Champions League 2013-2014

Philipp Lahm, durante el entrenamiento de ayer. / CHRISTOF STACHE (AFP)

Javi Martínez dice que, por su manera de ser, Philipp Lahm le recuerda mucho al que fuera su capitán en el Athletic, el también lateral Andoni Iraola. “Tengo mucha suerte de jugar a su lado, de que sea mi capitán. Philipp es un ejemplo para todos. Siempre podré presumir de haber jugado con él. Para mí es uno de los mejores laterales del mundo, con una experiencia tremenda”. Para Jupp Heynckes, el capitán del Bayern Múnich y de la selección alemana es, como jugador y persona, “extraordinario”. Lo tiene claro el veterano entrenador: “De alguna forma puede decirse que es el estandarte del Bayern, una persona muy arraigada. No me puedo imaginar el club sin él. Lahm ha contribuido a definir a esta entidad”, sostiene. “Es un gran capitán. Como futbolista le conocemos todos, ¿no? Si un jugador se le parece, seguramente sería Alba”, asegura Ribéry. “Yo lo único que sé es que está que se sale: no pierde un balón, sube, baja, defiende… Es uno de los mejores laterales del mundo”, le elogia Xavi.

Lahm, textualmente cojo en alemán, se formó en la cantera del Bayern, donde llegó en julio de 1995. Cedido dos años al Stuttgart, porque Lizarazu le cerraba el paso, capitán de la selección alemana, Lahm suele ser señalado como un futbolista atípico en la Bundesliga. Tiene más ascendente entre sus colegas, los dueños del club y los periodistas que entre los aficionados.

“Si hay alguien que se le parezca, seguramente sería Alba”, afirma Ribéry

Lahm se ha significado también por mostrar su apoyo público a los homosexuales que pueda haber en el fútbol. “Yo no soy homosexual, pero no tendría problema en compartir vestuario con quien lo fuera”, dijo en su día, pero reconoció que los futbolistas homosexuales sufrirían abusos verbales en los campos. “Es una pena que ser gay en el fútbol sea un tema tabú”, asegura Lahm. Por esa actitud, por su contribución en la lucha contra la homofobia dentro del deporte, recibió el Premio a la Tolerancia el año 2008. Las habladurías sobre sus gustos sexuales no cesaron ni cuando contrajo matrimonio con su novia de toda la vida, Claudia Schattenberg, en Aying, un suburbio de Múnich, tan solo cuatro días antes de que comenzará el Mundial de 2010. En esa cita protagonizó un traumático enfrentamiento con Ballack por la capitanía de la selección germana tres días antes de jugar la semifinal contra España. Lahm ganó el pulso en el vestuario, aunque sus compañeros y él cayeron ante el fútbol de toque español.

Nacido el 11 de noviembre de 1983 en Múnich, mide 1,70 metros, pesa 66 kilos y calza un 41. Será por eso que uno de sus lemas es: “Más vale poco y bueno que mucho y malo”. A Lahm le gusta el tenis —“difícilmente me pierdo una final de Federer”—, el billar, esquiar, jugar al golf y a dardos. Publicó una polémica biografía en 2011 en la que acusó a Rudi Völler, su exentrenador, de vago, criticó a Louis Van Gaal por no asumir sus errores y de Jürgen Klinsmann destacó “su torpeza táctica”.

Xavi: “No pierde un balón, sube, defiende… Es uno de los mejores laterales del mundo”

Ayer, sin embargo, de la boca de Lahm solo salieron maravillas. “Es un partidazo”, dijo al mirar al Barça, feliz de tener la oportunidad de medirse con el que considera el equipo a batir durante los últimos años. “Lleva seis semifinales, eso lo dice todo”, sentencia. No duda de que el partido es algo más que 90 minutos de fútbol: “Será una fiesta del fútbol. No solo nos alegramos los jugadores de poder jugar este partido, todos los aficionados, cada uno de los espectadores, lo aguardan con impaciencia”.

Lahm admite sin tapujos: “El Barça es el mejor equipo de Europa, pero lo bonito es que tenemos opciones de eliminarles”. Recuerda que el Bayern está jugando un fútbol de alta calidad, y al tiempo, reconoce que los 300 partidos que lleva el Barcelona teniendo más posesión de balón que su rival lo dicen todo: “Es el mejor equipo de los últimos años”.

Afronta la posibilidad de jugar la que sería su tercera final de la Liga de Campeones en las cuatro últimas temporadas y no parece dispuesto a dejarla escapar. Perdió por 2-0 contra el Inter en la final celebrada en Madrid en 2010. Y el curso pasado, la decepción se produjo en casa, en Múnich, contra el Chelsea (1-1, y 4-3 en la ronda de penaltis), una derrota que recuerda como “horrible y cruel, peor que la de Madrid”. “Pero no creo que el fútbol nos deba nada”, concluye.

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