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La Real vuelve a la Copa

El equipo donostiarra zarandea al Granada con los porteros como protagonistas

La Real y la Copa estaban divorciados. No había disputas ni inquinas, sencillamente no se llevaban bien. Se miraban de soslayo, se evitaban desde que en 1988 se llevara el trofeo aquel equipo de Toshack y a partir de entonces comenzara un camino tortuoso que más parecía un inconveniente del calendario que una oportunidad de éxito. O la Real le perdió el pulso a la Copa o sencillamente la ninguneó. Porque si no no se entiende que en las últimas décadas le hayan pasado por encima equipos como Numancia, Logroñés, Beasain, Hospitalet, Alavés, Zamora o Las Palmas.

El Granada, un equipo presuntamente ordenado, militarista en defensa, equilibrado, le ponía en la frontera de su autoestima. Otro equipo de Primera, es decir, otro coco, teniendo en cuenta que la Real no elimina a un rival de su misma categoría desde 1988 cuando sepultó al Real Madrid (0-4) en el Bernabeu.

Real Sociedad, 4; Granada, 1

Real Sociedad: Zubikarai; Cadamuro, Demidov, González, De la Bella; Elustondo (Rubén Pardo, m. 35), Mariga; Xabi Prieto, Zurutuza (Aranburu, m. 76), Griezmann (Ifrán, m. 67); y Llorente. No utilizados: Ramírez, Agirretxe, Sarpong y Estrada

Granada: Julio Cesar; David Cortés, Pamarot, Lucena, Jorge Ribeiro (Uche, m. 55); Moisés Hurtado, Mikel Rico, Jaime Romero (Jara, m. 55), Mollo (Siqueira, m. 45), Geijo y Dani Benítez. No utilizados: José Juan; Nyom, Boateng e Ighalo.

Goles: 1-0. M. 3. Centro de Cadamuro y gol de Griezmann. 2-0. M. 7. Xabi Prieto tras un barullo en el área. 3-0. M. 63. Xabi Prieto. 3-1. M. 72. Geij. 4-1. M. 90. Ifrán

Árbitro: Ayza Gómez. Amonestó a Mariga.

Unos 18.000 espectadores en Anoeta

Y no le dio muchas vueltas al asunto. Al minuto 3, Griezmann metió el interior de su pie a un centro de Cadamuro para batir a Julio César. Al minuto 7, Xabi Prieto resolvía un barullo en el área para marcarle las distancias a un rival muy apocado. Tanto que los pocos destellos que buscó en la noche donostiarra tropezaron con un magnífico Zubikarai, el portero suplente, el que nunca juega, que sin embargo le sacó tres mano a mano al Granada en sus pocos instintos atrevidos. El último a Geijo, con 2-0, fue magistral, especialmente importante para un portero sin minutos, sin presencia, sin competencia deportiva.

De punta a punta, es decir, de Zubikarai a Griezmann, la Real dominaba el partido, jugando a la contra frente a un rival muy acomplejado, muy distanciado de la competición que exige una intensidad incluso superior a la de la Liga por la poca capacidad de rectificación. Hay poco tiempo para encontrar las llaves. Menos aún cuando Xabi Prieto, apareciendo otra vez por la espalda de la defensa, consiguió el tercer gol tras otra buena jugada de Griezmann.

Se suponía que todo había terminado, que sobraba el partido de vuelta, que el Granada entregaba la cuchara, desarbolado en defensa y el centro del campo e inexistente en ataque. Pues no. El equipo de Fabri tiene alma. No tenía mucho juego, pero el alma era grande. Mikel Rico comenzó a empujar a su equipo a sabiendas de que lo que en Liga es el infierno (3-0) en la Copa es el purgatorio. Un gol te pone en la puerta de salida. Y lo consiguió con el gol de Geijo que fue como sacarle cinco centímetros al cuchillo que le había clavado una muy buena Real Sociedad, al final un tanto acomodada.

Era un toma y daca que dejó sobre todo un bellísimo cabezazo de Ifrán y una estirada de las de antes de Julio César. Fue acto de compañerismo, no entre ellos sino con el fútbol. Nada más bello que cuando dos contendientes hacen las cosas bien. Placer doble para el fútbol.

Pero lo cierto es que a partir de ahí cambió el partido. Cambió la Real que volvió a ser la de después del 88, la habitual, la acomplejada, la acomodada, la sorprendida. Y sobre todo cambió el Granada, que se dejó los complejos en el círculo central y comenzó a acosar a los blanquiazules a base de empeño, de la fe que no tuvo, de la autoestima que dejó en el vestuario.

Se asomaba el segundo gol granadino, porque asomaba el Ganada más que la Real, porque exigía más a Zubikarai que a Julio César, en ese bellísimo duelo de porteros que dejó paradas más sonoras que trascienden a los dieciseisavos de la Copa. Julio César metió una mano a libre directo de Ifrán de los que valen un contrato. Sencillamente espectacular.

Hay partidos que cuando se rompen son más bellos. Y la belleza premió a la Real con un tiro de Ifrán que era el cuarto gol. Y quizás la eliminatoria.