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Un partido lógico

Málaga y Atlético, los dos equipos menos goleados junto al Madrid, empatan a cero en un partido en el que no escaseó la ambición y en donde se impuso el orden táctico

Isco, rodeado por Filipe Luis, Koke y Godín Ampliar foto
Isco, rodeado por Filipe Luis, Koke y Godín EFE

No es el fútbol un juego muy aliado con la lógica. Es un deporte muy dado a reventar las grandes estadísticas. No fue esta vez el caso. Se enfrentaban los dos equipos menos goleados del campeonato y el partido acabó empatado sin goles. Se impuso el orden táctico de dos de los mejores equipos de la Liga, que en ese sentido rozaron la perfección. Les faltó un último pase, pero ni uno ni otro descubrieron rendijas. El Atlético hizo un ejercicio de reducción favorecido porque el Málaga no jugó con el protagonismo con la pelota que le demanda esa nómina de futbolistas exquisitos que presentó. Sobre todo en el primera mitad. No existió Isco, tampoco Portillo ni Lucas Piazón. Brilló Toulalan, erigido en uno de los mejores mediocentros que pululan por la Liga. Va a todas y rasca casi siempre. Engaña su andar y correr encorvados, que aparentan a un jugador lento en el desplazamiento, pero que tiene un sentido de la colocación extraordinario.

Málaga, 0 - Atlético, 0

Málaga: Caballero; Gámez, Demichelis (Lugano, m. 62), Weligton, Antunes; Toulalan; Portillo, Joaquín (Iturra, m. 66), Lucas Piazón, Isco (Sebas Fernández, m. 72) y Santa Cruz. No utilizados: Kameni; Duda, Pedro Morales y Saviola.

Atlético: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luis; Mario Suárez, Koke; Cebolla Rodríguez (Raúl García, m. 66), Arda; Diego Costa (Adrián, m. 61) y Falcao. No utilizados: Asenjo; Cata, Insua, Saúl, Óliver

Árbitro: Gil Manzano. Amonestó a Juanfran, Weligton, Mario Suárez, Diego Costa, Koke, Toulalan

Unos 27.000 espectadores en La Rosaleda.

Ha coleccionado tanto respeto el Atlético durante el curso que raro es el partido en el que no asume el protagonismo desde su intensidad. Convencido como está de su molde, no acusó en exceso la renovación de su pareja de mediocentros por las bajas de Gabi y Tiago en términos de controlar el centro del campo y de comandar la presión arriba. Sostuvieron bien al equipo Koke y Mario Suárez. No tuvo demasiado peso el Cebolla Rodríguez en la banda derecha en ataque, situado allí para vigilar al atrevido Antunes y para ver si armaba su poderosa pierna izquierda a banda cambiada. Trabajó más que jugó, una dinámica que fue general en cada futbolista que pisó el campo. La intensidad y la no existencia de errores defensivos notables generó que las ocasiones de uno y otro respondieran a situaciones puntuales. Las del Atlético, a disparos desde la frontal de Diego Costa, Arda, el Cebolla o Koke. Las del Málaga nacieron de dos roscas de Joaquín y una de Portillo. La primera del extremo fue a la carrera y Lucas Piazón la dirigió bien con la cabeza, la picó al palo derecho, pero la escasez de potencia le permitió a la envergadura de Courtois blocar el remate sin problemas. La otra curva envenenada que enseñó Joaquín la ganó Demichelis en un córner, raspó la pelota para cruzarla desde el primer palo y Courtois la sacó con la yema de los dedos, en un gesto que no percibió el colegiado. Tuvo Demichelis que lidiar con Diego Costa, en uno de esos duelos entre central y delantero que rememoran otros tiempos. Ninguno de los dos se achantó y los dos fueron sustituidos, quizá para evitar una posible expulsión ante un cuerpo a cuerpo caliente. La rosca de Portillo fue en el segundo tiempo, también a balón parado y Weligton la remató fuera.

Con la paridad reinante, tanto Simeone como Pellegrini menearon los banquillos. Simeone dio entrada a Adrián a la búsqueda de una genialidad en los últimos metros que pudiera cambiar el partido y respondió con la entrada de Raúl García a Pellegrini cuando este quiso que su equipo ganara el centro del campo con Iturra. Nada cambió. La misma intensidad y la misma falta de último pase en las inmediaciones de una y otra área. Creció un punto el Málaga cuando Portillo se entonó, pero no le fue suficiente. No se le puede reprochar ni a un equipo ni a otro falta de ambición. Se anularon desde uno de esos partidos que algunos puristas de la pizarra denominaría el partido perfecto, sin goles ni grandes errores, donde el trabajo colectivo de uno y otro anularon las individualidades.