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El Oviedo es mundial

El riesgo de desaparición del club, que necesitaba casi dos millones de euros, ha movilizado a sus hinchas

Colas en las oficinas del Real Oviedo para suscribir acciones del club. / Pedro Pascual

Un tuit lanzado desde Madrid sobre los apuros de un modesto club de fútbol puede convertirse en un arma poderosa capaz de movilizar a personas de todo el mundo. El 1 de noviembre, Sid Lowe, corresponsal de The Guardianen España, escribía en Twitter un mensaje que caló en muchos de sus 100.000 seguidores: “El club que dio a la Premier League a Cazorla, Michu y Mata está bajo la amenaza de salir del negocio. Por favor, compre acciones. @sosrealoviedo”.

El club, el Real Oviedo, necesitaba antes de hoy 1.905.000 euros para no entrar en causa de disolución. Una empresa complicada en estos tiempos, máxime para un equipo que lleva casi 10 años fuera del circuito profesional, ahora en Segunda B. Pero, una vez más, se ha demostrado que los designios futbolísticos son inescrutables. Una semana después del SOS, a las cuentas del Oviedo llegaron más de 800.000 euros, en gran parte de pequeños inversores que compraron entre una y cuatro acciones, a 10,75 euros cada una. Y el magnate mexicano Carlos Slim ha acabado por salvar al histórico club.

La respuesta de los aficionados ha sorprendido a la propia empresa, pero lo que ha superado todas las previsiones es el calado internacional de la iniciativa. Hasta la semana pasada habían comprado acciones, vía Internet, más de 5.000 personas de 41 países y la página creada por el club para la ampliación (yosoyelrealoviedo) ya había sido traducida a 10 idiomas. Incluso el Madrid anunció que comprará 100.000 euros en acciones.

El corresponsal de ‘The Guardian’ pidió ayuda a sus 100.000 seguidores de Twitter

Las peripecias del Oviedo se han convertido en noticia de interés para medios de todo el mundo con peticiones de entrevistas para canales de televisión como BBC, CNN o ESPN.

El caso de Lowe, ganado por el oviedismo durante su estancia como erasmus en la capital asturiana, es una muestra de lo que supone la globalización y la fuerza de las redes sociales. En el caso del Oviedo la mayor repercusión se ha notado en Inglaterra, un país muy futbolero, ahora entusiasmado con los jugadores españoles, entre ellos los exoviedistas Mata (Chelsea), Cazorla (Arsenal) y Michu (Swansea): “Es como una especie de chantaje emocional para los aficionados de esos equipos. Piensan que el club que les ha permitido disfrutar de esos jugadores no puede desaparecer”.

Al margen de la compra de acciones, las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo e incluso el miércoles pasado, en las gradas de Celtic Park, destacó una pancarta con el lema Save Real Oviedo.

Han comprado acciones del equipo astur más de 5.000 personas de 41 países

De otros países menos identificados con el fútbol, como Estados Unidos, llegan historias como la de Sherrilynn Rawson, seguidora de un modesto equipo de la Major League, el Portland Timbers. Rawson ha conseguido movilizar a los miembros de la peña del club, Timbers Army, que ya han adquirido 200 acciones. “Entiendo lo que es sentir una pasión grande por un equipo pequeño”, explica Rawson, conocedora no solo de los problemas del Oviedo, sino también del decisivo papel de los aficionados en otro momento crítico, hace casi 10 años.

Fue en el verano de 2003 cuando la afición del Oviedo dio el primer paso para evitar la desaparición del club. Tras sufrir dos descensos de golpe, la ciudad que en 1991 festejó su primera clasificación europea se despertó en Tercera. Y eso no sería lo peor. Además de la ruina deportiva y económica, el club, fundado en 1926, sufrió el ataque de su propio Ayuntamiento. El entonces alcalde, Gabino de Lorenzo, vio en la extrema debilidad de la institución la oportunidad de ajustar cuentas con sus dueños.

