Deportes

Un Giro en el paralelo 56

Parte hoy de Dinamarca la ‘corsa rosa’, con los favoritos habituales, Basso y Scarponi

Roman Kreuziger, John Gadret, Michele Scarponi, Ivan Basso, Frank Schleck, Joaquin Rodriguez y Thor Hushovd / Gian Mattia D'Alberto (AP)

Sono in fuga, la canción que Lucio Dalla le dedicó a Marco Pantani, un homenaje al ciclismo y al misterio de la vida y de la naturaleza, será la sintonía que use la RAI para sus programas sobre el Giro, que hoy (15.30, Eurosport) comienza en Dinamarca, rozando el paralelo 56: nunca una gran prueba por etapas había comenzado tan al norte, tan cerca del círculo polar. Este septentrional hecho, que obliga a tremendos desplazamientos en camiones, autobuses y coches a los auxiliares de los equipos, ha cobrado, claro, rápidamente el carácter de acontecimiento.

Recorrido del Giro 2012

Será quizás, la canción, la voz tan peculiar del cantante fallecido hace tan poco, el toque nostálgico que confirme que, sometidas también a las reglas del capitalismo del siglo XXI, las grandes carreras ciclistas, hasta hace nada fábricas de sueños como Hollywood, son ahora, también como la ciudad del cine, una máquina simplificadora de la condición humana que convierte cualquier suceso, feliz o amargo, en espectáculo de consumo rápido, y a ser posible en inglés: sea el recuerdo de la muerte en carrera el año pasado de Wouter Weylandt —el número de su dorsal, el 108, como si fuera el de una estrella retirada de la NBA, no volverá a ser utilizado—, sea la posibilidad de que el jovencito Taylor Phinney, hijo de 21 años de Connie Carpenter, ciclista campeona olímpica, y Davis Phinney, sprinter que ganó etapas en el Tour, consiga hoy la primera maglia rosa en la contrarreloj de 8,7 kilómetros bajo el cielo gris de Herning, el pueblo de Bjarne Riis, en el corazón de la península de Jutlandia.

Por eso, porque el mejor sprinter del mundo, y campeón del mundo también, es inglés, Mark Cavendish, nada menos que la mitad de las etapas en línea, 9 de 18, están dibujadas llanas de principio a fin para que terminen idealmente en llegada masiva. Termina, abruptamente, en Italia la moda de los finales en repecho, que tanto gustaba a los aficionados y a los ciclistas latinos y belgas.

'Purito' Rodríguez, reciente ganador de la Flecha Valona, es la esperanza española

“Si el año pasado solo hubo, y soy generoso, dos etapas para sprinters...”, se regocija feliz Cavendish con su arcoíris ante la perplejidad de gente como el héroe que España envía para luchar contra los gigantes, Purito Rodríguez, el ciclista que se ha hecho grande como rey de los repechos y que pese a todo, pese, también, a su nulidad en las contrarreloj, abrigado por la tremenda fuerza colectiva del Katusha, anuncia que no descarta ganar la corsa rosa.

Pese a la confesada anglofilia, pese a las proclamas de Purito, pese a la amenaza latente del checo Roman Kreuziger, quien ya tiene 26 años y no ha pasado aún del escalón de aspirante; pese a que Johan Bruyneel intente repetir su número Contador, ahora con el luxemburgués Fränk Schleck —el director belga sacó hace cuatro años a Contador de la playa una semana antes del comienzo del Giro que ganó, y este año llamó una semana antes también al hermano mayor, que estaba de vacaciones jugando con su hijo en el parque—, pese a la insistencia de algunos escaladores puros como el francés John Gadret o el venezolano José Rujano, lo que no ha conseguido el nuevo organizador del Giro, el especialista en marketing Michele Acquarone, es evitar que los dos máximos favoritos sean dos italianos de más de 30 años con mucho pasado, Ivan Basso y Michele Scarponi, con un palmarés prácticamente italiano.

La carrera se decidirá en la última semana, en los Alpes, con Giau, Mortirolo y Stelvio

El duelo entre ambos, ciclistas duros, de resistencia pura, se decidirá previsiblemente en la última semana, en los Alpes, donde también se espera algún número de Mikel Nieve, Beñat Intxausti y Rigoberto Urán: el gigante Giau antes de Corina d’Ampezzo el miércoles, Alpe di Pampeago el viernes, Mortirolo y final en el Stelvio de Coppi el sábado y 30 kilómetros contrarreloj el domingo.

Saldrá con el dorsal número uno Scarponi. El líder del Lampre, segundo en el podio de Milán el año pasado, recibió el jueves en Dinamarca la maglia rosa y el trofeo infinito que habían sido de Contador y que el español perdió por su clembuterol en el Tour del 10, y no pudo privarse del tópico: “Lo que me gustaría de verdad es ganarlo en la carretera”.

Después de un invierno crudo y duro, caídas y baja forma, al viejo Basso, ganador en 2006 y 2010 del Giro, el volcánico oxígeno del Teide, donde pasó dos semanas en abril, parece haberle sentado de maravilla (como también al inglés Wiggins, el gran dominador del año y favorito para el Tour, ausente del Giro). “No es mi estilo el de hacer proclamas y no me siento el favorito número uno”, dice. “Solo sé que estoy más motivado que nunca por la maglia rosa. He trabajado duro por este sueño y gastaré hasta la última gota de sudor para conquistarlo”.

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