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El laberinto de Florentino Pérez

Al presidente del Madrid le desagrada la idea de destituir a Mourinho que, según su entorno, intenta forzar su salida ● El dirigente cree que supondría el reconocimiento de un grave error

Casillas, abrazado ayer por Butragueño y Guti. / samuel sánchez

“La tensión no es buena”, dijo Florentino Pérez en la comida de Navidad con la prensa, la semana pasada, “y quien la hace no saca rendimiento”. Aseguran en su entorno que, cuando José Mourinho lo escuchó, se puso furioso porque sintió que el presidente cuestionaba su estilo de gestión basado en la agitación, lanzándole a través de los medios el ataque que no se atreve a dirigirle personalmente.

El mánager del Madrid siempre sospechó que nadie le decía la verdad a la cara. Y con razón. La lista de personas dentro del club que han mantenido una línea hablándole con total franqueza es breve: Pedro León, Lass, Carvalho, Cristiano, Zidane y Casillas son muy poca gente. Paradójicamente, Mourinho no mantiene con ninguno de ellos más trato que el estrictamente profesional, si es que existe algún trato. Mourinho, que exige una sinceridad brutal, es incapaz de ocultar su repugnancia por quienes le contradicen. Conocedor de ello, Florentino Pérez le ha manifestado su apoyo con más fuerza cuanto más ha sopesado la posibilidad de destituirle de manera fulminante. En Valdebebas aseguran que, intuitivo por naturaleza, el técnico no se deja engañar. Al revés. Le oyen decir desde hace tiempo cosas que dan que pensar que preferiría no estar en el Madrid, donde ya solo puede perder prestigio y dinero.

La derrota del sábado en Málaga (3-2), con la suplencia de Casillas como escenificación de la desafección total entre mánager y plantilla, añade complejidad a la ya de por sí la laberíntica relación que mantienen Florentino Pérez y Mourinho. A pesar de la gravedad de la situación, el presidente es incapaz de imaginar un futuro nítido sin el hombre alrededor del cual construyó todo su proyecto.

Zidane le sugirió al presidente que Lippi sería un técnico provisional magnífico

Hace un mes que Florentino Pérez emprendió una ronda de consultas entre sus hombres de confianza dentro y fuera del club. Unos consejeros, cada vez menos, le recomendaron que mantuviera a Mourinho a cualquier precio porque de otro modo perdería su gran escudo. Otros asesores, los más conectados con el equipo, le advirtieron de que el tiempo se agotaba y que era preciso tomar medidas drásticas para tener alguna posibilidad de salvar la temporada. Le informaron de que al mánager se le había escapado el control del vestuario y que sería prácticamente imposible conquistar un título si antes no lo destituía. Fuentes próximas al presidente admiten que se vio desbordado por los acontecimientos. “No lo tiene claro”, dicen. La victoria en el derbi le permitió ganar algo de tiempo, pero no demasiado. En el mes transcurrido desde que mastica la decisión, el Madrid ha perdido ante el Betis, el Celta (en Copa) y el Málaga, y ha empatado contra el Espanyol. En Liga la brecha de puntos con el Barcelona ha pasado de ocho a dieciséis y la clasificación para los cuartos de final de la Copa ha quedado comprometida tras el 2-1 en Vigo.

Dos factores han persuadido a Florentino Pérez para no echar a Mourinho en el último mes. El primer motivo de cautela es que, según reflexiona el presidente, la destitución supondría el reconocimiento de un grave error del que él es el máximo responsable. Más que un violento giro en su política deportiva, la destitución significaría que el hombre a quien el propio Florentino Pérez concedió más poder que a ningún entrenador en la historia del club, con prerrogativas que incluso le permitieron alterar drásticamente la imagen que proyectaba una institución centenaria, fue el hombre equivocado. El presidente teme que, tras sus continuadas y vehementes muestras de apoyo, su identificación con Mourinho le exponga al juicio de los socios.

El club ve difícil fichar al italiano, que tiene dos años más de contrato en China

El otro factor que inspira cautela en Florentino Pérez es la indemnización por la rescisión unilateral del contrato, que asciende a 20 millones de euros netos. En el Madrid aseguran que la cantidad está reservada desde hace semanas por si, finalmente, se produce lo inevitable. Los 20 millones de la rescisión se sumarían así a los 20 millones que pagaron al Inter por su fichaje, totalizando gastos por 40 millones. El propio Florentino Pérez observa que esta cantidad es difícilmente justificable por un técnico que solo ganó una Copa y una Liga. El desembolso, además, coincidiría con el vencimiento del segundo plazo del pago de Kaká y Cristiano, pudiendo hipotecar los fichajes del año que viene.

Zinedine Zidane se encuentra entre los colaboradores que han invitado a Florentino Pérez a plantearse la destitución de Mourinho si el equipo no funciona. Algunos de estos asesores sostienen que, aunque suponga el reconocimiento de un error, tomar decisiones es un deber del presidente en momentos de crisis. Le han avisado de que, de no echarlo, lo más probable es que se encuentre en marzo fuera de todas las competiciones y, además, rodeado de abonados que se girarán hacia el palco para acusarle de pusilánime. Un asesor que conoce al vestuario le recordó al presidente que cuando Abramóvich despidió a Mourinho del Chelsea en 2008 el equipo reaccionó alcanzando la final de la Champions. El entrenador de reemplazo fue Avram Grant. Como Toril, casi un desconocido. Irrelevante, en cualquier caso, para estimular a una plantilla que, como ahora ocurre a los jugadores del Madrid, estaba deseosa de demostrar que valía más que su mánager. El presidente sabe desde hace un mes que los futbolistas desean liberarse de Mourinho para poder reivindicarse. Pero desconfía de esta solución.

Según fuentes del club, Zidane le sugirió al presidente que Marcello Lippi sería un técnico provisional magnífico para hacerse cargo del equipo hasta junio. Le avala su don de gentes tanto como su maestría para gestionar eliminatorias a doble partido (ningún otro técnico ha dirigido más finales de Champions). Fascinado ante la posibilidad de dar con la tecla, Florentino Pérez investigó la posibilidad de contratar al italiano con resultados decepcionantes. Lippi es el entrenador mejor pagado del planeta y tiene dos años más de contrato con el Guanghzou chino. Su fichaje es una quimera y los rastreadores del club no descubren otro candidato que ofrezca garantías suficientemente tranquilizadoras para un presidente que no encuentra la salida.

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