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Florentino Pérez, durante la rueda de prensa del lunes. / DANI POZO (AFP)

Con un octavo técnico de salida, Jorge Valdano desterrado, un capitán en la picota, la megaestrella sin renovar, una plantilla que se ha sentido desamparada y sin un opositor electoral, el Real Madrid es hoy el Florentino Pérez Fútbol Club. “Estabilidad institucional”, sostiene el presidente-candidato. No le falta razón: no hay mayor raigambre que solo tener que discutir con uno mismo. Hay pocos como Florentino Pérez que puedan certificar 20 o más años como socio madridista y sean capaces de avalar 80 millones, méritos imprescindibles que él ha impuesto para ahuyentar posibles adversarios. También subraya el único cabeza de cartel que la entidad tiene músculo financiero (y político, podría añadir). Muy cierto, pero la gente no invade La Cibeles por el cash-flow. En lo deportivo, la auténtica razón de una sociedad cuyos dividendos son las alegrías, su gestión está repleta de atajos, volantazos, digos y diegos.

El balance presidencial desde Bernabéu

En la solemne despedida de Mourinho, el presidente subrayó como bonanza de este periodo que el Madrid haya vuelto “al sitio que le corresponde”. ¿Quién le bajó del trono? Allá por 2000, Florentino Pérez llegó a un campeón de Europa con el “librillo” de Vicente del Bosque, un ancla con las entrañas del madridismo. No le fue mal al recién llegado a la atalaya de Chamartín, que festejó dos Ligas y otra Champions con aquel incunable con telerañas, según él. Florentino Pérez aterrizó como un dirigente innovador, un adelantado. Se imaginó tal futuro que miró con desdén en un presente que no sentía suyo. El Madrid de Del Bosque era antediluviano, así que el técnico de casa fue enviado al paro en un pasillo porque había que empresarializar la entidad, evangelizar al planeta y llevar al club al siglo XXV. Un visionario, se dijo entonces, que no reparó en levantar torres para recalificar una plantilla de otra galaxia. No valía con un equipo ganador; hoy se brinda por la semifinal.

Sin un dedo marcando el camino,Pérez afronta solo una cuenta pendiente desde el “librillo” de Del Bosque: la estabilidad deportiva

“En el Real Madrid no basta con ser segundo”, justificó para echar a Luxemburgo. “No se ha puesto el acento en la ilusión y en la administración de la cantera”, apuntó en la destitución de Queiroz. Dejó caer que con García Remón “la presión” bloqueó al equipo. “La estabilidad es ganar, no mantener al técnico”, esgrimió en la condena a Pellegrini. Con Mou, borrón y cuenta nueva. Ninguno de aquellos discursos está ya en vigor: ahora la presión exculpa, disparatar la imagen del club no desequilibra a la institución, se consiente que la cantera sea denigrada y cotiza ser cabeza de serie.

En su alocución del lunes, los aplausos por tres semifinales fueron exclusivos para Mourinho. Ni mención a los jugadores que ahora dice ya no maleducar, como reconoció al dimitir en 2006 (hoy ya no percibe que la mala educación sea plantar a un Rey, por ejemplo). Anteayer, cualquier guiño que hubiera hecho el presidente a la plantilla le hubiera costado caro con un entrenador que se siente fulminado por las guerrillas con un vestuario que algunos, como Florentino Pérez, prefieren tachar de noveladas. Por convicción personal, el presidente ha hecho una defensa de Mou que no merecieron otros, ganaran lo que ganaran y aunque no enfangaran a la entidad.

Florentino Pérez conduce ahora al club hacia Carlo Ancelotti, el Del Bosque italiano, según sus hagiógrafos. Es decir, el futuro estaba en 2000. No se sabe quién le ha asesorado, puesto que ya no hay valdanos o similares. Queda Zidane para la foto, pero el francés fue apartado de la primera línea por el entrenador que al presidente le hubiera gustado que continuase. Un galimatías más.

Sin Mourinho, Florentino Pérez tiene el paisaje despejado. Es, queda dicho, lo que él llama “estabilidad institucional”. Con o sin carrera electoral, hasta el 16 de junio el presidente en funciones propagará la millonada de rigor para dar un póster a las peñas. Una campaña en la que lo único que estará en juego es la autoconfirmación personal. No será difícil, porque el presidente ve al madridismo “más unido que nunca”. ¿El pseudo o el otro?

Florentino Pérez juega solo y ya no vale “lo que diga Valdano” o el dedo de Mou marcando el camino. Sin escudos, él tiene una cuenta pendiente con el futuro desde 2000: la estabilidad deportiva, que no pasa solo por un ferguson en el banquillo, sino por una idea, por un nexo delbosquiano, lo que sería su mejor legado. Está a tiempo, la mayoría de los socios todavía le tienen fe.

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