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Bo McCalebb es un relámpago

El base, nacionalizado en 48 horas y tras solo tres años como profesional, lidera a Macedonia con un juego eléctrico

JUAN MORENILLA Kaunas 16 SEP 2011 - 05:44 CET

El orgullo de Macedonia nació hace 26 años en Nueva Orleans, Estados Unidos, no habla el idioma del país balcánico, nunca ha vivido allí y apenas lleva 19 partidos como internacional con la camiseta amarilla y roja. Pero el pueblo macedonio ya considera a Bo McCalebb uno de los suyos. Y el base norteamericano, nacionalizado hace pocos meses, devuelve el cariño a su nación de acogida con canastas. "Yo me siento macedonio, me siento parte de este país", dice en el hotel de Macedonia poco antes de las dos del mediodía. Hasta entonces había estado durmiendo, después de la gesta agotadora que supuso eliminar a Lituania en cuartos del Europeo.

El de McCalebb y Macedonia es un matrimonio de conveniencia. La selección necesitaba un base para apuntalar su equipo, y a McCalebb no le venía mal un pasaporte europeo. Después de flirtear con Serbia y con Montenegro, Macedonia cazó a este eléctrico director de juego con una nacionalización fulgurante. El pasaporte, solo concedido a personas que hayan hecho algo importante por el país o con raíces familiares en él, estaba en su bolsillo en solo 48 horas cuando el plazo habitual es entre tres y seis meses, según explica el secretario general de la federación macedonia, Dejan Lekic.

Todo alrededor de McCalebb va a mil por hora. Su juego, atlético y rapidísimo, con explosivas penetraciones; su conversión en ciudadano macedonio casi de la noche a la mañana; y su carrera. Nadie diría que solo suma tres años como profesional, después de salir de la Liga universitaria estadounidense: uno en el Mersin, turco, otro en el Partizán de Belgrado y la temporada pasada en el Montepaschi Siena. Pero siempre quemando etapas muy rápido. Los dos últimos años, sin ir más lejos, ha jugado la Final a Cuatro de la Euroliga. Aunque, curiosamente, no sueña con la NBA: "No me gusta mucho, quiero crecer en Europa". Con Macedonia, claro, también ha triunfado nada más llegar. Frente a España jugará su partido número 20, tras seis de clasificación para el Europeo, cuatro amistosos y los nueve que lleva en Lituania. Y ya es el motor de la revelación del campeonato, con 20,9 puntos, tres rebotes y 3,7 asistencias de media por encuentro. Con Ilievski forma una pareja intercambiable en la que se alternan las posiciones de uno y de dos. "Tenemos mucha movilidad, nos entendemos muy bien", dice Ilievski. Como sus compañeros, se hace entender con Bo en inglés, o en algunas palabras básicas en macedonio.

Las gestas de McCalebb, Antic y compañía le han valido a los macedonios una condecoración deportiva por parte de su gobierno, concedida antes incluso de eliminar a Lituania. El país se volvió loco cuando su equipo llegó a semifinales. La capital, Skopie, quedó bloqueada por las celebraciones. "Hemos visto vídeos en youtube de la fiesta. Mucha gente busca ahora dónde está Macedonia en el mapa", cuenta Lekic, cuyos dos teléfonos móviles echan humo. "Tras el partido no podía dormir porque no creía lo que habíamos hecho. Es un sueño vivir este momento", dice McCalebb todavía con cara de sueño, "agotado" después de 37 minutos en la pista.

"Es un fenómeno, uno de los mejores bases de Europa", avisa Scariolo. "Hay que controlar a McCalebb. Está desequilibrando en cada partido", apunta a continuación Pau Gasol. El base devuelve la pelota: "España no tiene debilidades. Es el equipo perfecto".

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Bo McCalebb, durante el partido ante Lituania. / CASTORIA/MATTHAIOS (Europa Press)

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