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“Mi Kenia conquense”

Arturo Casado, campeón europeo de los 1.500m, se encuentra consigo mismo en Tarancón, después de dos años torcidos

Casado se entrena en Tarancón siguiendo el ritmo que le marcan en bicicleta. / GABRIEL CARRANZA

Arturo Casado, que cumple 30 años en enero, ya se siente con derecho a afirmar: “ya me he formado”. Quizás sea la edad lo que le hace sentirse maduro, o quizás tenga más que ver en ello la calma que ha encontrado en Tarancón (Cuenca), donde vive desde octubre, desde que abandonó Madrid y la rutina de atleta profesional en el Centro de Alto Rendimiento para acompañar a su chica, Fabiana, también atleta, que encontró un trabajo de odontóloga en una clínica de Tarancón. “Es una etapa más tranquila de mi vida”, dice Casado. “Necesitaba estar así”.

“Arturo se ha encontrado al fin consigo mismo”, cuentan sus amigos, que estaban preocupados porque la búsqueda del campeón de Europa de 1.500 metros en 2010 parecía no llevarle más que a callejones sin salida y a contratiempos y lesiones que amenazaban con dejar en nada su carrera atlética. En 2011 su pasión buscó la luz en Kenia, donde se entrenó en la vida espartana de los mejores atletas del mundo. Regresó enfermo, una sombra de sí mismo toda la temporada. En 2012 la necesidad de pureza le llevó a entrenarse descalzo. Una lesión en el pie le impidió correr a gusto todo el año.

“Esta es mi Kenia conquense. Por primera vez en mucho tiempo, no he sufrido contratiempos”, dice Casado, proclamado heredero legítimo de la tradición española del 1.500 cuando se convirtió en campeón europeo sub-23 en 2005 y cuando entró en la final de los Mundiales al aire libre del mismo año (quinto) y 2007 (séptimo). “Mi gran objetivo del año es volver a ser yo mismo en los Mundiales de Moscú, en agosto, pero antes quiero hacer una buena pista cubierta en los Europeos de Gotemburgo: necesito volver a coger el ritmo de competición”.

Un amigo en bicicleta hace de liebre en sus series más duras en la pista de atletismo

Su ritmo de entrenamiento lo marca a distancia desde Madrid su entrenador de toda la vida, Arturo Martín —“ya no necesito que me digan todo o que me estén viendo todo el tiempo”, dice Casado. “Con sus planes y con mis conocimientos lo hacemos perfecto”—, lo ajusta él cotidianamente a las condiciones de su cuerpo y se materializa en la pista de tartán de Tarancón en la figura de su amigo José Antonio pedaleando por delante en una bicicleta a la que él tiene que chupar rueda en las series más exigentes. “En Madrid no me dejaban meter la bici en la pista, pero aquí pedí permiso y me lo concedieron. Es un método ideal para tener buena liebre, pues pone una velocidad fija [24 por hora en las series de un minuto la vuelta de pista; 27 por hora en las que baja a 55s cada 400 metros] que controla por el velocímetro y nunca me falla”, dice Casado, que ha formado alrededor del pedalista y junto a Fabiana un curioso grupo de entrenamiento en el que también entra Santiago de la Torre, el atleta local que le abrió todas las puertas y que le ha enseñado circuitos para correr alrededor del pueblo, entre sembrados y viñedos. Es un grupo sobre todo madrugador, pues como Fabiana y Santiago trabajan deben empezar a entrenarse a las 8.30 de la mañana. “Así el día me cunde mucho más. Es una gozada. Es otra vida”.

Mi gran objetivo del año es volver a ser yo mismo en los Mundiales de Moscú

La noticia es muy buena para el 1.500 español, que pasó en los Juegos de Londres uno de sus momentos más bajos. Jorge González Amo, el responsable de medio fondo en la federación, desgranaba hace nada solo problemas: las lesiones recurrentes en el pubis de Manuel Olmedo, el otro crack de la generación de Casado; el pase de Higuero al 5.000… Y concluía, él, uno de los pioneros del 1.500 en España, que si cada persona es un mundo, un atleta de 1.500 es un mundo y algo más, algo demasiado complicado para intentar entenderlo. Sus esperanzas de futuro se llaman David Bustos, que ha dejado su Mallorca para irse al campo también, como Casado, pero a Cantabria, o Kevin López Yerga, cuando dé el salto desde el 800.

Y ahora, también, el rencontrado Casado, quien, de una manera absolutamente personal e intuitiva, parece haber dado con una de las claves a las que los investigadores del deporte achacan el éxito en los últimos tiempos. Así, la tradición del menosprecio de corte y alabanza de aldea toma la forma de descentralización, de agotamiento de la filosofía de los CAR —el desarraigo de todos los jóvenes de talento de su vida habitual y su concentración en centros especializados de entrenamiento con todos los adelantos y científicos alrededor: la experiencia terminaba degenerando en guetos aislados en la que los atletas acababan creyéndose personas especiales solo rodeadas de gentes como ellos— y de regreso a los orígenes. El nuevo director técnico de la federación, Ramón Cid, un convencido de la importancia del factor humano en el atletismo, suele poner como ejemplo de ello el caso de la triplista Ana Peleteiro, campeona del mundo júnior, que nunca ha salido de su pueblo en A Coruña y de entrenarse con su entrenador de toda la vida.

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