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La conciencia política alemana

La selección germana denuncia al régimen de Ucrania por su falta de libertades

Merkel charla con Özil en presencia de Wiese y Khedira. / Getty

En caso de llegar a la final, el día 1 de julio en Kiev, el capitán de Alemania no está dispuesto a darle la mano al presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich. Así lo confesó el lateral Philip Lahm a la revista germana Der Spiegel al ser preguntado por esa eventualidad. “Me lo pensaría”, respondió; “la situación de Ucrania no refleja mi visión de la democracia, los derechos humanos, la libertad individual o la de prensa. Cómo trata el régimen a Yulia Timoshenko [ex primera ministra y líder opositora, encarcelada y en huelga de hambre] no tiene nada que ver con mi concepción de la democracia”.

Eso se llama conciencia política y no escurrir el bulto como hicieron, 34 años antes, en el Mundial de Argentina 78, sus antecesores en la Nationalmannschaft. Preguntado por los desaparecidos de la dictadura argentina, el entonces capitán alemán, Berti Vogts, dijo que él no había visto ningún detenido. “Eran otros tiempos”, lo disculpó Lahm; “nosotros tenemos más información”. Y una opinión expresada a pesar de que Alemania disputará toda la primera fase en territorio ucraniano: ante Portugal y Dinamarca en Lviv; y frente a Holanda en Kharkiv.

Los alemanes no escurren el bulto como hicieron, 34 años antes, en el Mundial de Argentina 78, cuando fueron preguntados por los desaparecidos de la dictadura argentina

En efecto, cada uno de los 23 elegidos por el seleccionador, Joachim Löw, para la Eurocopa de Polonia y Ucrania, recibió una carta del presidente de la federación, Wolfang Niederbach, explicándoles qué estaba sucediendo políticamente en Ucrania. “Es un Estado joven que no cumple los estándares de libertad y derechos humanos”, analizó Lahm, convencido de que la Eurocopa podría “aumentar la presión” sobre el gobierno ucraniano para que abriera la mano respecto a los oprimidos. Cada vez que Alemania viaja al extranjero, la federación envía a sus seleccionados informes sobre el fútbol, la sociedad y la política de esos países. “Deporte y política no se pueden separar”, abunda Lahm; “la selección representa valores como tolerancia, justicia e integración. Ya lo demostró en el Mundial de 2006 y en el 2010”.

Un discurso del que se sentiría orgullosa la canciller alemana, Angela Merkel, que ayer por la tarde visitó a la Nationalmannschaft en su refugio montañoso de las afueras de Gdansk. No es fácil acceder a él. La parada más cerca del tranvía te deja a más de media hora andando. Solo los jóvenes polacos hablan inglés. Uno de ellos, fumando en pipa, indica el camino a seguir. Se trata de un lujoso hotel sin cortinas opacas en las habitaciones que eviten la potente entrada de luz matinal (“Aun así he dormido muy bien”, declaró el portero titular, Manuel Neuer), situado en una suave colina laberíntica de campos de entrenamiento rodeados por el zoo de la ciudad y un barrio humilde de casas pobres alegradas por huertecillos en la parte delantera.

Merkel visitó ayer a la Nationalmannschaft en su refugio montañoso de las afueras de Gdansk

Tanto el director deportivo de la federación, Oliver Bierhoff, como Neuer y el central Mertesacker saludaron efusivamente la llegada de la principal autoridad política germana. “Es un verdadero honor”, proclamaron. Merkel también ha sido muy crítica con el régimen de Yanukovich: amenazó incluso con boicotear la participación de su país en el torneo. La Comisión Europea ha anunciado que sus 27 miembros se abstendrán de acudir a ver los partidos en Ucrania para evitar dar legitimidad al régimen.

Mientras, el presidente de la UEFA, el francés Michel Platini, no se ha posicionado. “Tengo curiosidad por saber lo que piensa Platini”, remató, pícaramente, el capitán Lahm.

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