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“Con Di Stéfano nos pegábamos en los entrenamientos”

Claramunt, histórico del Valencia, habla de Isco y de Pellegrino

Claramunt (d) charla con Baraja en una imagen de 2002.

A Pepe Claramunt es fácil encontrarlo: almuerza a menudo en un selecto restaurante de Puçol, el pueblo donde nació hace 65 años. En la conversación mezcla los recuerdos del futbolista total que fue con la ilusión por las promesas y las novedades que van surgiendo. Dos de ellas están de actualidad por diferentes razones. Claramunt descubrió el talento de un Isco de 14 años y de un Mauricio Pellegrino que hacía sus pinitos de entrenador. A Claramunt lo entrenó uno de los más grandes, Alfredo Di Stéfano, con quien tuvo mucha afinidad. “Haz lo que te dé la gana”, le decía Di Stéfano al 6 del Valencia, que durante un tiempo compaginó el fútbol con el trabajo en la huerta.

Pregunta. ¿Usted descubrió a Isco?

Respuesta. Recomendado por un amigo de Málaga, Iván Aguilar, lo traje al torneo de Tendillo en Montcada y lo fichamos para el Valencia, con 14 años, porque tenía una calidad fuera de lo normal y ya era imprevisible. Muchos desconfiaban por el físico, por su tendencia a engordar, pero tiene una gran inteligencia y me alegro mucho que lo haya convocado Del Bosque. El Valencia miró más la parte económica que la deportiva y lo dejó marchar.

P. Y también le dio la primera oportunidad de entrenar a Mauricio Pellegrino, recién fichado para el banquillo de Mestalla.

R. Él estaba en la escuela de L’Eliana y yo estaba en un trabajo individualizado para los chicos de la escuela del Valencia. Se ofreció a ayudarme. Más tarde hubo una baja en el cadete B y se lo ofrecí. Ya estaba con Xavi Tamarit [que será ahora su segundo en el Valencia]. Era un proyecto experimental en que les di completa libertad para ensayar sistemas y formas de juego. Lo que menos nos importaba era el resultado. Mauricio es un chico recto con ganas de desarrollar ideas y de descubrir. Estás más que preparado tras sus años con Rafa Benítez en el Liverpool.

Muchos desconfiaban de Isco por el físico, pero tiene una gran inteligencia y una calidad fuera de lo normal"

P. ¿Recuerda su debut en el Valencia?

R. En Liga fue contra el Deportivo, en A Coruña (0-1), pero antes debuté en México en una gira, en 1965, y después fuimos a Caracas y me consolidé. El entrenador era Mundo.

P. Marcó 60 goles en 295 partidos en 12 temporadas…

R. 79 goles, una cifra importante para un mediocampista. Yo jugaba también de extremo derecho, izquierdo, de media punta… En el año 75, jugando de medio, fui máximo goleador con 14 empatado con Keita. Yo podía atacar, defender y el uno contra uno lo hacía bien. Tenía habilidad en las dos piernas. Podía jugar en cualquier puesto de medio de campo hacia arriba. He sido internacional hasta de delantero centro, de falso 9 en Suecia. Debuté de interior, por Fidel Uriarte, con Balmañá de seleccionador, en 1968. Jugué hasta de extremo izquierda contra Inglaterra cuando se lesionó Paco Gento.

P. Pero antes pasó por el Saguntino.

R. Cuando acabé juveniles, nos cedían a Tercera. Ese año había muerto mi padre, mi hermano mayor estaba en la mili, y la plaza más cercana, porque tenía que seguir trabajando en el campo, era el Saguntino. Después pasé al Burriana y al Mestalla, en Segunda A. A la huerta iba a cavar, a rascar en los naranjos o a avivar arroz. Había melones, tomates… Así hasta los 19 años, cuando comencé en el Mestalla, que ya era profesional. Y ahora paso todas las tardes yendo al campo, allí no hay problemas. Tengo ocho hanegadas de mi mujer. Me lo arreglo todo, ahora que me he jubilado, y me sirve para hacer ejercicio. Ese es mi gimnasio. Me divierte.

P. ¿Di Stéfano le cambió de posición?

R. Me pone en el medio del campo, como pivote, como la persona de más responsabilidad dentro del equipo, y comienzo a consolidarme. Y Kubala entra en la selección y me consagra en esa posición en compañía de Pirri. Aquí formé pareja con Paquito cuando se fue Roberto Gil, que era más defensivo. Paquito tenía una calidad enorme y podía ir de portería a portería por su zancada. Jugábamos con dos delanteros rápidos, Valdez y Sergio, y muchos centrocampistas. Al contragolpe. Yo tenía mucha libertad y me incorporaba mucho al ataque. Prevalecía el conjunto: un gran portero, Abelardo, y una defensa sensacional: Sol, Antón, Aníbal y Jesús Martínez, de mucha fuerza y recorrido los laterales. Era muy difícil hacernos un gol y nosotros con poco lo hacíamos gracias a un Valdez en vena. Dos años en que fuimos campeones de Liga y subcampeones de Copa, y segundos en la Liga y otra vez subcampeones de Copa.

