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Burgui & Muni

Iker Muniain firma 100 partidos con solo 19 años en el Athletic a donde llegó aconsejado por Félix Burgui, el ojeador navarro de los rojiblancos que recomendó a Javi Martínez

E. RODRIGÁLVAREZ Bilbao 9 ENE 2012 - 22:20 CET

Félix Burgui es un avistador de talentos. Lo de descubridor puede resultar más prepotente. Pero tiene un olfato especial para desde la valla de los campos donde juegan los chicuelos intuir quién tiene las facultades necesarias para triunfar en el fútbol, concretamente en el Athletic. Su último talismán fue Iker Muniain, un chico bajito, con poco cuajo de futbolista tradicional, al que le vio algo. Muniain sigue batiendo récords: el futbolista más joven en debutar en Primera, el futbolista más joven en marcar un gol en Primera, campeón europeo sub 21 y centenario en el Athletic con 19 años y dos temporadas y media en el equipo rojiblanco.

Muniain fue fichado a la Chantrea, con los informes de Burgui, en plena época hostil de Osasuna con el Athletic. De hecho, a los ojeadores del equipo bilbaíno les echaron de un partido entre Osasuna y Peña Sport para que la directiva navarra salvara la imagen ante su público. Entre medio hubo mucha historia. Burgui había recomendado a Javi Martínez, a San José, a Eguaran para el Athletic tirando de olfato futbolístico. Muniain, navarro de La Chantrea, el barrio más castizo de Pamplona, llegó después de la caja de los truenos. Ajeno, a sus 13 años, a los conflictos que asediaban a dos clubes condenados a entenderse y a pelearse a partes iguales.

El delantero del Chantrea llegó a Bilbao en plena guerra Athletic-Osasuna

Muniain es el penúltimo en salir de Lezama, solo superado por Llorente

Así llegó Muniain, ya centenario en el Athletic, tras el conflicto creado por el fichaje de otro navarro, Ismael López, que no triunfó, pero que laminó las relaciones entre ambos clubes. "Burgui nos dijo que era un futbolista muy rápido que marcaba diferencias. Un argumento que en el futbol es definitivo. Y tiramos para adelante", recuerda Fernando Lamikiz, entonces presidente del Athletic.

El primer problema fue la salida de su casa. "Sus padres temían, lógicamente, que se dispersara y hacían hincapié en la importancia de los estudios. Era muy joven y a cualquiera le preocupa dejar a un chico de 13 años tan lejos de casa", recuerda Lamikiz; "el acierto es que dio con Koldo Asua -entonces en el organigrama de Lezama- como protector de su futuro. Él tranquilizó a sus padres. Había sido tutor en el Colegio de Jesuitas y eso tranquilizó a la familia. En realidad, fue el padre de Muniain en la distancia", recuerda Lamikiz, cuando el muchacho, con desparpajo, llegó a Bilbao, a la residencia de Derio.

Muniain nunca fue un gran estudiante. Entre los libros circulaba siempre un balón al que entendía mejor su recorrido que el que transcurría entre las líneas del libreto. Estaba claro que en su vida predominaba el fútbol, el fútbol de los pequeños avispados, insolentes, espontáneos. Tanto que en el Europeo sub 21 de Dinamarca, Muniain puso a prueba su fe cuando compartía habitación con el entonces futbolista del Barcelona Jeffren. Muniain, tras quitarle el puesto en el primer partido, y no soltarlo en todo en el campeonato, compartió habitación con el futbolista venezolano (con doble pasaporte). Y no contento con eso le permitió que le cortara el pelo, una afición que Jeffren cultiva con pasión. Muniain y De Gea fueron los conejillos de indias. Fueron campeones de Europa. De Gea fichó por el Manchester y Muniain se convirtió en un jerarca del Athletic. El barbero se fue.

Cuando Muniain llegó a Bilbao, Lamikiz no tenía dudas. Antes había vivido una situación extrema con Burgui cuando el ojeador navarro, trabajando en territorio hostil, le recomendó el fichaje de Javi Martínez, un grandullón de Osasuna Promesas, que costaba seis millones de euros. "Haz lo que consideres oportuno, pero con este no te equivocas". Fue su gran y arriesgada apuesta. Y salió bien, aconsejado y animado por Txema Noriega, su consejero deportivo. Así que la apuesta de Muniain vino rodada. Avalada. El chico bajito, con cara de malo, estudiante flojito, licenciado en fútbol, comenzó a demostrar en el Bilbao Athletic que la categoría se le quedaba pequeña. Y Caparrós decidió que su fútbol con 16 años le acreditaba para la élite. Y empezó a batir récords.

Acaba de cumplir 19 años y de firmar 100 partidos con el Athletic. A priori, un contrasentido. José Mari Amorrortu, el primer protector de los jóvenes rojiblancos, tiene una explicación: "Es un chico muy centrado, que vive hasta el extremo su profesión, muy espontáneo en el campo y muy concentrado en su trabajo. Y eso se nota en el campo". De momento ya ha igualado a Llorente en algo: es el último que sale de Lezama junto al goleador internacional para cansancio de sus seguidoras, que son muchas. Tantas que alguna, cansada de esperar, le escribió en la valla del aparcamiento: "Iker, te quiero. Natalia".

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Iker Muniain en un entrenamiento del Athletic en Lezama, / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

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