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Un guion diferente para un mismo final

El Rayo, entre atrevido y temerario, aguanta media hora al Barcelona en el Camp Nou (4-0)

RAMON BESA Barcelona 29 NOV 2011 - 23:27 CET

No perdonó una el Barça, más versátil tácticamente que nunca, contra un Rayo tan atrevido como temerario. A excepción del marcador, ya conocido en el Camp Nou, resultó un partido sorprendente por el juego, por los protagonistas y por la propuesta de Sandoval, que exigió una versión diferente del Barcelona, anoche selectivo y efectivo. Hasta algunos goleadores fueron novedosos. Alexis, el Niño Maravilla, marcó dos, ambos estupendos, por uno de Villa, más necesitado que nunca de aumentar su menguada cuenta (nueve). La única constante siempre es Messi. La Pulga no solo se reencontró con el gol, sino que su regate fue decisivo para desequilibrar la contienda. No hay jugador más inteligente que Messi, también frente a planteamientos que no se saben muy bien si son valientes o anacrónicos.

BARCELONA, 4-RAYO VALLECANO, 0

Barcelona: Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Abidal; Xavi (Thiago, m. 54), Keita, Iniesta (Cesc, m. 55); Alexis (Adriano, m. 71), Messi y Villa. No utilizados: Pinto; Puyol, Busquets y Pedro.

Rayo Vallecano: Cobeño; Botelho, Labaka, Jordi, Arribas, Casado; Lass (Piti, m. 69), Movilla, Javi Fuego (Rafa García, m. 54), Míchel (Tamudo, m. 46); y Michu. No utilizados: Dani; Sueliton, Delibasic y Pacheco.

Goles: 1-0. M. 29. Alexis. 2-0. M. 41. Alexis. 3-0. M. 43 Villa. 4-0. M. 49. Messi.

Árbitro: Pérez Lasa. Amonestó a Lass, Jordi, Arribas, Valdés y Piqué (no podrá jugar contra el Levante).

Camp Nou: 53.775 espectadores. Partido de la 17ª jornada adelantado por la disputa por el Barça del Mundial de clubes.

El Rayo había convertido la contienda en 11 partidos individuales. El mano a mano forastero fue durante media hora efectivo y disuasorio, suficiente para provocar la murmuración del Camp Nou, impaciente con Villa. No se acostumbraba la hinchada a un escenario desconocido y de inferioridad. Apenas tenían la pelota los barcelonistas, presionados de forma intensa e intimidatoria, y resultaba imposible tirar una pared, desmarcarse o dar con el tercer hombre, decisivo para crear situaciones de superioridad. A los azulgrana les resultaba imposible asociarse y combinar, no tenían nunca líneas de pase y difícilmente alcanzaban el área de Cobeño.

Guardiola le dio mil vueltas al partido, hasta el punto de que Alves jugó en tres posiciones diferentes y, sin embargo, no había manera de abatir al Rayo, muy arrimado al marco de Valdés. No pararon los azulgrana, ahora con una defensa de cuatro y después de tres, más tarde con un doble pivote y luego con cuatro puntas. Hasta que se produjo la ruptura de Messi y, previo toque de Xavi, el tiro de Alexis. La definición fue muy bonita por el control, el quiebro y el remate de rosca al palo izquierdo de Cobeño.

Repitió el chileno poco después, de nuevo con Messi y Xavi de intermediarios, y más tarde se apuntó Villa, habilitado por Piqué y el imparable Alves. El asturiano metió el tercero y la afición acabó por corear su nombre después de haberle puesto a caer de un burro. Así de cambiantes son las cosas del fútbol. No varían para nada, en cambio, los asuntos referentes a Messi. Aunque a veces parece fatigado, como ocurrió en Getafe, normalmente marca las diferencias y deja su sello en el marcador. Ayer anotó el cuarto, muy conocido en su repertorio -la mezcla con Alves, el regate a Javi Fuego y el toque cruzado después de atravesar medio campo- y, como es costumbre, aguantó todo el partido. Tiene prohibido que le cambien, incluso en noches como la de ayer, en que el Rayo se empleó con fogosidad ante la permisividad de Pérez Lasa, un colegiado que desquició por igual a los seguidores y a los jugadores barcelonistas.

A Messi le da igual que el partido esté resuelto o que todavía no se haya decidido. Aunque a efectos barcelonistas siempre se discutirá sobre la conveniencia o no de administrar sus esfuerzos, el público agradece siempre que no se sustituya a Messi. No hay jugadas intrascendentes en el catálogo de La Pulga, especialmente a gusto en el Camp Nou, donde lleva ya 15 goles, para un total de 26. El Barça domina igual de bien las áreas de su estadio: ha metido 34 tantos y no ha recibido ninguno.

Resuelto el partido de forma rápida, quedó tiempo para admirar los detalles de Messi y reprobar acciones como la de Piqué, que buscó de manera descarada la tarjeta que le permitirá jugar el clásico después de descansar con el Levante por sanción. Guardiola tuvo tiempo también de refrescar al equipo con los cambios: Iniesta jugó los minutos justos después de su reaparición y no forzó la alineación de Cesc. Al Rayo, un equipo que funciona mejor fuera que en casa, ya le daba igual. En un día de festejos azulgrana, por el aniversario del 5-0 al Madrid y de la fundación (112 años), había tenido su media hora de gloria y se daba por satisfecho. También Messi y el Barça. Aunque el guion y los protagonistas fueron diferentes, el desenlace fue el de siempre.

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Alexis resuelve en la jugada del segundo gol. / DAVID RAMOS (GETTY)

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