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“El comunismo era mejor para el deporte”

Onopko, exjugador del Oviedo y del Rayo y segundo entrenador del CSKA, añora el método y las infraestructuras de la URSS

Onopko sigue una sesión del CSKA en enero en Alicante.

“La vida corre y cambia y, si hay dinero, puedes hacer mucho”, dice Viktor Onokpo (Luhansk, Ucrania; 1969), el segundo entrenador del CSKA de Moscú y ex jugador del Oviedo y el Rayo Vallecano, cuando se le pregunta por esa nueva fisonomía de los clubes rusos, repletos ahora de futbolistas extranjeros. Su propio equipo, con 13, es un ejemplo de esa internacionalización. Él creció bajo los métodos de la extinta Unión Soviética y en la cerrazón que empezaba en la vertiente oriental del muro de Berlín.

 “El sistema comunista era mejor para la educación y el deporte”, dice; “los colegios, las escuelas deportivas y las infraestructuras estaban muy bien. Después, cuando cayó la URSS, solo se pensaba en el dinero. Ahora se está volviendo poco a poco a pensar primero en el fútbol y luego en el negocio. Hace falta trabajar más en las categorías inferiores y en cómo formar buenos jugadores como Ignasevich o Akinfeev”.

Este último, portero y capitán, es una de las múltiples y sensibles bajas con las que ha tenido que preparar Leonid Slutski la eliminatoria con el Madrid. Ha acompañado al equipo, pero su presencia tiene que ver más con aspectos anímicos que con una posible reaparición. “Akinfeev se parece a Casillas. Es un líder muy importante. Habla en el vestuario y en el campo. Cuando saben que está detrás, los defensas juegan más tranquilos”, explica Onopko.

"Ahora, poco a poco, se vuelve a pensar primero en el fútbol y luego en el negocio"

Con Ignasevich, que hoy será titular, Onopko desmiente que el CSKA tenga problemas para salir desde atrás con el balón jugado: “Tanto él como Berezutski pueden hacerlo. A mí me gustaba hacerlo, pero hay que ser listo para saber cuándo hay espacio o no para subir. No es difícil, pero hay que pensar como lo hace Piqué, que cuando arranca hace que los centrocampistas contrarios entren en dudas”.

Tan fino de silueta como cuando formaba en el centro de la defensa del Oviedo, Onopko habla con nostalgia de una estructura deportiva y una metodología que desaparecieron con la desintegración del telón de acero. “Antes había solo un país y ahora hay 15. Se cayó todo: las escuelas, los entrenadores… Los técnicos de la URSS eran buenos profesionales. Ahora no hay muchos buenos técnicos ni buenas instalaciones para los niños. Solo las tienen los grandes clubes y las grandes ciudades, pero no es suficiente”.

La Liga rusa se ha convertido en un destino hasta hace poco inimaginable para jugadores de todo el planeta. Existe una corriente importadora nacida al cobijo de los grandes oligarcas del petróleo, el aluminio o el gas. Onopko no es contrario a esas grandes inyecciones monetarias, pero demanda racionalidad: “Como sucedió en España, el nivel del campeonato solo subirá si hay extranjeros de buen nivel”.

En su análisis del fútbol ruso, Onopko toma como base la selección: “Ahora hay menos buenos jugadores rusos porque no funcionan bien las escuelas. En el equipo nacional no hay competencia. Hay una base de 25 jugadores que apenas ha variado en los últimos ocho o diez años. No sé si es bueno o malo que no salgan fuera a jugar. Pero es cierto que lo que cobran ahora en Rusia no lo cobrarían en el extranjero. Cuando yo empecé, ni pensaba que con el fútbol se podía ganar dinero o que acabaría jugando al otro lado del telón”.

Onopko llegó al Oviedo en 1997 de la mano de su entonces presidente, Eugenio Prieto. De su proceso de adaptación recuerda el cable que le tendió en él un viejo conocido de la afición madridista, Dubovsky, fallecido al precipitarse por una catarata en Tailandia mientras tomaba una fotografía: “Era impresionante como persona. Como jugador, tenía un talento descomunal. Le faltó un poco de seriedad. Era como un niño. Pensaba que la vida era muy larga, que era joven y que tendría tiempo para hacerlo todo. Luego, pasó lo que pasó”.

 

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