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Alberto Puig, expiloto y mánager de Pedrosa. / CORDON PRESS

Su cojera le identifica. Es huraño. Ya lo era, dicen, cuando se rompió una pierna aquel día de 1995 en que perseguía la pole, a Doohan, la gloria. Sumaba dos podios y una victoria, la primera, la última, cuando aterrizó en tierras galas para despedirse de su sueño: ser el primer campeón español de 500cc. Asegura que él ya contaba el año pasado con que Márquez estaría en la pelea por el Mundial. Y si algo tiene Alberto Puig (Barcelona, 1967) es buen ojo. Entra en el debate del fin de semana, a cuenta del adelantamiento al límite del debutante a Lorenzo en Jerez, para advertir sobre lo difícil que es juzgar maniobras basadas en emociones e impulsos. Claro que, reivindica: “Ninguno hace una acción pensando que le va a salir mal”.

Pregunta. ¿Cuándo vuelve a Le Mans qué recuerdos le vienen a la cabeza?

Respuesta. Pienso ‘aquí te hiciste daño un día y se te complicó toda la historia’, pero no hay más. Ya está más que superado.

P. ¿Cuántas operaciones necesitó?

R. Muchas. Más de 20. Fue un desastre. Estuve mucho tiempo en España, luego me marché a EEUU y me pasé muchos inviernos allí; tuve suerte: en un sitio y en otro encontré a buena gente y me hicieron buena cirugía.

P. ¿Todavía duele?

R. Sí. Todavía tengo dolor, tengo que ir con cuidado.

P. ¿Cómo fue volver a la moto?

R. Ya no fue lo mismo. Perdí todo. Tenía sensibilidad cero y me costaban mucho las curvas de izquierdas. También perdí la fuerza y la agresividad que tenía. Toda la vida había ido en moto, pero en esas circunstancias, teniendo que frenar con la mano, sin equilibrio en la pierna izquierda... Lo intenté, pero no podía ir rápido como antes del accidente. Hubiera podido alargarlo, pero...

P. Sin ser competitivo.

R. Hay mucha gente en el paddock que no es competitiva, está lleno de gente que lo alarga, pero yo no, mi cabeza no estaba preparada para solo estar.

Dani sigue siendo la misma persona, pero es mucho más maduro"

P. ¿Sentía que era su año?

R. Estaba yendo bien, era realmente rápido, el equipo funcionaba muy bien, estaba compenetrado con mis mecánicos, era una moto satélite, pero aún así... Para ser sincero, recuerdo que Doohan era imbatible, pero hubiera podido acabar segundo o tercero del Mundial. Hablar a agua pasada es muy fácil... Pero yo sé cómo me encontraba en aquel momento, tenía mucha confianza.

P. ¿Lloró solo de dolor?

R. En el momento en el que te sucede parece el fin del mundo, pero no lo es. Y lloras de rabia, de impotencia. La vida es un viaje largo y es al final cuando puedes hacer un resumen, no a los 27 años. Se pasa mal porque un deportista profesional está toda su vida preparándose para hacer eso en ese momento determinado de su vida; y de repente: pam, te lo quitan todo. Y cuando vuelves la vista atrás piensas ¿por qué a mí?

P. ¿Le costó mucho dejarlo?

R. Tuve la grandísima suerte de poder seguir ligado a la moto. Dorna me dio la oportunidad de trabajar con los pilotos jóvenes. Así que al cabo de un par de años pensé ‘esto es lo que hay’. Dentro de lo que cabe estaba agradecido de poder seguir aquí. Mi accidente fue la leche. Hoy el circuito ha cambiado, pero antes esa curva era mucho más rápida, no era tan cerrada, y además había un muro contra el que me empotré a 270km/h. El balance fue fantástico: una pierna rota.

P. Un par de años después llegó la Copa Movistar y conoció a Pedrosa. ¿Fue una suerte de terapia?

R. No, de eso nada. Me apetecía hacerlo. En aquel campeonato había muchos chicos y, por lo que sea, yo pensé que el que realmente valía la pena era este.

