que se narrará de generación en generación con la emoción que merece, con voces entrecortadas. Una leyenda imperecedera para una selección con tanto linaje que el próximo domingo se medirá en la cima del mundo a Holanda. El sueño continúa.

Fue una España atrevida, muy decidida, la mejor de largo de todo el Mundial. No era fácil destaparse ante una selección que acababa de triturar con dos goleadas a Inglaterra y Argentina. Pero este equipo español ha interiorizado hasta el hueso su papel de protagonista en cada reto. El primer valiente fue el técnico, que envidó con un novato como Pedro y aparcó a Torres. Pero el azulgrana no es ningún intruso, hace tiempo que perdió el diminutivo y se ha licenciado en la escuela del Barça, el molde de esta España, la gran reserva actual del fútbol español. Con Pedro en un costado, Iniesta en el otro y Villa por el eje, Del Bosque pretendía abrir ruta por el macizo central de la defensa alemana, donde anidan dos vigas como Mertesacker y Friedrich, que no tenían un blanco fijo.

Con el campo bien ensanchado por Pedro e Iniesta , el equipo español, más esponjado que en jornadas anteriores, giró como un reloj alrededor de Xavi. Cuando eso ocurre, la pelota se siente acariciada, obedece mejor, aunque la mala hierba de Durban hiciera que el Jabulani rodara con molicie. Xavi, sometido por Schweinsteiger, que no es un cualquiera, fue un satélite para todos. España tenía el mando, con Alemania amarrada, con el balón fuera de su órbita, lo que carga el músculo y atrofia la mente. Sin la pelota grapada se corre más y se piensa peor. El dominio español estuvo a punto de concretarse en un remate forzado de Villa ante la salida de Neuer tras una asistencia de Pedro tan precisa como ingeniosa. Poco después, Iniesta enroscó el balón en la cabeza de Puyol, pero su planchazo se fue alto.

España tenía todas las conquistas: el balón, el juego y las oportunidades. Alemania estaba desteñida, porque esta selección impone. Incluso a un rival que no deletrea jamás la rendición. Pero el germano siempre es un equipo con colmillo, capaz de una cornada imprevista. Le basta con muy poco para resultar amenazante. Hasta el atropello de Sergio Ramos a Trochowski dentro del área a una manecilla del descanso, el grupo de Löw solo hizo ruido en varios saques de esquina.

Por mucho que la selección germana se haya rebelado contra los popes de la Bundesliga, cuando sus futbolistas acuden como un regimiento a un córner son capaces de deforestar el área. No es alemán, pero Puyol es un gigante, alguien capaz de volar por encima de los himalayescos defensas germanos sin mal de altura. Lo hizo en un saque de córner lanzado por Xavi en el minuto 73, como si fuera un trapecista, con Piqué al quite en su nuca. Un gol para la mitología española, como el de Zarra en Río de Janeiro, como el de Marcelino en Chamartín, como el de Fernando Torres en Viena.

El gol sin techo de Puyol concretó la superioridad española, por encima de su adversario de principio a fin. Y en todas las zonas del escenario. Al cartabón de Xavi, el vértigo de Pedro, la permanente combustión de Villa, la melancólica delicadeza de Iniesta, el tajo de Xabi Alonso, la firmeza de todos los defensas y la puntualidad de Casillas, se sumó un Busquets. Imponente. Es cierto, España juega con doble pivote: este chico vale por dos, es una veta de fútbol. No tiene los pies torcidos, ni mucho menos, y es un mago del quite, tiene un don, o varios. Lleva un radar en la cabeza para adivinar por dónde le buscará las cosquillas el contrario. Siempre está; es un lazarillo extraordinario.

A España solo le faltó bajar la persiana mucho antes. Ocasiones tuvo; le sobró precipitación en más de una jugada. Este equipo no merece reproche alguno, pero por su propia naturaleza le cuesta masticar el gol, este llega como punto final a una gran obra. Nadie lo tuvo más claro que Pedro, que se olvidó de Torres, que llegaba sin sombras al punto de penalti. El equipo, víctima de su falta de puntería, tuvo que tirar de pico y pala cerca de Casillas en los últimos minutos. Hasta en eso es un conjunto competitivo y fiable. Alemania cargó con todo, pero España ya estaba extasiada. Un día para la mística, para la épica. Inolvidable. Y queda lo mejor. Si sale cruz: nunca España despertó tantas pasiones. Es su hora, por más que el fútbol esté endeudado con Holanda.

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