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Japón espera a unos pilotos muertos de miedo

Dorna llevará MotoGP a Motegi en octubre pese a la negativa de los corredores, que ordenarán un informe propio sobre los efectos de las radiaciones

NADIA TRONCHONI Montmeló 3 JUN 2011 - 21:34 CET

El circuito de Motegi espera la llegada de un grupo de pilotos paralizados por el miedo, el desconocimiento y la desconfianza. El terremoto y posterior tsunami que provocó una catástrofe de dimensiones superlativas en Japón el pasado 11 de marzo obligó a Dorna, la empresa organizadora del Mundial de Motociclismo, a aplazar la cita en el país nipón, prevista para mediados del mes de abril. La nueva fecha era el 2 de octubre. Y, pese a las previsiones de gran parte del paddock, que pensaba que la prueba terminaría suspendiéndose a causa de las fugas radiactivas detectadas en la central nuclear de Fukushima, el consejero delegado de Dorna, Carmelo Ezpeleta, no alberga ninguna duda. La confirmación oficial la dará en Mugello, a principios de julio, pero está en disposición de afirmar que las carreras se celebrarán en Japón el próximo octubre con la misma seguridad de que lo harán en Australia tres semanas después. Si hubiera el mínimo riesgo, advierte, se suspendería; pero mientras el Gobierno nipón asegure que no lo hay y sus informes no lo desmientan, habrá carrera.

El único problema que tiene Ezpeleta es que los protagonistas no lo ven tan claro como él. Todos los pilotos de MotoGP, sin excepción alguna, y todos los corredores del resto de categorías a los que se les ha consultado al respecto, opinan que si de ellos dependiera el GP de Japón no se celebraría este 2011. Es más, ayer viernes, antes de asistir a la reunión de la comisión de seguridad, a la que últimamente van más pilotos que nunca, los integrantes de la parrilla de MotoGP acordaron ordenar un informe propio para conocer de primera mano los efectos de las radiaciones en la zona y la situación real en Motegi. "Queremos tener algo más concreto", consentía Rossi. "Buscaremos a alguien que realice un informe que controlemos nosotros", explicó Capirossi, en una versión también confirmada por Dovizioso.

Los pilotos ya trataron de sublevarse hace unas semanas en Le Mans ("No veo la necesidad de ir; creo que ahora mismo los japoneses tienen cosas más serias por las que preocuparse que de una carrera de motos", afirmó Stefan Bradl, líder de Moto2), y lo volvieron a hacer el viernes en Montmeló. "La gente está muy asustada. El problema es que yo, por ejemplo, no sé realmente qué peligro hay", concedió Rossi. "La idea en el paddock de todo el mundo que conozco es la misma, todos prefieren no ir a Japón. Esperemos que venza el consenso y no vayamos. Lo que no sé es qué haré si Dorna decide que se debe ir", añadió.

Los organizadores del mundial arguyen que tienen una serie de informes técnicos y han consultado numerosas fuentes que les garantizan que la zona es segura. Uno de esos informes dice que la radiación en Tokyo, a unos 150 km de Motegi, o Sendai, a 200 km, es menor (0,075 Sv/h y 0,081, respectivamente) de la que hay en Roma (0,25 Sv/h), Madrid (0,19) o Nueva York (0,095). "No quiero polemizar con este asunto. Daré mi visión de esto en privado", dijo Jorge Lorenzo cuando se le explicaron estos datos.

Al salir de la comisión de seguridad no quiso decir ni mu. Pero su opinión la había dejado clara en la conferencia de prensa previa: "¿Quiere ir a Japón?", le preguntó la prensa inglesa. "No, no quiero ir. No sé cuán arriesgado es ir a Motegi. Pero no me siento seguro. Soy muy joven, y no me pasaré 20 años preguntándome si tendré alguna reacción o si mis hijos nacerán con alguna malformación", había afirmado apenas una hora antes. "Ninguno se atreve a decir que no, pero ninguno quiere ir. El problema es que nosotros no podemos decidir nada", se lamentaba Dovizioso.

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Valentino Rossi, en el circuito de Montmeló. / LLUIS GENE (AFP)

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