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Al mejor equipo le falta plantilla

El Barcelona necesita aumentar la importancia de los secundarios, que no le disputan el puesto a los titulares

Ni Cesc ni Thiago progresan respecto a 2012, hay dudas sobre Alexis, y Song es hoy comparable a Bartra o Montoya

Alexis mantiene el balón ante Matuidi y Silva. / frank fife (AFP)

El Barcelona ha alcanzado la cima del mundo del fútbol en el último lustro a partir de un mismo equipo liderado por Messi. Los protagonistas de la remontada contra el Milan (12 de marzo de 2013), partido que pasa por ser de momento la obra cumbre del plantel de Tito Vilanova, fueron los mismos que ganaron la última Liga de Campeones en Wembley (28 de mayo de 2011) con la excepción de Jordi Alba, sustituto de Abidal. La alineación que derrotó al Manchester United en Londres es prácticamente idéntica también a la que goleó por 5-0 al Madrid de Mourinho en el Camp Nou (29 de noviembre de 2010): la única novedad fue la presencia de Mascherano por Puyol.

No hubo dudas sobre los centrocampistas titulares (Xavi-Busquets-Iniesta) ni tampoco con los delanteros (Pedro-Messi-Villa). Acaso varió uno de los centrales o de los laterales por sanción o momento de forma (Puyol, Mascherano, Abidal, Alba). A partir de una alineación muy estable, el reinado de Messi ha superado de largo al de Ronaldinho, ganador de dos Ligas y de una Copa de Europa en París. Al Gaucho le faltó continuidad en el Barça y Guardiola se entregó al 10 argentino después de conquistar Roma en 2009 con Henry y Eto’o, de nuevo ante el Manchester United. No funcionó después el encaje de Ibra y volvió sobre sus pasos el Barcelona.

Guardiola no dio con la alineación la temporada pasada en el clásico de Liga disputado en el Camp Nou ni en la vuelta de las semifinales de la Champions con el Chelsea. Abatido y desgastado, se tomó un año sabático en Nueva York y la próxima temporada entrenará al Bayern Múnich. Queda como recuerdo su insistencia por recuperar a los extremos (Cuenca y Tello) y dar cancha a los medios. Quizá uno de sus últimos mejores recuerdos sea la final del Mundial de clubes que le ganó por 4-0 al Santos de Neymar (18 de diciembre de 2011) con un once plagado de centrocampistas por la lesión de Villa: Valdés; Puyol, Piqué, Abidal; Alves, Busquets, Xavi, Thiago; Iniesta, Cesc y Messi.

Hay síntomas que anuncian la necesidad de tomar decisiones sobre el once clásico: Valdés ha decidido no continuar, las lesiones martirizan a Puyol, Xavi tiene que regular sus esfuerzos y basta con que se lesione Messi para advertir la fragilidad emocional del barcelonismo

Tanto Cesc como Thiago se presentaban aparentemente como la mejor alternativa para refrescar la formación y mantener la tensión de juego. La fórmula, sin embargo, no acabó de funcionar, ni siquiera desplegando al equipo a partir del 3-4-3, con solo tres defensas y cuatro medios, y Guardiola claudicó después de la eliminación de la Champions. Vilanova optó por recuperar el clásico dibujo de Cruyff, 4-3-3, y va camino de ganar la Liga con diez futbolistas. Aunque durante un tiempo dio cabida a Iniesta como extremo, el técnico ha preferido sacrificar a Cesc y recuperar últimamente a Villa. Ahora solo queda una plaza por adjudicar en cada jornada, aunque inicialmente pertenece a Pedro.

La fotografía del equipo ideal de Vilanova es prácticamente calcada a la de la final de Wembley cuando compartía el banquillo con Guardiola. Ocurre que las muchas lesiones y la fatiga acumulada condicionan el rendimiento del equipo en el tramo final de la presente temporada al tiempo que obligan a preguntarse por su continuidad a corto plazo. No es fácil encontrar sustitutos para los titulares porque las rotaciones han sido muy escasas. Los suplentes han dispuesto de pocos minutos de calidad y ahora deben afrontar retos mayúsculos como el de enfrentar al PSG en la vuelta de las semifinales de la Champions. La coyuntura invita a preguntar por la competitividad del Barça.

Aunque el Barça dispone de un excelente equipo, la sensación es que no tiene plantilla, sino que dispone de una excesiva nómina de futbolistas sin un rol muy definido. Tanto da que sean jugadores de la cantera como fichajes. Song es hoy comparable a Bartra o Montoya; ni Cesc ni Thiago parecen progresar respecto al año pasado; hay serias dudas sobre Alexis y no siempre funciona Villa. Justo cuando todavía no se ha producido el relevo de los titulares, la hinchada del Miniestadi pide ya una oportunidad para Deulofeu, Rafinha o Sergi Roberto, los más destacados del filial.

La fotografía del equipo ideal de Vilanova es prácticamente calcada a la de la final de Wembley cuando compartía el banquillo con Guardiola

Aunque dispone seguramente de la mejor materia prima futbolística, al Barça no le está resultando nada fácil gestionar el talento, decidir los momentos de salida y entrada de jugadores, saber qué futbolistas debe incorporar y convencer a los chicos de la cantera de que el fin no es tener ficha del primer equipo sino jugar a fútbol. No se han cubierto del todo las salidas de Yaya Touré o Keita, que partieron por la falta de minutos; hay temor a equivocarse en los fichajes, después de malas experiencias como las vividas con Afellay, Chigrinski, Cáceres, Ibrahimovic o Hleb; y no todos los jóvenes del B sirven para jugar en el Camp Nou.

Hay síntomas que anuncian la necesidad de tomar decisiones sobre el once clásico: Valdés ha decidido no continuar, las lesiones martirizan a Puyol, Xavi tiene que regular sus esfuerzos y basta con que se lesione Messi para advertir la fragilidad emocional del barcelonismo: 57 goles lleva el 10 por 31 los demás delanteros. Y, por otra parte, se precisa aumentar la importancia de los secundarios, ahora mal llamados suplentes, porque no le disputan el puesto a los titulares. La inercia de unos y la resignación de los otros es contraria a una competitividad que para nada va contra el estilo y los valores del club, hoy día más aplaudidos que nunca en el mundo del fútbol.

El mérito del Barça es enorme porque desde la adversidad y la precariedad, expresadas en la partida de Guardiola y en la enfermedad de su sustituto Vilanova, aspira a cantar el alirón en la Liga. El reto inmediato es ahora alcanzar por sexta vez consecutiva las semifinales de la Champions. Ambos son objetivos todavía asequibles con el actual plantel. El resultado final, sin embargo, no eximirá al club de tomar grandes decisiones a final de temporada para intentar renovar el reinado de Messi. Habrá un día en que no alcanzará solo con vivir de Wembley.

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