P. ¿Qué le pedía Di Stéfano?

R. ‘Haz lo que te dé la gana, juega a tu aire. Todo eso, el centro del campo, es para ti’, me decía. El espíritu del equipo era el suyo, él siempre fue un hombre de equipo a pesar de su enorme calidad individual. Jugaba pachangas y nos pegábamos en los entrenamientos porque era un ganador nato. El equipo no se relajaba nunca, siempre estábamos en tensión. Trabajaba mucho en la cantera.

P. ¿Cómo era Keita?

R. Un fuera de serie, pero no colectivamente. En los partidos grandes, con espacios, era un monstruo, pero ante rivales comprometidos, fallaba. Con Jara, interior izquierda, el club se equivocó [al dejarlo ir] porque tenía un gran porvenir. El club tuvo que optar por dos extranjeros y eligió a Repp y a Keita, figuras que podían dar espectáculo.

P. ¿Y Kempes?

R. Cuando lo ficharon, no lo conocían, pero, con su calidad, el gol lo tenía muy fácil. Hacía espectáculo. La afición disfrutaba con ellos, pero no se ganaban títulos.

P. Sí ganó la Copa del Rey de 1979, la Recopa y la Supercopa.

R. Pero el club hizo un gasto horroroso con Kempes, Solsona, Diarte y Bonhoff, extraordinarios, pero vino la quiebra y el descenso a Segunda. Y no poder pagar.

P. ¿Quién fue su ídolo?

R. Velázquez: hacía funcionar al Real Madrid. Aquí, en el Valencia, me fijaba en Ribelles, que era bajito y habilidoso como yo.

P. ¿Vio a Puchades?

R. No lo vi porque se retiró en el 54 y yo no podía, desde el pueblo, ir al fútbol. No tenía recursos. Cuando entré en los juveniles, sí, teníamos pase del Valencia y del Levante, íbamos al Mestalla o a Vallejo. El día que subió el Levante, estuve en el campo cuando ganaron 1-0 al Deportivo. Domínguez, Vanderlei, Serafín… yo iba a fijarme en los jugadores. El fútbol es copiar y aprender de los demás. Veía lo que hacían y después me iba al campo del Puçol y lo practicaba. Tenía facilidad para copiar.

P. ¿Sus padres le ayudaron?

R. No, yo tenía afición. Iba al colegio, San Juan Bautista, delante de la Beneficiencia, desde los siete a los 10, y después al Seminario para ser cura, cuatro años, en Montcada, porque era el único sitio donde estudiar gratis. Tenía dos piscinas grandes, tres campos de fútbol, pero yo no miraba la sotana sino los campos de fútbol. A los 14 me salí y empecé a jugar en el pueblo.

P. ¿Por qué no jugaron un Mundial?

R. Teníamos a Velázquez, Pirri, Marcial, Asensi… entonces solo se clasificaba uno y, en nuestro grupo teníamos a Rusia o a Yugoslavia, que eran enormes y muy potentes. Quedábamos segundos. Katalinski nos marcó el gol de desempate en Alemania, 74, en Francfort y nos dejó fuera. Pegué un balón en el larguero. Llegamos con los mismos puntos y los mismos goles. La selección era potente, aunque anárquica e individualista. Los jugadores del Este tenían graduación militar y mucha disciplina. Y si no ganaban tenían un castigo. España, táctica y físicamente, era un poco inferior. Éramos más de improvisación y habilidad. El jugador salía por generación espontánea. Ahora, el español está educado ahora desde las escuelas y tiene disciplina táctica.

