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Freire celebra el triunfo de su tercera Milán-San Remo. / ALESSANDRO GAROFALO (REUTERS)

Retirado en Suiza con su mujer y sus dos chavales, Óscar Freire (Torrelavega, 1976) lleva una vida de jubilado rico, con excursiones de fin de semana a estaciones de esquí y poca bicicleta, tan poca que la mirada que echa sobre el ciclismo que ha dejado hace nada es cualquier cosa menos nostálgica. Ni siquiera el olor de la Milán-San Remo (se corre hoy), su carrera del alma, la que le hizo tres veces campeón del mundo de primavera, le han hecho arrepentirse. Y mucho menos la interminable historia del dopaje. “He sido un caso excepcional”, dice un español que ganó su primer Mundial a los 23 años, y bien se puede decir que en efecto, excepcional para todo.

Pregunta. ¿No echa de menos España, su Torrelavega?

Respuesta. Nos quedan al menos dos años más de vivir en Suiza. Vinimos solo para dos y llevamos ya 10. Aquí está ya parte de nuestra vida. Los niños son más suizos que nada, tienen aquí su escuela y sus amigos. Y mi mujer quiere también quedarse a vivir en Suiza. Aquí se vive bien. Con dinero, por supuesto, porque es un país caro. Es Suiza, que por algo se llama Suiza…

P. ¿Y tampoco le queda un poco de nostalgia?

R. No sigo nada el ciclismo. No me entero de casi nada. He estado fuera del ciclismo completamente, salvo a alguna fiesta que he ido porque me han llamado. No tengo nostalgia. No. Disfruto la bici de otra manera, sin objetivos ni nada. Desde que dejé la bici la habré cogido tres o cuatro veces.

P. ¿Y no huele ya a San Remo? ¿No le entran ganas de volver?

R. Viendo la Tirreno por la tele, un poco, quizás sí. Pero enseguida se me quitan las ganas porque todo me recuerda lo complicado que es estar bien. Por la tele todo parece más fácil, pero yo sé todo lo que se sufre para estar bien en la San Remo. Y aunque a lo mejor la San Remo se corre con buen tiempo [lo que no parece que ocurra este año: se anuncia nieve en el oscuro Turchino], y a todo el mundo por la tele todo le parece muy bonito, el ciclista sabe lo duro que ha sido llegar bien ahí, y todo lo que pasa por las piernas.

“Sagan es mi favorito para la San Remo. Ya habría ganado el año pasado sin Nibali”

P. Tampoco podrá hacer entonces un pronóstico…

R. Eso sí. Sagan es el máximo favorito. El año pasado ya habría ganado si no llega a ser por Nibali, que estaba entonces en su equipo. También me han hablado mucho de Moreno Moser. Su propio tío, Francesco, me estuvo contando en una fiesta que su sobrino era muy bueno.

P. Solo habla de jóvenes…

R. En el ciclismo, los jóvenes tienen cada vez más oportunidades de brillar más, y son capaces de jugársela sin miedo, de correr todo tipo de riesgos hasta en las carreras más tontas. Llegadas las carreras importantes, sin embargo, los viejos que aún tengan ganas y estén bien de cabeza tienen ventaja, porque en ellas también arriesgan y se lo ponen más difícil a los jóvenes. Así que no se puede descartar que Gilbert o Petacchi o Boonen, que aunque hayan pasado ya sus años mejores, cuentan con mucha experiencia, estén en el sprint final. Y más si hay viento o lluvia, que cambian la carrera. Pero antes, con pocos años no se ganaba.

P. ¿Y usted, campeón del mundo a los 23 años?

R. Yo fui un caso excepcional. Ahora hay muchos jóvenes de 23-24 años que ganan carreras importantes, pero que acaban antes de ganar, el relevo es más rápido.

P. ¿Tiene miedo a que las confesiones de sus excompañeros de Rabobank afecten a su imagen?

R. La gente puede sospechar de todo el mundo, eso no es novedad. La mayor parte de los que hablan ahora lo hacen porque son ciclistas frustrados que no han podido ganar sin trampas, o que incluso haciéndolas tampoco han ganado. Dicen para justificarse que todos los ciclistas estábamos igual, pero no es así el ciclismo. Hay corredores limpios, los ha habido y los seguirá habiendo. Ni yo mismo podía haberme imaginado lo que pasaba. Si uno dice algo solo puede hablar por sí mismo, no por lo demás, solo puede decir lo que sabe por sí mismo no por lo que oye o lo que le dicen. Siempre nos han juzgado a otros sin pruebas y sin saber nada, y se tienen que juzgar solo a sí mismos, no a los demás. Y también lo podían haber dicho antes.

“—¿Se ha dopado alguna vez?

—No, no, no… Pero esa es una pregunta tonta...”

P. ¿Pero usted no vio nunca nada en un equipo en el que estuvo nueve años, de 2003 a 2011?

R. Yo nunca vi nada raro en el Rabobank. Al contrario. Los dirigentes del equipo querían seguir adelante, y lo demostraron, por ejemplo, pese a que querían triunfos, echando a Dekker, la gran promesa, por sospechoso y por no seguir las normas. Y poco después dio positivo. ¿Por qué habla ahora mal del Rabobank si era él mismo el que no seguía las normas del equipo? El equipo siempre ha estado en contra del dopaje. Te pueden ofrecer o no. Si les ofrecen los que aceptan son los responsables. Si digo que sí soy yo el responsable, el que decide. Todo el mundo habla ahora cuando ya no se puede solucionar nada. El problema eran los métodos de detección, que no eran lo suficientemente eficaces. Habría que echar la culpa no solo a los corredores, que son los más culpables, sino también a los que hacían los controles, que han hecho el tonto.

P. ¿A usted le ofrecieron doparse?

R. En los equipos en los que estado los doctores nunca me ofrecieron. Yo he intentado seguir siempre las normas del equipo, y si uno lo intenta al final lo puede conseguir, como yo. Otros tenían médico aparte, pero yo siempre he estado con los del equipo, y no con uno en particular.

P. ¿Se ha dopado alguna vez?

R. No, no, no… Pero es una pregunta tonta. Puedo responder sí o no y la gente puede pensar lo que quiera de lo que diga, me pueden creer o no. Yo siempre he hecho lo posible para dar el máximo y me he llevado muchas decepciones con el ciclismo y con algunos ciclistas en ese sentido, pero también grandes alegrías. Y no me he dopado.

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