Deportes
6º JORNADA DE LA LIGA DE LOS CAMPEONES | VILLARREAL, 0 - NÁPOLES, 2

El ardor del Nápoles es suficiente

El conjunto italiano vence al Villarreal (0-2) y se clasifica para la siguiente ronda europea dos décadas después

JAVIER PÉREZ Vila-real 7 DIC 2011 - 22:56 CET

Como no podía resultar de otra manera, a falta de fútbol, la pasión resultó suficiente al Nápoles para vencer a un Villarreal en un periodo de indefinición, irreconocible en estos momentos, sin nada que le distinga e identifique, carente de alma y de juego, superado de principio a fin en seis encuentros por los tres rivales que le han tocado en la Liga de Campeones y que han destapado sus carencias actuales. Hasta el punto de no lograr ni un mísero punto en una competición demasiado grande para equipos intrascendentes y convirtiendo al conjunto de Garrido en el peor representante español en la historia de la máxima competición continental a nivel de clubes con el formato moderno.

Venció el Nápoles porque le iba la vida en ello, porque necesitaba la victoria para seguir adelante en la Champions, porque lo deseaba de todo corazón. El Villarreal complicó la existencia napolitana con cierto orden y escasa voluntad durante dos tercios del encuentro. Insuficientes argumentos para derrotar el ardor napolitano que deja fuera de la élite al millonario Manchester City.

A pesar de las ausencias de Cani y Borja Valero, Garrido formó un once más reconocible, con Marco Ruben y Nilmar en la delantera, con Senna en el eje. Tiene achaques físicos y 35 años, pero no hay sustituto para Senna en el equipo. Mientras tiene gasolina, ofrece sabiduría y templanza a un grupo que ha perdido el rumbo en los últimos tiempos. Liberado de toda presión, sin nada en juego salvo el apreciado botín de 800.000 euros por la victoria, al equipo de Garrido, cuestionado por la grada, le quedaba el orgullo, la dignidad y justificar su presencia en una Champions para olvidar del conjunto castellonense. Por el contrario, al Nápoles la victoria en El Madrigal le daba el pase a los octavos de final sin tener que atender a lo que ocurriera en Manchester en el encuentro entre el City y el Bayern de Múnich, que terminó finalmente con el triunfo de los citizens.

El poder del Nápoles se concentra en el ataque, con Lavezzi, Hamsik y Cavani, en un equipo con mucha pegada y escasa creación y con una defensa muy rígida. Para lo bueno y lo malo, la tensión del conjunto italiano se trasladó al terreno de juego. La escuadra de Mazzarri mostraba gran empeño carente este de precisión en el inicio y en la finalización de las jugadas, en una primera media hora de partido llena de intención en la que todo sucedía en las cercanías del área de Diego López que no necesitó emplearse a fondo debido a la falta de tacto de los delanteros del Nápoles a los que les costaba encontrar los tres palos de la portería del meta lucense. El Villarreal solo contestó en los primeros minutos en un disparo de Marco Ruben que repelió el palo de De Sanctis, después de que Zúñiga rematara flojo a las manos de Diego López encontrándose solo en el centro del área pequeña.

Las dudas del Nápoles se acrecentaron con las noticias que llegaban de Manchester, con el gol de Silva para el City y el posterior de Yaya Touré. Los nervios en el tapiz del conjunto del sur de Italia se trasladaron al banquillo, hasta que Mazzarri fue expulsado. El técnico napolitano empujó a Nilmar cuando el brasileño salió despedido a la zona técnica. Para entonces el duelo ya tenía tintes dramáticos para los italianos cuya trascendencia le bloqueaba las ideas pero no le hacía menguar en el esfuerzo, mucho más intenso que el del Villarreal. La persistencia napolitana encontró el premio en un disparo lejano de Ilner. Poco después, Hamsik certificaba el pase a octavos de final del apasionado Nápoles, que hacía dos décadas que no pisaba tales terrenos.

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