El club hizo un gasto horroroso con Kempes, Solsona, Diarte y Bonhoff, extraordinarios, pero vino la quiebra"

P. ¿Y el Mundial del 78?

R. Ya me retiré, tuve la lesión de la rodilla derecha. Me la operaron y ahora vuelvo a estar cojo, pero ya no me opero. Ya tenía 31 años, acababa contrato y querían darme la baja. El Valencia estaba en puntos negativos, me querían renovar dos años y yo no quise porque la lesión pintaba muy mal. Sin embargo, al final me recuperé y estaba en disposición de jugar. Y lo que más me dolió es que me lo prohibieran. El presidente era Ramos Costa y el entrenador Marcel Domingo. Me dijo que no contaba conmigo, pedí la baja y me dijeron que debía tener un homenaje, pero no me dejaron jugar. El homenaje me llegó 20 años después. Cuando acabó la temporada ficharon a Bonhoff y a Kempes. Yo tenía firmados cinco millones de pesetas de beneficio en el homenaje, pero se olvidaron. Yo me compré un campo en Estivella, les pedí la deuda que me debían, me dieron una letra, me la pagaron porque estaba avalada por don Vicente Tormo, el presidente. Hubo malos entendidos hasta que Paco Roig entró de presidente y me hicieron el homenaje: una selección de jugadores del Levante y del Valencia.

P. ¿Cómo fue su amistad con Iribar?

R. Me ayudó mucho en la selección. Arieta, Uriarte, Chechu Rojo… los vascos y los valencianos nos entendíamos porque la selección estaba más integrada por jugadores del Barça y del Madrid. Somos muy amigos. Al terminar el partido, nos íbamos a cenar.

P. Pero le marcaba muchos goles.

R. Me acuerdo de un 5-1 al Athletic. Como estábamos en la selección siempre juntos, los ensayos de los penaltis los hacía con él, Reina o Sadurní. Siempre lanzaba al mismo lado, a la derecha del portero, mi especialidad. Y ese día era miércoles y el domingo recibíamos al Athletic. Sin decir a nadie, ni al Valencia, pedí la llave del campo del pueblo, fui por la tarde cuando no había nadie, cogí un balón y ensayé solo el penalti al otro lado. Le marqué y empezamos a reírnos porque se la cambié a la izquierda.

P. Años después volvió al Valencia.

Me opuse a que se fuera, Guaita porque es el mejor meta de España"

R. Cuando entró Juan Soler me recuperó. Estuve de director de la escuela dos años y medio. Antes, estuve dos años de técnico en el primer equipo y propuse los fichajes de Cristiano Ronaldo, Drogba, Malouda, Gourcuff… todos los fines de semana me iba a Francia a ver partidos. No los quisieron. Y en la escuela, conseguí que el juvenil fuera campeón de España. Traje a Isco y a Jordi Alba. A Pablo querían darle la baja, pero lo cedí al Onda y le hice un contrato por dos años. Y a Guaita, lo mismo. Me opuse a que se fuera, porque sabía que iba a ser un portero de futuro. Es el mejor portero de España. E Isco ve el fútbol muy fácil, debería haber jugado mucho más en el primer equipo. A Albiol tampoco lo querían renovar y presioné para que lo renovaran.

P. ¿Cómo explica el descenso del Villarreal?

R. En el tramo final no estuvo mentalizado de lo que le podía pasar. Es un club con una infraestructura muy importante y ahora le van a asaltar muchas dudas. Tiene fichas muy altas y debe tomar muchas decisiones para volver a subir a Primera lo antes posible. Cuando estuve en el Villarreal [en 1996], fui a hablar con Jesús Martínez y Paco Roig para que el Valencia nos cediera a algunos jóvenes. Nos los cedieron y nos dieron 50 millones de pesetas: Albelda, Palop, Angulo… porque yo iba a formarle al Valencia jugadores en el Villarreal. Y les pareció bien. Yo estuve allí dos años, antes de que entrara Fernando Roig. Intentamos hacer una infraestructura de Primera. Y una escuela. Y después Roig le dio un impulso. Lo más grande en la vida es la ilusión y si no juega, la matas. Yo jugué desde el primer día hasta el último. Pero no era un fenómeno sino que fui mejorando, me fueron ayudando… la confianza, la ilusión y la ambición. El Barça va a las escuelas y se lleva a los jugadores arriesgando un dinero: se llevaron a Nolito y a Rochina del Valencia por un dinero. Thiago también estuvo probando, pero pedía unas condiciones que el Valencia no estaba dispuesto a pagarle. La gente del club no apuesta por el futuro. Les parece todo caro. Y decide gente que no es de fútbol y solo mira el dinero. Todos los jóvenes quieren ir al Barça porque saben que tendrán oportunidades. Los ojeadores del Valencia no tienen dinero para salir al exterior. Si sale un niño de aquí es un milagro. La diferencia entre las escuelas es abismal: ellos trabajan en un mercado global y el Valencia en uno local.

P. ¿Va al fútbol?

R. El mundo del fútbol es muy complicado: que si los padres, que si los tíos, que por qué no juega…al Puçol sí suelo ir… los sábados y los domingos prefiero quedarme en casa y ver los partidos por la tele.