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DOPAJE

Un puente de locos

El trajín de Eufemiano Fuentes el fin de semana de San Isidro de 2006, días antes de la caída de la trama, muestra el cogollo de la Operación Puerto, que comienza a juzgarse mañana

Eufemiano Fuentes, en 2010. / DESIREE MARTIN (AFP)

Casi siete años después, los papeles de la Operación Puerto son ya materia de arqueólogos, estas gentes que alcanzan a veces el éxtasis cuando en su excavación dan con un estrato que les da la clave no solo de lo que ocurrió en esa época sino para interpretar también el significado de las capas inferior y superior, un corte que les da el todo. Así ocurre con los registros de las conversaciones telefónicas de Eufemiano Fuentes con uno de la docena de teléfonos que tenía por entonces, entre el viernes 12 y el lunes 15 de mayo de 2006, un puente de locos, en el que atendió las necesidades sanguíneas de ocho ciclistas y se entrevistó en persona con Manolo Saiz. Una semana después, la Guardia Civil intervendría, una redada en la que se produjo media docena de detenciones y el hallazgo de dos centenares de bolsas de sangre en neveras y congeladores en dos pisos de Madrid. Comenzaba la Operación Puerto contra el dopaje. Mañana arranca el gran juicio.

VIERNES 12 DE MAYO DE 2006

LA SANGRE CONGELADA

Su amigo y socio Ignacio Labarta viaja desde Zaragoza y va a esperar al aeropuerto de Barajas, a la T4, a Eufemiano Fuentes, que llega a las 15.45 de Las Palmas.

A las 16.29, con la llamada que Fuentes efectúa a José Luis Merino Batres, otro socio del negocio, el sabio hematólogo, que está en el coche, camino de Altea, donde va a pasar el puente, se pone en marcha la grabadora policial. No para hasta 72 horas después, 87 folios para el sumario, para la arqueología.

Merino Batres le anuncia, desasosegado, que apenas hay glicerol (un crioprotector que evita que revienten los glóbulos rojos al congelar la sangre) para congelar sangre, ni SAG-Manitol (un conservante que permite que una bolsa aguante sin deteriorarse hasta una semana después de descongelarla, antes de ser reinfundidos los glóbulos rojos). Y que no sabe dónde conseguirlo.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Eufemiano Fuentes; Manolo Saiz; exdirector del ONCE y el Liberty, José Ignacio Labarta, exdirector del Comunitat Valenciana, y Vicente Belda, exdirector del Kelme, cuatro de los seis acusados en la "Operación Puerto" contra el dopaje / EFE

La constatación causa una profunda turbación a Fuentes. El grupo había revolucionado el mercado del dopaje un par de años antes al adquirir dos máquinas Haemonetics ACP-215, que les permitían congelar la sangre (enviarla a Siberia, como ellos dicen en clave) y cuatro meses antes habían invertido casi 7.000 euros en un arcón congelador de lujo para mantener las bolsas a 80 grados bajo cero. La ventaja del congelado era clara: los glóbulos rojos solo aguantaban 21 días conservados en nevera. Eso obligaba a los ciclistas a continuos viajes a Madrid para renovar las existencias y mantener bolsas en buen estado para cuando fuesen necesarias, fundamentalmente en vísperas y durante las grandes vueltas. Con el congelado no había problemas: una bolsa puede durar indefinidamente sin deteriorarse. Con la oferta del congelado (un servicio por el que cargaban 6.000 o 10.000 euros más a cada cliente, deportistas que ya tenían una iguala de entre 50.000 y 70.000 euros anuales, primas por grandes victorias aparte) Fuentes y su gente se hicieron con lo mejor del pelotón del momento: Tyler Hamilton, Jan Ullrich, Ivan Basso…

Fuentes, desesperado, le dice también que no puede esperar al lunes, que necesita las sustancias antes. “He quedado con gente hoy, mañana y pasado para hacer cosas, gente que viene de Italia y de Alemania”, le dice Fuentes a Merino, recriminándole silenciosamente que se hubiera ido de puente y le hubiera dejado tirado el día que más le necesitaba y echándole en cara que ha gastado los productos con los “suyos” —“tus atletis”—, olvidándose de él. “Este fin de semana es el importante. Birillo [Basso, líder en el Giro, el número dos de su lista] ha llamado, que quiere más, y el otro [José Enrique Gutiérrez, segundo clasificado en Italia, el número 12, también llamado Búfalo] también quiere más, y no sé cómo hacerlo”.

