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Maracanazo del Chelsea en Múnich

El conjunto inglés conquista su primera Liga de Campeones después de imponerse en la tanda de penaltis al Bayern

Drogba bate a Neuer en el penalti decisivo. / Alex Livesey (Getty Images)

Mata no podía parar de llorar mientras se arrodillaba en el suelo ante la enloquecida hinchada blue. Acababa de fallar su penalti, pero su equipo se había proclamado campeón de Europa por primera vez en 107 años de historia. El Chelsea alzó la Copa de Europa después de apenas haber disparado entre los tres palos —un cabezazo de Drogba supuso el empate en el minuto 88— y tras haberse impuesto en la tanda de penaltis gracias a los goles de David Luiz, Lampard, Cole y Drogba. El costamarfileño, a los 34 años, se erigió como el héroe eterno de los blues. Tras nueve años y 800 millones invertidos, Abramóvich, por fin, alcanzaba su sueño. Desolados, los jugadores del Bayern cayeron víctimas del capricho del dios del fútbol anoche vestido en Múnich de azul. De la misma manera que en 2001 le ganó al Valencia en la crueldad de los penaltis, esta vez le tocó perder en su novena final europea. Erraron hasta tres penas máximas: una durante la prórroga, Robben, y dos en la rueda: Olic y Schweinsteiger.

Bayern 1 (3) - Chelsea, 1 (4)

Bayern: Neuer; Lahm, Tymoshchuk, Boateng, Contento; Schweinsteiger, Kroos; Robben, Müller (Van Buyten, m. 86), Ribéry (Olic, m. 97); y Mario Gómez. No utilizados: Butt; Rafinha, Petersen, Usami y Pranjic.

Chelsea: Cech; Bosingwa, David Luiz, Cahill, Ashley Cole; Mikel, Lampard; Kalou (Fernando Torres, m. 84), Mata, Bertrand (Malouda, m. 73); y Drogba. No utilizados: Turnbull; Ferreira, Essien, Sturridge y Oriol Romeu.

Goles: 1-0. M. 83. Müller remata de cabeza en el segundo palo un centro de Kroos. 1-1. M. 88. Drogba, de cabeza tras un córner.

Penaltis (3-4): Lahm, gol. Mata, detiene Neuer. Mario Gómez, gol. David Luiz, gol. Neuer, gol. Lampard, gol. Olic, para Cech. Cole, gol. Schweinsteiger, al palo. Drogba, gol.

Árbitro: Pedro Proença (Portugal). Amonestó a Schweinsteiger, Cole, David Luiz, Drogba y Fernando Torres.

69.900 espectadores en el Allianz Arena de Múnich.

El Bayern sufrió en sus carnes el síndrome del Barça: atacar con todo, toda la noche, para nada. Siempre hubo un cuerpo interpuesto de la defensa de Di Matteo para echar por tierra todo el esfuerzo creativo de los chicos de Heynckes. Schweinsteiger, Kroos y Müller habían asegurado la posesión del balón, pero el desequilibrio debía llegar por las alas. En su emparejamiento con Bosingwa, Ribéry recibió un patadón en los gemelos como señal. El lateral portugués fue disculpado por el paisano Proença. Entre la riqueza táctica del cuadro de Heynckes cabe la posibilidad de que Robben abandone su orilla derecha y se presente a acompañar a Ribéry por la izquierda. La defensa inglesa ya no sabía cuántos zagueros poner para frenarlos.

Toda la obra del Bayern quedó en nada en el primer tiempo porque Mario Gómez estuvo desacertado en los controles y en los remates. E incluso cuando en una maniobra preciosa, una finta con el cuerpo, había tumbado a Cahill en la corona del área, lo estropeó con un disparo a las gradas.

