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Messi saca al Barça de la melancolía

Tras la entrada de Cuenca por Xavi, el cuadro de Guardiola remonta a un gran Levante (1-2) a la contra

Abrió el campo Cuenca, pegado a la cal derecha, y el Barcelona encontró los espacios extraviados en la primera hora. Entró en acción el genio de Messi y derribó en un par de minutos la altísima montaña defensiva del Levante. Gracias a un retoque táctico de Pep Guardiola. La entrada en la segunda parte de Cuenca por Xavi resultó decisiva. El rectángulo se hizo mucho más ancho para el conjunto local. Pero el Barça hubo de emplearse a fondo para superar a un excelente Levante a la contra. Hasta la delicadeza de Iniesta fue necesaria para la última media hora en un escenario querido para los azulgrana, en el que ya habían ganado dos Ligas (2005 y 2011) y en el que no quisieron despedirse de esta.

Levante, 1 - Barcelona, 2

Levante: Munúa; Pedro López, Cabral, Ballesteros, Juanfran; Iborra (Rubén Suárez, m. 88), Xavi Torres; Valdo, Barkero (Juanlu, m. 88), Botelho (Ghezzal, m. 80); y Koné. No utilizados: Navas; Navarro, Farinós y Óscar Serrano.

Barcelona: Valdés; Puyol, Mascherano, Adriano; Busquets, Xavi (Cuenca, m. 47), Cesc, Thiago, Alexis (Alves, m. 75), Messi y Pedro (Iniesta, m. 54). No utilizados: Pinto; Piqué, Montoya y Tello.

Goles: 1-0. M. 23. Barkero, de penalti. 1-1. M. 63. Messi. 1-2. M. 72. Messi, de penalti.

Árbitro: José Antonio Teixeira Vitienes. Amonestó a Busquets, Adriano, Botelho,Iborra, Cabral, Valdo y Juanfran.

Unos 20.000 espectadores en el estadio Ciutàt de Valencia.

Antes, al Barça se le había apagado repentinamente la luz. A la media hora. Pesadez en la circulación del balón, imprecisión en los pases y un ángulo muerto en el extremo izquierdo, donde Thiago no abría el campo como le convenía a su equipo. El Levante estaba a sus anchas, muy compacto en torno al balcón de su área, muy rápido para desplegarse. Feliz la hinchada del Ciutat de València al despedirlo en el descanso. Su equipo iba camino de otra heroicidad. El tanto de Barkero había sumido al cuadro de Guardiola en un estado de melancolía, como si, de pronto, le hubiesen caído encima los puntos de ventaja del Madrid y el cansancio acumulado tras tantas semanas de persecución. Ante un rival tan incómodo y sobre un césped alto y seco, como había pronosticado el suplente Rubén Suárez, la remontada se antojaba una quimera. Ni siquiera los chispazos de Messi parecían capaces de escapar de la maraña granota.

A pesar de que, en los 10 primeros minutos, el Barça había atacado ya de cien maneras distintas y la hinchada local se daba por satisfecha con mantener la portería a cero. Munúa se agigantó y Guardiola observaba desde el banquillo tal superioridad que ni siquiera se molestó a ponerse de pie en la banda. Solo cuando el Levante enseñó los dientes con una contra diseñada por Barkero el técnico azulgrana salió de la cueva.

Para advertir de que se trataba de una ventaja engañosa. No hay equipo más sonriente sin el balón que el Levante. El conjunto de Juan Ignacio Martínez, JIM, sabe sufrir y esperar. A que Valdo reciba un balón largo y salga a toda mecha, propicie un córner, el primero para los granota, y se igualen las fuerzas. El remate de cabeza de Iborra golpeó en la mano de Busquets y Barkero transformó el penalti. Barkero, poco después, regateó de espuela a Adriano y la grada pensó que este zurdo donostiarra es, a los 32 años, un regalo caído del cielo. En pleno estado de excitación, JIM corría por la banda para aplaudir a sus jugadores o enseñarles el pulgar hacia arriba. La desesperación azulgrana se retrató en la entrada por detrás de Adriano a Valdo, doloridos ambos, sancionado el brasileño por la dureza de la acción.

La reacción de Guardiola no podía esperar y ya en el descanso retiró a Xavi para que entrara Cuenca. Se trataba de abrir el campo y, ahora sí, disponer de dos extremos puros: Cuenca por la derecha y Pedro por la izquierda. Poco después entró Iniesta porque el Barça también necesitaba sutileza en el último tramo. Mientras tanto, la destreza de Kone para imponer su enorme potencia en la carrera era una amenaza latente para la zaga azulgrana.

Aprovechando la frescura de Cuenca, el Barça volcó su juego por la derecha. Guardiola calmó a su banquillo para evitar su protesta ante unas presumibles manos de Iborra dentro del área. La retaguardia granota disfrutaba de uno de esos estados de impenetrabilidad hasta que Messi logró su gol número 40: acarició la pelota hacia el poste izquierdo de Munúa tras una pared al borde del área con Alexis. El árbitro seguía en Babia y hubo de avisarle su juez de línea del empujón de Botelho a Cuenca. Messi metió el penalti por una escuadra y el Ciutat de València lo celebró como si fuera el Camp Nou, tal era el número de culés.

 

La Pulga no para

R. ÁLVAREZ

La desesperación empezaba a cundir en las filas del Barcelona. Presionaba con insistencia el equipo en el Ciutat de València. Pero los jugadores azulgrana no lograban superar la tupida y férrea defensa del Levante cuando corría el minuto 63. Fue entonces cuando Messi atrapó el balón en la frontal del área, hizo una pared con Alexis y batió a Munúa con un tiro ajustado al palo. Fue el empate. Pocos minutos después, transformó el penalti por un empujón de Botello a Cuenca. Pep Guardiola había declarado que Messi y Cristiano se retroalimentan. Así fue nuevamente. Marcó Cristiano ante el Sporting en el partido que concluyó poco antes del inicio del que se disputó en Valencia. Y Messi contestó con dos goles. Suma 41 en la Liga, los mismos que el portugués. El duelo será directo el próximo sabado en el Camp Nou.

El delantero argentino lleva diez jornadas seguidas marcando al menos un gol. La racha la inició con cuatro en la goleada del Barça sobre el Valencia (5-1) el pasado 19 de febrero. Ocho días antes se había quedado sin marcar en Pamplona, donde el Barça perdió ante Osasuna su último partido en la Liga (3-2), con goles de Alexis y Tello. Desde entonces, La Pulga suma 18. Iguala de esta forma las mejores rachas de dos grandes artilleros en la historia del Barça. Mariano Martín sumó igualmente 18 en diez partidos consecutivos marcando al menos uno, aunque enlazando el final de la temporada 1942-1943 y el inicio de la siguiente. También anotó al menos un gol en diez jornadas consecutivas Ronaldo, entre las jornadas 30ª y 39ª de la temporada 1996-1997.

Los goles de Messi en el campo en el que el Barça selló los títulos en 2005 y 2011 dieron a su equipo su décimo primera victoria sucesiva en la Liga.

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