Entre ambos, Fuentes desde la llamada pizzería (el apartamento en la calle de Alonso Cano 53, 5ºD, Madrid) y Merino Batres al volante desde la autopista, piensan en voz alta posibles soluciones.

Fuentes le cuenta, además, que aparte de descongelar las bolsas de Basso y Gutiérrez para enviárselas al Giro, también ha citado a otros para practicarles extracciones, por lo que sus necesidades se multiplican. Y también le recuerda que el número 24 estuvo el miércoles con Hugo [Alberto León, el ayudante, quien se suicidó en 2011] y quiere saber si está enviada su bolsa a Siberia. Merino le dice que le puso SAG-Manitol, con lo que aguanta seis días antes de congelar, y Fuentes quiere saber si habrá suficiente glicerol para congelarla. El 24, “el niño”, “el espía del italiano, un clasicómano”, le precisa Fuentes a Merino, de memoria confusa. Y Merino le da un truco para rebañar glicerol, sacarlo y aprovecharlo una vez usado. Ufe añade su propio truco: “Engañar” a la máquina [la ACP-215, la que sustituye el líquido del interior de las células con glicerol], decirle que hay menos sangre de la real para que exija menos glicerol. “No pasa nada”, dice Merino. “Siempre calcula de más”. “Tenemos que probar, porque ese chico ya no viene más, como viene de tan lejos…”, dice Ufe. Según la prensa holandesa ha publicado esta semana, el número 24 —Clasicómano Luigi en clave— se trata de Thomas Dekker, que por entonces tenía 21 años, la gran esperanza del ciclismo holandés, y que se entrenaba en Toscana con el médico italiano Luigi Cecchini.

El grupo habría invertido casi 7.000 euros en un arcón congelador de lujo para mantener las bolsas de sangre a 80 grados bajo cero

En todo caso, continúa Fuentes, a los citados “les puedo recoger la firma [sangre] en documentos normales [bolsas sin congelar] y los vuelvo a citar en tres semanas como hice una vez para renovar el crédito [tres semanas es la vida de la sangre refrigerada: se extraen entonces un par de unidades para congelar y se reinfunden las extraídas tres semanas antes]”. “Voy a dar prioridad a los que están ahora mismo en plena batalla [Giro], y los otros que se vuelvan. Los cité porque me dijiste que no habría problemas con el SAG-Manitol, y ahora…”, le recrimina a Merino. “Me da miedo que no haya para todos. Son siete los que están en guerra [en competición], los que están en pleno proceso y lo necesitan”. Le anuncia que al día siguiente irá el del Huerto al que tiene que entregar los medios polos [bolsas congeladas de media unidad].

20 minutos más tarde, el alivio. Merino le llama de nuevo. Aporta una solución: “En vez de SAG-Manitol, usa suero glucosalino, el que nos dieron del laboratorio militar de Córdoba, que usamos para lavar los cacharros esos”, las ACP-215. “Me has salvado la vida”, le confiesa Ufe. “Pensaba en volverme. Me sentía impotente. ¿Sabes lo que es llegar aquí y ver que no puedes hacer nada? Lo que no entiendo es que no quede nada cuando habíamos hecho un pedido en enero calculando para 50 o 60…”.

Según las fotos tomadas por la Guardia Civil en el descansillo del 5º de Alonso Cano 53, Fuentes y Labarta terminan de trabajar a las 10 de la noche. Por la tarde Fuentes ha seguido hablando por teléfono, entre otros con Vicente Belda, entonces director del Comunidad Valenciana, a quien le recuerda que aún tiene deudas pendientes del Kelme y de “la Unión Deportiva” y con el que queda para verse la semana siguiente en Cataluña, donde el lunes 15 comienza la Volta, “para hablar en persona sobre las fiestas que nos vienen ahora”. Antes de acostarse, envía un SMS a un número italiano preguntando a qué hora aterriza al día siguiente.

