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Tócala de nuevo, ‘Stepanek’

Señalado por Mourinho en la derrota ante el Betis, Özil fue aclamado por el Bernabéu en el derbi

Özil conduce el balón seguido por Tiago observado por Mallenco. / ULY MARTÏN

El lunes pasado el entrenamiento del Madrid se agitó como un árbol en el que se posa una bandada de urracas. La chanza, ingenio de una mente sagaz, prendió como la pólvora en la plantilla. En lugar de llamarse por sus nombres, los jugadores se dirigieron unos a otros empleando la voz Stepanek. “¡Qué pasa, Stepanek!”, saludaban. “¡Pásame el balón, Stepanek!”, pedían. “¡Tócala, Stepanek!”, invitaban. Por un día, todos los jugadores del Madrid fueron Stepanek. Sobre todo, los que habían jugado el sábado en Sevilla contra el Betis. Y en especial, aquellos que se habían sentido señalados por el mánager, José Mourinho, como responsables de la derrota (1-0). Si hubo un hombre que se hizo merecedor del título de Stepanek entre sus compañeros socarrones ese fue el alemán Mesut Özil.

Los futbolistas se sintieron despreciados públicamente cuando Mourinho se negó a explicar la derrota ante el Betis como una consecuencia del cansancio y apuntó a la falta de actitud. “Estamos hablando de profesionales de altísimo nivel”, dijo el mánager en Sevilla, tras el encuentro, “y cuando tienes más fatiga que lo normal debes sacar otras calidades como la fortaleza mental, la ambición, o el espíritu de sacrificio. Cuando veo a un tío de 34 años, que es Stepanek, que se muere para ganar y darle la victoria a su país en la Copa Davis, ¡que no me digan que tíos de 23 o 24 años están cansados!”.

El vestuario ironizó sobre el mánager, que los comparó con el tenista checo

Las fuentes consultadas en el vestuario madridista señalan que, de este modo, Mourinho perjudicó particularmente a Özil. Sustituido por tercera vez en el descanso en esta Liga, cuando el equipo iba perdiendo, el alemán quedó suficientemente marcado ante los aficionados. El discurso posterior del mánager no hizo más que abundar en la exposición pública de un futbolista al que ha colgado el cartel de indolente en más de una oportunidad. Para sobrellevar el disgusto con humor, al regresar de Sevilla los jugadores comenzaron a bromear llamándole —y llamándose— Stepanek. Fue un modo de solidarizarse, en primer lugar, con Özil.

Özil, que siente que ha perdido la confianza del entrenador, responde al desafío con más suficiencia que síntomas de ansiedad. Frente al Atlético apareció en la segunda parte para romper líneas y cerrar el partido con el 2-0. La combinación del desmarque, el control del pase mordido de Cristiano, y el remate de volea acomodando el cuerpo ante el acoso de Suárez, fue un compendio de excelencia técnica. Fue su cuarto gol al Atlético en siete derbis disputados. El Bernabéu lo celebró con entusiasmo. La última vez que el público le había visto en vivo, contra el Dortmund, el alemán convirtió el tanto del empate. Imprescindible para asegurar la clasificación en Champions.

Los futbolistas se sintieron despreciados cuando el técnico se negó a explicar la derrota ante el Betis como una consecuencia del cansancio y apuntó a la falta de actitud

Las razones últimas del desencanto del mánager con el media punta son misteriosas. Mourinho, que pidió su contratación en 2010, asegura que así estimula el rendimiento de un chico díscolo. Pero la mayoría de la plantilla piensa que los orígenes del desencuentro son más personales que industriales. Recuerdan que en la temporada 2010-2011 Özil perteneció al grupo más leal al técnico. Y dicen que ahora Mourinho se siente decepcionado porque el jugador ya no le demuestra su adhesión incondicional.

Sus compañeros indican que, durante un tiempo, Özil se sintió fascinado y protegido por la figura del jefe. Hasta que, hace cosa de un año, comenzó a dar muestras de independencia. Se le vio disgustado cuando lo mandó al banquillo, poco inclinado a dejarse persuadir. Incapaz de comprender por qué nunca le permitía competir con Di María por el puesto de extremo derecha, o por qué la temporada pasada no dejó que prosperase su sociedad con Kaká en la media punta.

Con el tiempo, desengañado, Özil se aproximó al grupo de los escépticos. Trabó amistad con Kaká, un marginado del mánager, con Ramos, el menos dócil de los españoles, con Benzema, un espíritu libre, o con Higuaín, un cascarrabias que suele responder a la autoridad. Cuando quiso darse cuenta, Mourinho le había fichado a un competidor directo, Modric, pagando 40 millones de euros. Tres veces más de lo que había costado él.

El Bernabéu le despidió con una ovación cuando fue sustituido tras el derbi. La afición y la plantilla no tienen dudas: Özil, llamado Stepanek, es el mejor media punta que tienen.

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