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Nadal, con sombrero mexicano, tras ganar en Acapulco. / YURI CORTEZ (AFP)

Tremendo el golpe sobre la mesa que ha dado Nadal esta semana en Acapulco, de donde salió victorioso la pasada madrugada tras ganar a Ferrer (6-0 y 6-2). Después de un arranque esperanzador en cuanto a resultados (finalista en Chile, campeón en Brasil), aunque no así en cuanto a sensaciones, sobre todo por las dudas con su rodilla, en la tercera semana se vio la mejor versión n de Rafa de nuevo. Almagro y Ferrer consecutivamente eran un test durísimo, ya que se enfrentaba a dos de los 5 ó 6 mejores jugadores de tierra del mundo. Y qué manera de solventarlo. Para nada pareció que había estado todo ese tiempo apartado de las pistas.

Hay que poner en perspectiva el simple hecho de que Rafa fuera a jugar esa gira estando lejos de su mejor forma. Era un desafío en el que, ante el exterior, tenía mucho que perder y poco que ganar. Me atrevería a decir que incluso para él mismo. No es fácil jugar contra jugadores de los que apenas sabes su nombre, mucho menos como juegan y que solo el hecho de estar enfrente tuyo será digno de ser contado a sus nietos.

Pero ahí se ha visto al Rafa que todos conocemos, ese al que lo mismo le da estar jugando una primera ronda en Viña del Mar o una final de Roland Garros. El arranque fue el esperado por todos los que hemos pasado por esa situación. La paciencia no es la virtud de muchos de los que opinan sobre tenis, comparando rápidamente al Rafa que está con dolor después de siete meses fuera con el Rafa ganador de 11 Grand Slams. Eso es imposible, ya que por mucho que entrenes hay cosas que no se ven, como el ritmo de competición y, sobre todo, la confianza que te da el ganar partidos, que solo lo puedes conseguir en los torneos. A eso hay que añadir el dolor en la rodilla después de las dos primeras semanas, que puede mermar el ánimo del deportista. Yo viví una situación parecida en el 99 con una fractura por estrés en una vértebra. Tardé más de seis meses en volver a competir, pero más de un año en jugar sin dolor. El desánimo es evidente, pero si consigues superar ese periodo, te haces más fuerte y eres mejor jugador.

El panorama actual es muy distinto del de hace tres semanas. Calmado el dolor, y con la confianza por las nubes, es normal tomarse el calendario semana a semana. De momento, como confirmó él mismo, jugará en Indian Wells. El cambio va a ser grande, contando con que hace 11 meses que no compite en pista dura. Más allá de los resultados, sería un éxito que terminara este periplo sin apenas dolor, lo que le haría confiar de nuevo en su rodilla y hacerle sentirse jugador de nuevo.

Tenía pocas dudas de que volveríamos a ver al mejor Rafa, incluso después de perder la final contra Zeballos en Viña del Mar, pero después de su exhibición de los últimos días, creo que se han disipado completamente. Rafa ha vuelto y los amantes del tenis, esos a los que nos faltaba algo estos siete meses, lo agradecemos.

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