SÁBADO 13 DE MAYO

"Birillo está esperando"

La mañana siguiente se despierta con el mensaje respuesta del italiano que le dice que llegará a las 15.30. El primer telefonazo le llega a las dos. Es Ángel Vicioso (corredor del Liberty, número 16). Fuentes y Labarta han dormido en la casa de la madre del primero, en la calle de Caídos de la División Azul 20, y allí cita el médico al ciclista aragonés. “Vente para acá cagando leches”, le dice. “Nosotros hemos terminado, pero está el Bigotes despidiendo al artista. No has coincidido con el otro, ¿no?”. Fotos policiales muestran a esa hora a Labarta (el Bigotes), cargando un cuadro de bicicleta en su coche y a Óscar Sevilla (el artista) haciendo lo propio en su Audi A6. Más citas. Por la tarde, tras intercambio de SMS en inglés, envía al titular de un número de teléfono alemán (Jorg Jaksche. Nombre en código, Bella, número 20), al hotel Puerta de Madrid, y tras conversación en italiano, al que acaba de aterrizar al hotel Convención (el técnico croata Alessandro Kalc, conocido en código como Manos Pequeñas, el correo que debe llevar la sangre al Giro).

Cerca de las cinco, le llama de nuevo, preocupado, Merino. “No he dormido”, le dice Fuentes. “Hoy era el fin de semana más complicado de todo el mes de mayo”. Una vez ha cargado de culpa al socio que se ha ido de puente en unos momentos críticos dejándole sin apenas medios de trabajo, Fuentes continúa machacando. Le dice que está allí Manos Pequeñas, y que no le ha podido preparar nada. “Y Birillo [Basso] está esperando. Qué le digo a Birillo, ¿Que no hay comida? Si estaba previsto desde hace meses que hoy le preparábamos un bocadillo. Al día siguiente se va el carro, está muy lejos, en un sitio imposible de llevarle bocadillos”.

Productos requisados durante la Operación Puerto. / DIARIO AS

Agobiado, Merino Batres le promete que el lunes 15 está de vuelta con algo para sacar los polos (y en el sumario se incorporan certificados de los centros de transfusión de Sevilla y Valencia que atestiguan que enviaron por mensajería urgente botellas de glicerol al hospital de La Princesa a nombre de Merino Batres). La terapia de desahogo la lleva a cabo totalmente, sin embargo, más tarde en una conversación con Labarta, su paño de lágrimas. Con él habla Fuentes de lo lento que va todo, él solo con las dos máquinas por culpa del Obélix (Merino), y de él, de Labarta, recibe buenas noticias de lo mucho que corren sus chicos en el Giro: Birillo (Basso), Búfalo (Gutiérrez), Zapatero (Scarponi), el Uno… A las 23.10, aún enfangado, Fuentes llama a Manos Pequeñas, que le espera en el hotel Convención, y le dice que finalmente ha podido terminar el trabajo (el descongelado para Basso), “que se ha retrasado porque el Viejo [Merino tiene 64 años] le ha engañado”. “Cuando deje los zapatos en un sitio seguro [la sangre en la nevera] voy a buscarte”. La jornada no ha terminado aún de todas maneras para el infatigable Fuentes, quien poco antes de la media noche llama en inglés a Jacksche, quien espera impaciente, aún le cuesta acostumbrarse a que Fuentes llega tarde siempre, en el hotel Puerta de Madrid. “Disculpa por el retraso. Estoy llegando. Ahora te veo”.