P. Aunque no ganara.

R. Sí, eso no tiene nada que ver. No se hacen las cosas porque toca, sino porque uno lo siente. Se dio la situación de que el bueno de aquel campeonato era él, y yo era el responsable, así que lo hicimos a mí manera.

Doohan era imbatible, pero yo hubiera podido acabar segundo o tercero del Mundial”

P. Supo de inmediato que Pedrosa tenía algo especial. ¿Cómo se ve ese algo en un niño de 13 años?

R. Eso es otra historia. Lo ves, ves su manera de ir en la moto, de interactuar o de conversar. Y lo eliges.

P. ¿Qué queda de aquel niño?

R. Sigue siendo la misma persona, pero es mucho más maduro: ha evolucionado, tiene muchísima experiencia. Tiene el talento que ya tenía, aunque multiplicado.

P. ¿Qué le ha hecho a Kevin Schwantz para recibir semejantes críticas?

R. ¿Yo? Él hizo unas declaraciones que a mí no me parecían justas, ni correctas, y simplemente le respondí.

P. ¿Es consciente de la imagen que tiene?

R. Lo que me preocupa es la imagen que tengan de mí mis padres y algún amigo que tengo.

P. ¿Se arrepiente alguna vez de lo que dice?

R. ¿No le gusta que le hablen claro? Yo estoy encantado. Me gusta poder hablar con una persona y tener una conversación transparente. Lo contrario no tiene ningún sentido.

Mi accidente fue la leche. Hoy el circuito ha cambiado, pero me empotré a 270km/h”

P. “Tiene mal casi todo el cuerpo y sigue dándole al gas”, dijo sobre Pedrosa en respuesta a Schwantz. ¿Es ese el mayor mérito de este piloto?

R. El dolor es temporal, pasajero; el valor del deportista está en caer y volver a levantarse: es heroico, y más en una disciplina tan dura como el motociclismo. Y eso Dani lo ha hecho en innumerables ocasiones. Volver a ganar tras una lesión tiene una dificultad enorme, no se trata solo de subirse a la moto y dar gas; cada deportista tiene un proceso mental interior terrible, es una lucha interna: creerse que está preparado, saber que no lo está pero que lo tiene que hacer, controlar sus emociones... Y controlar la moto.

P. Daba la sensación de que este Mundial iba a ser cosa de dos: Lorenzo y Pedrosa. ¿Cómo cambia esta percepción la irrupción de Márquez?

R. El año pasado ya dije que él estaría en la pelea, y lo dije por una sencilla razón: Marc es un piloto con potencial. Tiene la velocidad, el equipo, la moto y tendrá todas las facilidades del mundo. Años atrás los novatos no podían hacer esto; hoy, con estas motos, con tanta electrónica, con toda la información que reciben, si el piloto es brillante, y lo es, coge enseguida el concepto y la idea. A todo esto hay que añadir unas cualidades físicas muy buenas, tiene un cuerpo y una envergadura interesantes para esta moto. Además es valiente.

P. ¿Cómo calificaría el adelantamiento que le hizo a Lorenzo en la última curva de Jerez?

R. Es muy fácil hablar desde aquí. Es una acción refleja, un impulso; en una milésima de segundo un piloto decide si va a meterse o no. Es muy difícil de juzgar. Es verdad que si Lorenzo hubiera estado un poco más en el centro de la pista le hubiera dificultado el adelantamiento; también es cierto que sin Lorenzo ahí a Márquez le hubiera costado entrar en la curva. Evidentemente, si haces estas maniobras reiteradamente quizá tengas que replantearte las cosas.

P. ¿Tan complicado es establecer cómo es un adelantamiento correcto?

R. Mucho. Porque todo son emociones del piloto, decisiones automáticas, impulsivas y en un momento preciso de la carrera; y aunque hayas estado estudiando a tu rival durante la prueba, a la que te encuentres a medio metro de donde creías ya no es lo que tú pensabas. Ninguno hace una acción pensando que le va a salir mal. Es cierto que hay pilotos que llegan más al límite que otros. Y ahí entra la interpretación para dilucidar dónde está la frontera de lo que se debe y lo que no.

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Periodista de Deportes de El País. Mundial de Motociclismo.

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