De Lorenzo decidió que, si uno de los emblemas de la ciudad no podía ser suyo, no sería de nadie. El alcalde dio por muerto al Oviedo e impulsó una alternativa con otro equipo de la ciudad, el Astur. Le cambió el nombre (Oviedo ACF) y los colores (también azul y blanco) y movilizó a sectores empresariales afines para, según explicó, llevar al equipo a Primera en el plazo de tres o cuatro años. De Lorenzo se olvidó de que el balón no rueda al ritmo de los bandos municipales y de que el cariño futbolístico verdadero ni se compra ni se vende. Los aficionados salieron a la calle para defender al Oviedo de toda la vida y obligaron a los dirigentes a seguir adelante.

Si se muere el Oviedo, se muere el fútbol para mí

Marcos, ingeniero en paro

El Oviedo revivió mientras el ACF se diluía en su artificialidad. Esa especie de Fuenteovejuna se difuminó cuando Alberto González, un empresario de la construcción con dudosos antecedentes, se hizo con la mayoría accionarial con el apoyo del Ayuntamiento. En cinco años, González fundió 18 millones de euros en un club que navegó entre Tercera y Segunda B. El año pasado huyó de España bajo la amenaza de una orden de busca y captura por un delito de fraude fiscal.

El nuevo alcalde, Agustín Iglesias Caunedo, buscó una solución a la desesperada y promocionó a la presidencia a Toni Fidalgo, periodista y exdirigente de la Liga de Fútbol Profesional. Desde su entrada en el club, en julio, Fidalgo ha ido de sobresalto en sobresalto hasta concluir que la única salida era una ampliación de capital. Pero, a diferencia de sus antecesores, que recurrieron a artificios financieros para burlar la causa de disolución, habló claro: o se cubría un mínimo de 1.905.000 euros o el club desaparecería.

El mal menor pasaba por la aparición de alguno de esos tiburones que todavía ven en el fútbol una oportunidad para hacer negocio. La posibilidad de que se repitiese la historia de Alberto González no ha frenado la respuesta del oviedismo. Roberto Sánchez Ramos, concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento, lo explicaba el jueves tras dejar su dinero en las oficinas: “El dueño puede ser cualquiera, pero el equipo es de la ciudad. El Oviedo es el único club de España que se ha salvado gracias a la afición”. Entre esos salvadores destacan ahora los jóvenes. Es el caso de Marcos Fuentes, ingeniero en paro, como su amigo Daniel Martín, que hace un par de años acabó Recursos Humanos. “Solo me levanto del asiento con los goles del Oviedo”, explica Fuentes. “Para mí, si se muere el Oviedo, se muere el fútbol”, recalca Martín.

La inversión no tiene más recompensa que la sentimental: no se devolverá el dinero

Abel Bango, a diferencia de sus amigos, sí tiene trabajo, por lo que compró 30 acciones. Es consciente de que “es un dinero a fondo perdido”. El club, o Lowe con sus seguidores en Twitter, nunca ha ocultado que las acciones no tienen más recompensa que la sentimental y que el dinero no se devolverá en caso de desaparición. También lo asumen María Cano, una ovetense de 29 años que se quedó en el paro el pasado lunes, y su amiga Natalia Miranda, enfermera, que apenas han pisado el campo. Lo tienen muy claro. “El Oviedo es como un amigo. Hay que estar ahí para ayudarle cuando lo necesita”, explica Cano tras comprar una acción.

Los trabajadores del Oviedo, que han tenido que ampliar el horario de oficina para atender la avalancha de peticiones, han vivido en los últimos días numerosos casos como estos, de héroes anónimos que agotan la capacidad de sorpresa: el de un parado empeñado en dejar todo lo que tenía, 3,50 euros, sin esperar nada a cambio; el de los abuelos que compran acciones para sus nietos en un guiño al futuro o el de la joven emigrante que, antes de regresar a Londres por una larga temporada, compró 50 acciones.

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