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12ª JORNADA DE LIGA | ESPANYOL, 0 - VILLARREAL, 0

El Espanyol se pierde en el charco

El conjunto blanquiazul empata con un hombre menos con un Villarreal (0-0) depresivo

GORKA PÉREZ Barcelona 6 NOV 2011 - 20:45 CET

A pesar de que el diluvio mediterráneo decidió descansar en Cornellà durante dos horas, al Espanyol se le hizo más profundo de lo que esperaba el charco. En medio un Villarreal depresivo tras su eliminación, tampoco decidió revolver demasiado las aguas, no fuera a tragarle la corriente. Al final ninguno terminó por saber nadar más rápido que el contrario.

Y eso que la capacidad de asociación del Espanyol augura control, aunque no siempre eficacia. Es una de esas ideas bohemias, románticas hasta desesperar. De ella participa también el Villarreal, aunque ahora camine sin tanto amor por repartir. El equipo de Garrido ha perdido parte de ese toque cariñoso con el balón. La salida de Carzorla ha dejado solo a Borja Valero a cargo de demasiadas cosas. Dar salida al balón a la par que decidir el último pase requiere recorrer muchos metros. A pesar de que el conjunto amarillo recuperaba ayer a Bruno, la necesidad de apoyar en la salida de balón recayó de nuevo en Valero que perdía aire a cada paso.

ESPANYOL, 0 - VILLARREAL, 0

Espanyol: C. Álvarez, Javi López, Raúl R., H. Moreno, Dídac; S. García, Forlín, Romaric (Baena, M. 77), Dátolo (Weiss, M.49); Verdú y Álvaro (Thievy, M. 73). No utilizados: Casilla, Amat, Rui Fonte y Pandiani.

Villarreal: Diego López, Oriol, Gonzalo, Musacchio, Català, Mario, Hernán Pérez (Joselu, M. 89), Bruno, De Guzmán (Ángel, M. 70), B. Valero y Marco Rubén (Lejeune, M. 89). No utilizados: César, Wakaso, Gerard Bordas y Marcos Gullón.

Árbitro: Fernández Borbalán amonestó a Dídac, Gonzalo, Bruno y expulsó con doble tarjeta amarilla a Forlín

Estadio: Cornellà-El Prat, 23. 417 espectadores.

No es que estuviera sobrado de oxígeno el Espanyol que trataba de convencerse a sí mismo de que con el control del balón llega la recompensa. Con la baja de nuevo de Javi Márquez por lesión, el Mauricio Pochettino decidió cambiar de renglón y abrir el campo con Dátolo, uno de esos extremos de zurda cerrada que hablan con acento argentino. De sus botas salieron los pocos regates del partido. Llegada la hora de encarar pocos son los jugadores blanquiazules que se atrevan a ello. El centro suele ser la primera decisión por encima de lograr la superioridad, algo que merma la capacidad de sorpresa y que tanto agradecen las defensas.

Por detrás, Verdú trataba de encontrar ese espacio por el ver la luz. La omnipresencia de Romaric libera al catalán de doblar la mirada hacia su campo, algo que agradecen jugadores como Álvaro y Sergio García. El marfileño, recién llegado al club, no lleva el brazalete de capitán, pero poco le falta. Su dominio de la situación lo ha convertido en un elemento estabilizador, necesario para calmar los nervios en situaciones desesperadas. Como una de esas en las que de repente te encuentras con un jugador menos. La expulsión de Forlín tras cometer dos faltas tácticas propició la resurrección del Villarreal. Algo más replegado el Espanyol Hernán Pérez superaba con facilidad a su par llegando a plantarse por primera vez enfrente de Cristian Álvarez. Antes del varapalo Pochettino había apostado por la velocidad de Weiss y el oportunismo de Thievy para desatascar un partido que parecía escapársele de las manos. A base de tres saques de esquina en los últimos minutos trató de conseguir el Espanyol un premio que no entiende de urgencias y que terminaría escapando de ambas porterías. Un empate que sabe a poco en Cornellà y que le sirve al Villarreal para olvidar sus penas europeas.

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Gonzalo Rodríguez lucha la pelota con Álvaro Vázquez. / ALEJANDRO GARCÍA (EFE)

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