DOMINGO 14 DE MAYO

"Solo me falta centrifugar"

Al pobre Fuentes no le dejan tranquilo. Antes de las 10 le saca de la cama uno, al que identifica como Moisés, para quedar por la tarde. “Estoy dormido”, le confiesa Fuentes. “Apenas he dormido. Me acosté a las dos y pico de la mañana” A Manos Pequeñas, con el que había quedado a las 10, le llama a las 10.35 para decirle que en un cuarto de hora le verá en su hotel. Después, a las 13.19, entra en escena otro de sus colaboradores, el médico alemán Markus Choina, quien vía SMS le confirma que ha enviado el paquete con el pedido a casa de Labarta en Zaragoza, y que el precio total son 680 euros (se trata de ampollas de Synacthene, un corticoide, y de Actovegin, bus o EPO de los pobres). Cerca de las siete, el culpable Merino vuelve a llamarle. “Estoy muerto”, le sigue machacando Fuentes. “Estoy en el aeropuerto, que he venido a despedir a Manos Pequeñas, y me voy a acostar, porque no puedo más…”, le dice, y, como para subrayar ahora su gran capacidad para todo (y una confesión que puede poner en duda la profesionalidad con la que han siempre proclamado que actúa su empresa), le vuelve a recordar qué fin de semana era este. “Este fin de semana era importantísimo por Birillo y esos que están donde están (en Italia), esperando… Yo, lo único que agradezco, y de lo que estoy feliz, es que haya aprendido yo a hacerlo, porque si yo no llego a saber hacerlo se quedan colgados todos los que están en ese país. Y mañana, cuando vuelvas, me pillarás aún aquí. He quedado con el impresentable [Manolo Saiz] que nos debe dinero a todos y estaré seguramente intentando con los restos que tengo mandar algún polo para allá, porque hay cinco polos para mandar. Yo voy a engañar a la máquina, y si la cago, la cago yo, no te voy a pedir a ti ningún tipo de responsabilidad. Si sale mal, me jodo, pero nos jodemos todos. Y ahora me voy a la pizzería a recogerlo todo porque lo dejé todo tirado, y me meto en la cama, aunque tengo que esperar a que me llame el gordo ese para quedar”.

Los deportistas pagaban una iguala de entre 50.000 y 70.000 euros anuales, primas por grandes victorias aparte

Pero Manolo Saiz no llama. Fuentes habla con su mujer, a quien también se queja de Merino —“me ha dejado vendido, menos mal que aprendí y lo pude hacer yo todo”—, recibe mensajes de felicitación de un teléfono suizo en italiano y una nueva llamada de Labarta, ante quien se confiesa exaltado por haber logrado sacar todo adelante, los polos para el amigo italiano, haber desjodido un polo que Merino había jodido y hasta salvar otros dos más. Y Labarta le emociona más aún contándole como tiene primero y segundo en el Giro a “un tal Basso y un tal Guti”. De fondo, ronroneo insistente, el transcriptor de la cinta señala: “Se oye vibrar una máquina”. Y a Eufemiano: “Solo me falta centrifugar”. Antes de noticias de Saiz vuelve a recibir a las diez y media otro mensaje del suizo italiano: “Estoy tranquilo, seguimos adelante”. A las 12.34, antes de apagar la luz, envía un SMS a Saiz: “¿A qué hora vienes mañana?”.

LUNES 15 DE MAYO

"Ya me ha llegado el paquetito"

Fuentes le despierta, pasado el mediodía, una llamada de Labarta, con más buenas noticias. “Ya me ha llegado el paquetito que estábamos esperando [el envío de Synacthene y Actovegin de Choina desde Alemania]”. Fuentes le cuenta que ha quedado con Manolo a la una y media, pero que le hará esperar. “No me quiero comprometer a nada con él”, le dice a Labarta. “Solo quiero ver billetes y si no me los da, no hay trato posible [Fuentes cree que Saiz le debe dinero aún del año anterior, en el que llevó al equipo Liberty, en el que Roberto Heras dio positivo en la Vuelta y deshizo el romance]”. Hablan un buen rato de la estrategia para seguir engañando a Saiz, incluso para que nunca sepa a cuántos del Liberty lleva en realidad Fuentes (Scarponi, Serrano, Vicioso, Caruso…) y poder cobrar doble: de los corredores y de Saiz, si logra convencerlo de que lleve a todo el equipo. Pero de Saiz desconfían como de la peste. Termina Fuentes, feliz y alegre de verdad, riéndose del Búfalo. “Me llamó anoche”, dice Fuentes. “Y yo le digo, enhorabuena, macho, me hiciste vibrar, se me puso la piel de gallina y todas esas cosas que digo yo para encantar a las serpientes… Y él, sí, me encuentro muy bien subiendo, y tal, y oye, era para asegurarme de que siguen en pie pues todo, tal, copitas de vino, el folleteo, la titi… le digo, tranquilo, que vas a follar”.