Mata juega a un deporte y la mayoría de sus compañeros a otro. Su control de un balón caído como un meteorito, con la puntera de la bota izquierda, junto a la tribuna del Allianz Arena, provocó los suspiros de admiración de la grada blue. Desde la media punta, Mata jugó un primer periodo casi perfecto, tocando de primeras, abriendo a los costados e iniciando casi todas las contras. Asociándose con el único capaz de devolver una pared, Frank Lampard, puesto que Drogba mostraba su lado más tosco, más predispuesto a chocar que a ninguna otra cosa. Y a saltar en las acciones de estrategia defensivas.

Di Matteo quiso dejar su sello en la final con la sorpresa en el interior izquierdo de Bertrand, el primer caso de un debutante en Champions en una final. El chico, internacional inglés sub 21, solo ha disputado seis partidos en la Premier. Y, como era previsible, se le notó, precipitado en casi todas las acciones con balón, solo preparado para ayudar a Cole ante las subidas de Robben y de Lahm.

Pese a estar lesionado, Mata fue el primero en pedir el balón al final

Jupp Heynckes salió del banquillo maldiciendo en el arranque del segundo periodo. Robben había superado en carrera a David Luiz con suma facilidad, pero su centro se quedó atrapado entre las piernas de Cole. Tan enclaustrado estaba el Chelsea en su campo, que cuando recuperaba la pelota y se la entregaba a Mata, este debía mirar atrás porque no había nadie a quien entregársela. Y como no estaba Ramires, tampoco nadie corría los 100 metros hasta la portería de Cech. ¿Cómo jugar a la contra sin velocidad? Uno de los ayudantes de Di Matteo sacudía su mano izquierda instando a sus jugadores a correr hacia atrás, a defender todos.

Por fin, a uno de los centros templados de Ribéry no llegó Gómez, pero sí al segundo palo Müller, que picó muy hacia abajo. El bote del cuero sorprendió inopinadamente a Cech y la pelota entró tras acariciar el larguero. Solo entonces, en el minuto 82, Di Matteo se atrevió a dar paso a Fernando Torres por un irrelevante Kalou. En la primera intervención del madrileño, provocó un córner al filo del final. El centro de Mata lo cabeceó con tal violencia Drogba que dobló la mano izquierda de Neuer. El costamarfileño se puso a rezar por el milagro de los blues. Y su hinchada, apostada en ese fondo, rugió como merecía. El miedo ahora pululaba por la casa del Bayern.

Los jugadores del Bayern, desolados tras la derrota / JOHN MACDOUGALL (AFP)

Tan tranquilo durante los partidos, Di Matteo fue un torbellino de indicaciones antes de la prórroga. A Heynckes, el rostro enrojecido estaba a punto de estallarle. El tiempo extra arrancó con un excelente cambio de ritmo de Torres y, a continuación, una torpeza defensiva de Drogba, que enganchó por detrás a Ribéry dentro del área. El penalti de Robben lo paró Cech, resarciéndose de su error anterior. Schweinsteiger se había girado para no ver cómo el extremo holandés volvía a fallar otro penalti decisivo, como el de Liga ante el Dortmund. Scwheini no lo sabía entonces, pero estaba destinado a pifiar el penalti decisivo.

¡Qué mirada de Di Matteo a Torres por no bajar a cubrir el interior derecho! El atacante español, cargado de obligaciones defensivas, ya casi ni se atrevió a subir. Pese a un fuerte dolor en el aductor derecho, Mata quiso jugar también la segunda parte de la prórroga. Sus compañeros instaban al técnico a que lo cambiara, porque estaba cojo, pero Di Matteo se negó, sabiendo que es uno de los lanzadores más seguros de penaltis. El Bayern siguió a lo suyo, atacando, mientras Drogba se lanzó al suelo con la vana esperanza de que echaran el balón fuera.

“Yo, el primero”. Pese a estar roto en el aductor de la pierna izquierda, Mata le pidió a Di Matteo lanzar el primer penalti de la tanda. Lo falló y pasó los peores 10 minutos de su vida. Hasta que Drogba le demostró que esta vez el fútbol era extrañamente azul.

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