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“La culpa es de la lluvia”

Ruth Beitia, retirada en agosto tras los Juegos, anuncia su regreso a la alta competición

Ruth Beitia posa tras recibir el trofeo José Luis Alonso "al atleta español del año". / Alberto Martin (EFE)

Martes, a la hora de la cena. Madrid. Ambiente de entrega del trofeo José Luis Alonso al atleta del año. Sagrario Aguado, pionera del salto de altura, está en una de las mesas contando a los compañeros que su hija le va a hacer abuela y buscando cómplices que le ayuden a organizar en 2013 algún acto para recordar que se cumplirán 50 años entonces de que el franquismo levantara la prohibición de practicar atletismo a las mujeres. En otra mesa, la premiada, Ruth Beitia, 30 años más joven (nació en el 79), la mujer que ha llevado al salto a sus mayores alturas en España (récord de 2,02 metros), la cántabra que justamente el año en que mejor le ha ido (campeona de Europa al aire libre, cuarta en los Juegos de Londres) ha anunciado su retirada.

La noche podría entonces suponer como un primer acto en la transición de atleta en activo a ex, el salto de relatar a los contertulios ambiciones de futuro a contarles anécdotas del pasado. Un paso que no parece estar preparada para dar, pues, como dicen los sabios del atletismo, uno no se retira nunca, a uno lo retiran. Así fue. Tras recibir el premio, esbelta como siempre y de negro riguroso, Beitia se levantó, cogió el micrófono y anunció: “Seguiré”. A su lado, Ramón Torralbo, su entrenador desde hace 22 años, desde que siendo una niña de 10 años saltó 1,29 metros, sonríe feliz bajo su bigote, mientras en la cabeza da vueltas a una planificación que debería llevar a su pupila a los Europeos en pista cubierta en Gotemburgo (Suecia) y en agosto a los Mundiales de Moscú.

Émpezó a practicar patinaje de velocidad, pero el tiempo le llevó de nuevo al gimnasio

“La culpa es de la lluvia”, cuenta luego Beitia con un falso fatalismo, y explica que este otoño empezó a practicar el patinaje de velocidad dando vueltas alrededor del aeropuerto de Parayas, y que se lo tomó tan en serio que en poco tiempo pasó de tardar más de media hora en dar una vuelta a dar dos vueltas en 25 minutos. “Figúrate, ¡15 kilómetros en 25 minutos! Iba como una moto”, dice Beitia, cuya última competición fue el 26 de agosto, su 18º título de campeona de España. “Pero entonces llegaron las lluvias. No podía seguir patinando al aire libre. Quería mantener la forma para ayudar al club participando en algunas competiciones de carreras y vallas, pero no me apetecía ir a un gimnasio, así que acabé volviendo al módulo de saltos, a trabajar con Ramón. Y aquí estoy, con más equilibrio que nunca, en la forma de mi vida”.

Y esas palabras, el anuncio del regreso de una campeona, son una de las mejores noticias que podría recibir el atletismo español, en crisis los últimos años. “Tengo muchas medallas internacionales, pero me habría gustado tener una olímpica”, dice Beitia. “Pero quedé cuarta en Londres y, viendo lo que le ha pasado a Manolo Martínez [el lanzador de peso leonés podría recibir el bronce de los Juegos de Atenas después de que hace unas semanas el COI anunciara que descalificaba por dopaje el campeón, Yuri Bilonoh], ¿quién sabe si dentro de ocho años no descalifican a alguna y me dan a mí el bronce?”.

En otra mesa, se informa de todo José Luis de Carlos, el secretario general de la federación española, quien se acerca a Beitia y le predice: “En Gotemburgo se va a saltar mucho, ¿eh? He estado viendo la pista y la han montado elevada, unos tres metros por encima de la superficie que hay ahora, y eso hará que haya un efecto trampolín muy importante”. Y Beitia, aún no una ex, toma nota mentalmente y empieza a anticipar el momento, a seguir viviendo el atletismo. Y da las gracias a las lluvias.

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