A las dos pasadas, Fuentes parte a la cita con Manolo Saiz en el hotel Pío XII. Antes, ha hablado con Merino, que le confirma, con ruido de fondo de máquinas funcionando, que de Valencia y Sevilla llegarán botellas de glicerol, con lo que tendrán para los “festejos de los que queda de mayo y junio”, y con Alberto León, con quien organiza la logística de la pizzería para los días siguientes. Pasadas las seis de la tarde, le llama Labarta desde la Volta, que ha empezado con un prólogo en Lloret de Mar en el que se impone Cancellara. Antes de que le dé tiempo a decir nada —con un ruido atronador de una máquina de fondo: “no me digas dónde te cojo, que ese ruido no se me va a olvidar”, le dice el amigo, socio y director del Comunidad Valenciana—, Fuentes ataca: “Ya ha vuelto el amigo Obélix [Merino]. Vino pronto, pero yo sé por qué vino pronto, porque tenía los suyos…”. Y del tirón, continúa: “Me llamó el del Huerto [el número 26, el que el sábado había pasado a comprar dos medios polos, dos bolsas]. Llegó 25 segundos tarde a la salida. Perdió 1.05, me dijo, pero llegó 25s tarde, me cago en la mar…” (una crónica de Efe de aquella etapa refleja aquel día que Luis León Sánchez, el murciano líder del Liberty, llegó 25s tarde a la rampa de salida de la Volta en Lloret de Mar, y perdió 1m 13s).

Poco después, Fuentes vuela de regreso a Las Palmas.

23 DE MAYO

La redada

Ocho días después, el 23 de mayo, la Guardia Civil detiene a Manolo Saiz, que lleva una bolsa con Synacthene y un maletín con miles de euros, y a Eufemiano a la salida de una nueva cita en el Pío XII. También detienen a Alberto León, a Merino Batres y a Ignacio Labarta. En el registro de sus pisos en Madrid y en Zaragoza, y de la clínica de análisis clínicos de Merino en la calle de Zurbano, se incautan los agentes de cientos de documentos y calendarios con la programación de competiciones y de dopaje de docenas de clientes de Eufemiano Fuentes desde principios de siglo. También de más de 200 bolsas de sangre y plasma, que se encuentran depositadas en el laboratorio antidopaje de Barcelona.

El juicio por un delito contra la salud por el que se piden dos años de prisión para Fuentes y su hermana Yolanda, Saiz, Belda y Labarta, comienza mañana en Madrid. Merino Batres ha sido absuelto temporalmente por padecer Alzheimer; Alberto León se suicidó hace dos años, pocas semanas después de haber sido detenido de nuevo, en la Operación Galgo. Basso, Scarponi, Caruso, Jacksche y Alejandro Valverde han cumplido por dopaje por su implicación en la Operación Puerto. Jan Ullrich no volvió a correr. La noche del 18 de mayo, Marcos Serrano debió ser trasladado de urgencia y en grave estado a un hospital de Italia. Estuvo unos días entre la vida y la muerte por una enfermedad que nunca se explicó. Tomas Dekker dio positivo poco después. Vicioso y Sevilla siguen corriendo pese a haberse probado su implicación: la justicia deportiva española no sancionó a ningún deportista ya que el juez prohibió el uso de las pruebas para ello. Luis León nunca ha sido formalmente acusado, aunque el viernes, su equipo, el Blanco, mantuvo una reunión con él mostrándole pruebas de que era Huerta y anunciándole que era objeto de investigación.

En el proceso se hablará de dopaje, pero se juzgará la sangre: ¿Es la sangre un medicamento? ¿La forma de hacer las transfusiones y el proceso de almacenamiento y tratamiento de la sangre eran correctos sanitariamente, suponían un peligro para la salud?

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