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LIGA | ZARAGOZA 1 - REAL MADRID 3

El Madrid exhibe al segundo pelotón

Los goles de Özil, Cristiano y Di María certifican el excelente partido de Marcelo, Lass y Arbeloa ante un Zaragoza con muy mala pinta

JOSÉ SÁMANO 12 DIC 2010 - 20:52 CET

Tres chispazos le bastaron al Madrid para resolver sin sobresaltos su cita en Zaragoza con el colista. En estos tiempos de penurias en La Romareda, el equipo de Mourinho ni siquiera precisó su mejor versión. Tenso y riguroso en la defensa, el Madrid gestionó el partido en el ataque como más le gusta, sin demora, siempre por el atajo más directo: tres toques para el primer gol -taco de Cristiano, enorme asistencia de Marcelo y diana de Özil-, uno para el segundo -una falta ejecutada por CR con la precisión del mejor arquero- y dos para el tercero -el cartabón de Alonso y la definición de Di María-. De lo demás se encargaron secundarios como Marcelo, Lass y Arbeloa. Suficiente para despachar a un adversario que no se reconoce, un equipo indefinido.

ZARAGOZA 1 - REAL MADRID 3

Zaragoza: Leo Franco; Diogo, Lanzaro, Jarosik, Paredes (Pinter, min.85); Edmilson (Marco Pérez, min.52); Lafita, Gabi, Ander Herrera, Bertolo; y Sinama Pongolle (Ponzio, min.52).

R. Madrid: Casillas; Arbeloa, Pepe, Carvalho, Marcelo; Lass, Xabi Alonso; Di María (Morata, min.88), Ozil (Mahamadou Diarra, min.85), Cristiano Ronaldo; y Benzema (Granero, min.79).

Goles: 0-1. min.15. Ozil; 0-2. min.44. Cristiano Ronaldo; 0-3. min.46. Di María; 1-3. min.53. Gabi, de penalti.

Árbitro: Ramírez Domínguez. Amonestó a los locales Gabi, Bertolo y Lanzaro, y a los visitantes Marcelo, Xabi Alonso y Arbeloa.

26.000 espectadores en La Romareda.

El Zaragoza es un equipo con demasiadas prótesis, tejido con grandes costurones, con gente en el ocaso como Leo Franco y Edmilson o futbolistas de esos que encuentran ficha en esta Liga sin motivos aparentes, caso de Sinama-Pongolle o Lanzaro. Equipos tan invertebrados encuentran en muchas ocasiones la pócima en sus propias bases, sin necesidad de ir a un rastro donde apenas hay gangas. Otro síntoma de la deriva: en un año justo, tres entrenadores (Marcelino, Gay y Aguirre). En medio de este panorama selvático, las víctimas son chicos acunados en casa como Ander Herrera y Lafita.

Diez minutos le duró la energía al Zaragoza. Se cae del alambre al primer azote. Lo que tardó Özil en abrir la lata tras un taconazo de Cristiano, no para youtube, sino efectivo, y un fantástico pase de Marcelo al pasillo izquierdo. Paredes, que para eso es lateral zurdo, estaba extraviado, como todo su equipo. Ahí se descuartizó para siempre el conjunto de Aguirre y el Madrid tomó el mando con una superioridad absoluta.

Mucho tuvo que ver Marcelo, una de las grandes noticias de la temporada para los madridistas. Su progresión ha sido extraordinaria. Hoy es un futbolista más aplicado en la defensa y en el ataque, su fuerte, es mucho más oportuno. Carvalho le escolta y él llega cuando debe, no porque sí. Tan cuajado está el brasileño, que no hay encuentro en el que no deje una nota de su virtuoso repertorio. Lo hizo en La Romareda con un recorte a Diogo y un caño a Herrera propio del catálogo de Messi o Cristiano. Durante toda la tarde, fue un sofoco para los zaragocistas y un socio ideal para los suyos. Por el otro costado, Arbeloa, que ha desterrado a Sergio Ramos -con Mou nunca se puede saber si es una cuestión temporal-, es la versión opuesta a Marcelo. Defiende con inteligencia y tesón y ataca cada vez con mejor perfil.

Lanzado por los laterales y con Lass, relevo de Khedira, hiperactivo, los secundarios tuvieron más peso que nunca. Para lo fino, los primeros actores: Özil. Cristiano, Alonso y Di María, a los que Edmilson, se supone que enhebrado como dique por delante de los centrales, perdió siempre la pista. En estos días, el ex azulgrana es un paseante. El asunto de Benzema es más complejo que el de otras estrellas blancas. Fue fichado con galones, pero, por lo general, ha sido un jugador de reparto. En Zaragoza no tuvo el acierto goleador mostrado ante el Auxerre, pero tampoco fue el futbolista inanimado de tantas jornadas. Barrió el frente ofensivo, se ofreció con constancia y estuvo muy participativo. Tuvo tres retos con Leo Franco y en todos estrelló la pelota en el meta argentino. Más fácil lo tuvo Di María, que retrató a su compatriota en el tercer tanto. Franco, pesadote, se descolgó del larguero una hora después del pase de Alonso a espaldas de los rígidos centrales de Aguirre. Invitó a Di María a una sencilla vaselina.

Solo un penalti de Carvalho a Bertolo abrió una brecha ante Casillas, que en su 400º partido de Liga pasó una tarde en la hamaca salvo por un remate de Lafita en el primer tiempo. Gabi acertó ante Iker. Un espejismo. Este Zaragoza necesita mucho más para rehabilitarse. Nunca se vio en peligro el Madrid, al que le bastaba con Lass, una avispa en todas las zonas del campo. Alonso, sabio, se contuvo ante la frenética actividad del francés. Una cualidad que no siempre explota con conveniencia. En Zaragoza, ante la parsimonia de adversarios como Edmilson, sí lo hizo.

A la espera del gol de Benzema, que no llegó, el partido tuvo otros alicientes, como el lanzamiento de Morata en la misma plataforma en la que un día se presentó al mundo Raúl. Un guiño del destino. Por ahora, el del Madrid es sumar y sumar, salvo que el Barça se cruce en su camino. Ayer, con una faena bien aliñada, sin agobio alguno y exhibiendo al segundo pelotón. Todo lo contrario que para el Zaragoza, hecho un nudo desde hace varias temporadas.

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Özil, Pepe y Marcelo felicitan a Cristiano por su gol en La Romareda. / GETTY

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