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China aborta con decisión varios conatos de protestas

La convocatoria, difundida el sábado por la web estadounidense Boxun, urgió a protestar en Pekín, Shanghai y otras 11 ciudades, aunque solo en las dos primeras hubo signos de movilizaciones

JOSE REINOSO Pekín 20 FEB 2011 - 20:06 CET

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Puede que no haya mucho interés entre la población china por copiar las revueltas que vive el mundo árabe, pero el Gobierno de Pekín no quiere correr ningún riesgo de contagio. Las autoridades abortaron con decisión sendos conatos de protestas en Pekín y Shanghai, aparentemente inspiradas en las manifestaciones que vive desde hace semanas Oriente Próximo. La llamada a seguir la "Revolución Jazmín" -en referencia a las revueltas en Túnez- fue realizada a través de un sitio en Internet en el extranjero.

La policía detuvo, al menos, a tres personas en Pekín, en la calle Wangfujing, una de las más comerciales de la capital, mientras decenas de personas observaban curiosas preguntándose qué pasaba. Varios centenares de policías de uniforme y de paisano se concentraron en la zona, dispersaron a la gente y filmaron a quienes estaban en el lugar, informa France Presse. En Shanghai, la policía se llevó a tres veinteañeros.

La convocatoria, difundida el sábado por la web estadounidense Boxun, urgió a protestar en Pekín, Shanghai y otras 11 ciudades, aunque solo en las dos primeras hubo signos de movilizaciones. Boxun, que está bloqueada en China, instó a los manifestantes a gritar frases como "Queremos comida", "Queremos trabajo", "Queremos vivienda", "Queremos justicia", "Larga vida a la libertad" y "Larga vida a la democracia".

Alrededor de 100 activistas y abogados "desaparecieron", fueron detenidos o sometidos a detención domiciliaria en todo el país antes de que comenzaran las potenciales protestas, según el Centro de Información para los Derechos Humanos y la Democracia de Hong Kong. La búsqueda de las palabras Revolución Jazmín en el buscador Baidu y en el sitio de mensajes cortos en Internet (microblog) t.sina no entregaba resultados.

Es poco probable que las revoluciones árabes inspiren en China manifestaciones de gran envergadura, que pongan en peligro el gobierno de partido único del Partido Comunista Chino. Aunque el país acusa enormes diferencias sociales, la corrupción es rampante y muchos integrantes de la élite intelectual defienden la democracia, la inmensa mayoría de los chinos no siente la ira que ha estallado en el mundo árabe.

Por varias razones: hoy viven mejor que hace 100, 20 o 10 años y piensan que sus condiciones seguirán mejorando, y, a pesar de los numerosos conflictos sociales -paro, expropiaciones ilegales, abusos laborales- y étnicos -Tibet, Xinjiang-, China disfruta de estabilidad -al menos en la superficie-, un factor importante en un país que ha sufrido una buena dosis de violencia y disturbios en su historia reciente. A esto se junta el hecho de que la población vive más preocupada por ganar dinero que por lograr unas libertades políticas, y el resurgimiento del orgullo nacional, gracias al ascenso internacional del país de la mano del progreso económico, tras un pasado de dominación extranjera. Por si fuera poco, el Gobierno chino tiene más experiencia y controla de forma más férrea que los de Túnez o Egipto tanto Internet como muchos otros aspectos de la sociedad.

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