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Nada que ver con el asfalto

El pino siberiano de la pista del velódromo de Manchester y los entrenamientos de uno de los grandes técnicos de la natación australiana, claves en la ‘revolución Wiggins’

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Wiggins celebra su victoria en la final de persecución del Mundial PA Wire

Fue como un himno para un matrimonio. Fue también el anuncio de algo grande que vendría. Fueron Kraftwerk cantando electrónicamente su Tour de France en el velódromo de Manchester abarrotado. En la pista, dando vueltas al óvalo de 250 metros de pino siberiano lijadísimo, como un espejo, el cuarteto de persecución británico; en la pantalla gigante, detrás del cuarteto musical de Düsseldorf, imágenes de Tours antiguos en blanco y negro, Anquetil, sobre todos, su joroba, sus tobillos. Fue el 2 de julio de 2009. Dos días después, comenzó en Mónaco el Tour en el que Bradley Wiggins, hijo más adelantado de la escuela británica de pista, del velódromo de Manchester propiamente, terminó cuarto. Fue el comienzo de la revolución. Días después, David Brailsford, el padre del milagro del ciclismo en pista británico, anunció que con su proyecto Sky en cinco años sería capaz de ganar el Tour con un ciclista británico. Dos años antes de lo previsto, Wiggins está a cinco etapas de conseguirlo, el primer británico de la historia que lo puede hacer. La primera estrella de la pista que da el salto total a la carretera.

Wiggins, Cavendish, Geraint Thomas, Cummings, Swift, Kennaugh… son todos ciclistas surgidos del velódromo de Manchester. Pero antes de la escuela de Manchester, sin embargo, existió Chris Boardman, un inglés campeón olímpico de persecución en Barcelona 92, que en los años 90 quiso ser otro Indurain. “La falta de apoyo me dejó en simple especialista en prólogos”, dice Boardman, quien adelgazó como Wiggins, siete u ocho kilos, para poder pasar la montaña, soñó con ganar el Tour y pasará a la historia por sus récords de la hora conseguidos en el velódromo de Manchester. “Pero no era posible entonces un proyecto como el de Sky. No había dinero ni visionarios como Brailsford”.

Lo que muchos admiradores llaman Ciclismo 2.0 nació allí, cuando Brailsford y la federación británica de ciclismo tuvieron fondos suficientes para contratar a los mejores especialistas en rendimiento, entrenadores, fisiólogos y nutricionistas. Mientras los ciclistas perfeccionaban la eficiencia del golpe de pedal que solo el piñón fijo del velódromo puede proporcionar, la cadencia, la ligereza, los especialistas en rendimiento perfeccionaban su ciencia.

“Hicieron cosas que otra gente ya hacíamos por nuestra cuenta”, afirma Íñigo San Millán, un especialista español establecido en la Universidad de Colorado y que trabajó en el Garmin. “Demostramos que sin dopaje y haciendo las cosas bien y de forma científica se puede llegar a lo más alto”. Y habla San Millán de cómo conocer el nivel de glucógeno muscular o de cómo medir los gramos de grasa y de carbohidratos que un deportista quema cada minuto a distintas intensidades para poder calcular lo que debe comer, así como de análisis de sangre para detectar fatiga y sobreentrenamiento.

Trabajan la fuerza y la velocidad desde el principio de año, por periodización inversa”

Iñigo Mujika, fisiólogo del equipo español de natación

A los 20 años, Wiggins ya era la figura del equipo de pista británico y medallista olímpico. A los 22 se proclamó por primera vez campeón mundial; a los 24, campeón olímpico. “Pero yo siempre soñaba con el Tour”, sostiene el inglés, hijo de un pistard australiano y nacido en Gante, la patria de los Seis Días. “Quería ser ciclista de carretera”.

El éxito del salto, de la revolución 2.0 que vive el Tour 2012 (“somos el ejemplo para todos”, subraya Brailsford), tiene mucho que ver, sin embargo, con una persona que en su vida había entrenado ciclistas hasta que entró en el proyecto Sky.

Se trata de Tim Kerrison, entrenador australiano de natación en Queensland (Kieren Perkins y Grant Hackett fueron productos suyos) que cayó por Londres para ejercer de científico jefe de rendimiento. De allí fue reclutado por Brailsford para el Sky, donde lleva casi dos años dirigiendo los entrenamientos de Wiggins, Froome y los mejores. “Nos entrenamos con métodos de natación”, dijo Wiggins en junio para explicar sus victorias en París-Niza y Romandía, y el dominio de su equipo en el Dauphiné. “Competimos siempre para ganar, no para entrenar, como hacen otros”.

“Se debe referir al concepto que llamamos periodización inversa”, explica Iñigo Mujika, fisiólogo del equipo español de natación que trabajó varios años en Australia, donde conoció a Kerrison. “Este fue uno de los pioneros de la nueva forma de entrenar, que consiste en trabajar la fuerza y la velocidad desde el principio del año, en vez de la escuela tradicional, que hablaba de construir una base en invierno de fondo y poco a poco ir metiendo calidad. Con ello consigue aumentar la capacidad de andar o nadar rápido más tiempo a lo largo del año. Es lo que se llama construir una plataforma de alta forma para todo el año y desde ella se buscan picos de forma óptimos de unos cuantos días o semanas. Incluso estos se aplican ya en algunos equipos de fútbol, que tienen una forma muy alta todo el año y desde allí buscan picos de tiempo determinado para unos cuantos futbolistas cada vez”. Conocido esto, Froome pudo permitirse decir: “A los que duden de nosotros, que vengan a ver cómo entrenamos”.

Cuenta Mujika que tiene sentido la teoría sobre todo con ciclistas veteranos, que ya han construido su base de miles de kilómetros a lo largo de años y años de entrenamiento y competición, pero a Juan Antonio Flecha, corredor del Sky también, no le acaba de convencer. “Ya en enero hacían series de velocidad esta gente”, apunta el ciclista catalán. “Y yo si quisiera podría construirme rápido esa plataforma, pero a mí me gusta disfrutar de la bici, exigiéndome pero no considerando sagrado el plan de entrenamiento de cada día. A mí los planes me los pone otro entrenador, Bobby Julich, que ha sido ciclista y trabaja con su experiencia”.