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El Madrid vuelve a la nada

Sin chispa, falto de ánimo y raquítico de fútbol, el equipo de Mourinho se inclina ante el Granada con un gol en propia puerta de Cristiano

Volvió el Madrid de la nada, el de la Liga, torneo en el que tramita las jornadas con muchas penas y casi ninguna gloria. El Madrid está de Copas, nada más, pese al riesgo que ello conlleva, ya sea por la amenaza del Atlético, que pudiera condenarle a una engorrosa fase previa de la próxima Champions, o ya sea por la pesadumbre y aflicción que produce entre su hinchada ver al Barça fuera de órbita. Su cita con el Granada, para el que la Liga, la permanencia, es un todo mayúsculo, fue desoladora. Sin chispa, falto de ánimo, raquítico de fútbol. A un adversario angustiado por la clasificación, a un rival en plena reconversión —nuevo técnico, tres titulares debutantes, Recio, Aranda y Nolito—, a un contrario que se distinguía por ser el segundo menos goleador del campeonato, le bastó con un córner favorable para martirizar a los madridistas. Y de la forma más inopinada. No por el saque de esquina, suerte futbolera que el Madrid no acostumbra a defender como se debe, sino por el autor del gol: Cristiano Ronaldo, que peinó la pelota hacia Diego López, portero de Copa y portero de Liga, el elegido por ahora. Insólito, el cazador cazado. Su primer tanto como profesional en propia puerta, se apresuraron a difundir los notables estadísticos del fútbol.

Granada, 1 - Real Madrid, 0

Granada: Toño, Nyom, Siqueira, Iñigo López, Mainz, Mikel Rico, Recio, Torje (Juanma Ortiz, m.87), Nolito (Iriney, m.90), Ighalo y Aranda (Buonanotte, m.74). No utilizados: Roberto, B. Gómez, B. Angulo y Brahimi.

Real Madrid: Diego López, Arbeloa, Coentrao (Marcelo, m.65), Varane, Sergio Ramos, Khedira (Callejón, m.46), Xabi Alonso, Modric, Di María, Cristiano e Higuain (Benzema, m.46). No utilizados: Adán, Carvalho, Albiol y Essien.

Goles: 1-0. M.22: Cristiano Ronaldo, en propia puerta.

Árbitro: Mateu Lahoz (Valenciano). Mostró amarilla a Iñigo López, Ighalo, Xabi Alonso, Modric y Marcelo.

22.000 espectadores en Los Cármenes.

Poco o nada más hubo de Cristiano en el primer tiempo, con un tobillo en alerta, síntoma del partido de puntillas del Madrid. El Granada le dejó poco horizonte y el grupo de Mourinho se perdió en el bosque. Le faltó lo habitual, paciencia, más arquitectura. Cuando no puede despegar a la carrera, se atasca. Máxime si se niega los espacios a sí mismo, con demasiados futbolistas por delante del balón como estalactitas, a la espera de un pase al pie. O si ciega una banda, como hizo anoche con la orilla izquierda. A Cristiano le dio por probarse como ariete, muy cerca de Higuaín. No tuvo dictado Coentrão, y menos aún Arbeloa, que también pagó la escasa productividad de Di María. Fue precisamente Arbeloa quien dio origen al gol local. Suele ocurrir, quien más protesta un fuera de juego es quien lo legitima. Eso le ocurrió al lateral, que al menos llegó a tiempo socorrer a su equipo con un córner. La consecuencia, histórica: Ronaldo con el gol al revés.

Con el marcador favorable, el nuevo Granada de Lucas Alcaraz no concedió una contra, apretó el colmillo y se parapetó por delante de Toño, que pasó la noche como Diego López, en la hamaca, salvo en un mano a mano con Callejón en el último tramo. Ni un remate madridista a portería en todo el primer acto. El primero llegó casi a la hora, con un disparo desde fuera del área de Ronaldo. Tan solo algunos fogonazos de Modric ponían picante al encuentro. Insuficiente. Modric juega a una cosa, su equipo a otra. El croata es un futbolista sin prisa; a su alrededor prevalece el vértigo. El segundo tiempo le pasó por encima.

Los blancos no dispararon a puerta en toda la primera parte

Impasible en el banquillo todo el primer trecho, Mourinho tomó nota al descanso. Benzema y Callejón dejaron en la caseta a Higuaín y Khedira. Con el granadino pegado al costado derecho, el Madrid logró dar amplitud a Los Cármenes, una complicación para los rojiblancos, con más territorio que defender. También lo intentó con Marcelo, que no dio peso al carril por el que nunca desfiló Coentrão. Con el nuevo mecano y agobiado por el resultado, el campeón fue algo más intenso. Nada de fútbol, si se entiende por tal un juego de engaños, asociativo, en el que prime la ocupación de los espacios, pero sí mayor empeño.

Sin creatividad ni orden, el Madrid apeló a las individualidades. Se activó un poco Cristiano, para el que nada es banal, tampoco esta Liga perdida, pero no fue suficiente. Ni siquiera ante un oponente de perfil plano, limitado a defender el rancho. Una aventura épica para un equipo que intenta sobrevivir en la gran pasarela tras una mutación invernal. Al contrario, nada nuevo en el Madrid de la Liga, que ha encontrado en Andalucía su calvario particular. Allí perdió con el Sevilla, el Betis, el Málaga y el Granada, que solo había ganado dos partidos en su casa. Y en todos los casos el resultado fue consecuencia del juego, de sus pocas variantes cuando debe remar, donde un día es Ramos el que acaba de delantero centro y otros, como ayer, Varane. Andalucía es la mejor foto de un Madrid liguero entre tinieblas. Y le quedan cuatro meses por delante de suplicio.

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