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“La pena es que no lo impedimos”

Un entrenador asegura que vio cómo Jesús Carballo abusaba de Gloria Viseras en 1979 y numerosos testigos recuerdan el ambiente en el equipo de gimnasia en ese periodo

Jesús Carballo y Gloria Viseras en una competición a finales de los años setenta Ampliar foto
Jesús Carballo y Gloria Viseras en una competición a finales de los años setenta

Jesús Carballo fue apartado del equipo femenino de gimnasia en enero pasado después de que Gloria Viseras, gimnasta en Moscú 80, le denunciara por presuntos abusos sexuales cuando era menor y la policía considerara totalmente veraz su relato. El asunto está pendiente de la Audiencia Provincial de Madrid, ya que la denunciante y el Consejo Superior de Deportes recurrieron contra el sobreseimiento dictado por un juzgado que consideró el delito prescrito. El exseleccionador, que ha estado al frente del equipo durante más de 30 años, ha negado tajantemente los hechos, pero varios testigos corroboran la versión de Viseras. El último, Toni Llorens, que era entrenador en aquella época y que asegura que vio cómo Carballo se propasaba con la gimnasta en una concentración en el año 1979.

Toni Llorens ya no tiene nada que ver con la gimnasia. Pero hace más de 30 años era un entrenador prometedor que intentaba llevar a alguna de sus chicas al equipo nacional. Con algunas de ellas viajó en 1979 hasta Gijón, donde compartió entrenamientos con el grupo del exseleccionador, en el que estaba Viseras. “Cuando Gloria caía al foso [una estructura elevada sobre el suelo para ensayar acrobacias en blando], él se dejaba caer también y tardaban en salir. Era la comidilla, las niñas lo comentaban. Un día me acerqué y vi cómo Carballo le tocaba el pecho y la besaba en el cuello. No me lo podía creer”, rememora Llorens por teléfono.

Toni Llorens afirma que puso los hechos en conocimiento de la federación

Este entrenador no es el único testigo directo de los abusos que supuestamente sufrió Viseras cuando tenía entre 12 y 15 años, que se sucedieron en las salas de entrenamientos, hoteles de concentración y hasta en el coche del entrenador, según la denuncia de la exgimnasta, hoy de 48 años. Ante la policía, Irene Martínez, olímpica también en Moscú 80 y Los Ángeles 84, relató que ella también presenció cómo Carballo mantenía relaciones sexuales con su compañera en la habitación que ambas compartían durante la concentración previa a los Juegos de Moscú y que el exseleccionador también intentó propasarse con ella. Una tercera gimnasta se puso en contacto con la policía para relatar una situación similar días después de que Viseras contara su historia en EL PAÍS.

Gloria Viseras, en 1978 ampliar foto
Gloria Viseras, en 1978

Aunque la denuncia ha tardado más de 30 años en materializarse, tanto Llorens como varias gimnastas del equipo nacional después de los Juegos de Los Ángeles 84 aseguran que comunicaron a la federación española sus temores sin que pasara nada. “Lo comenté con varios entrenadores y cuando fui a Madrid les dije a dos directivas que no me parecía normal la dependencia que tenían las niñas de Carballo. Pusieron el grito en el cielo y no hicieron nada. Incluso pensé en ir a la policía, pero no lo hice”, explica Llorens. “Había muchos rumores entonces”, reconoce Elisa Estapé, también entrenadora en esa época y hoy profesora universitaria. “A mí me preguntaron si había visto algo raro y yo defendí a Carballo a ultranza. Tenía 23 años…”.

Aunque son pocos los testigos de los abusos, algo normal en este tipo de casos, son muchos los que relatan episodios extraños en el equipo. Como visitas nocturnas a las habitaciones en los hoteles, masajes a las niñas desnudas de cintura para arriba —entonces no había fisioterapeuta ni médico para ellas—, o que estas se pelearan por llamar la atención del entrenador o por sentarse en el coche con él. “Yo era una entrenadora muy jovencita”, recuerda Amparo Abejón, que compartió concentraciones con el grupo de Carballo hasta 1997 porque su club tenía un convenio con la federación; “veía cosas raras, como los masajes y que las niñas parecían enamoradas de él. Era un ambiente muy cerrado, tenso, con mucha disciplina”.

El sobreseimiento del caso ha sido recurrido por la denunciante y el CSD

El clima que describen la mayoría de los entrevistados es el de un grupo muy cerrado y dominado por Carballo. La primera barrera se levantó frente a los chicos, a los que había entrenado el gallego antes y con los que compartieron sala durante años. “No les dejaba hablarnos”, recuerda un gimnasta que prefiere no dar su nombre. “Si pasábamos por delante, ellas bajaban la mirada”. Y José Barrio, que estuvo en la selección entre 1979 y 1988, recuerda el día en que un compañero se cayó de las paralelas delante de una de las chicas y que, como ella le ayudó a levantarse, Carballo dejó de hablarle. “Él tenía mucho carisma y estableció una disciplina férrea. Con una mirada le bastaba para callar a todos”, dice.

Marisol del Hierro, que entró en el equipo en 1981 y fue reserva en Los Ángeles 84, lo vivió de una forma muy diferente. “No nos dejaba hablar con los chicos porque quería que nos concentráramos en los ejercicios”, asegura, y niega haber presenciado malos tratos “y mucho menos abusos sexuales ni nada que hiciera sospechar algo parecido”. Como ella, más de 70 gimnastas han firmado una carta de apoyo al exseleccionador, que tiene 69 años, es padre del actual presidente de la federación, que no se ha pronunciado sobre el asunto, y está casado con una de sus antiguas gimnastas, entrenadora del equipo nacional.

Según otros relatos, las gimnastas de Carballo, hasta al menos finales de los 80, eran “chicas tristes” que idolatraban y temían a su entrenador casi a partes iguales. “Hay cosas que ahora no veo normales, pero éramos muy niñas”, explica una olímpica que pide anonimato.

La investigación está detenida a la espera de lo que decida la Audiencia Provincial, pero podría reabrirse si aparecen denuncias más recientes (estos delitos prescriben a los 20 años de que el menor cumpla la mayoría de edad). Ya ha sacudido al mundo de la gimnasia española, del que un día formó parte Toni Llorens. “La pena que tenemos los que éramos adultos entonces es que no sabemos cuántas niñas pueden haber pasado por lo mismo”, reflexiona; “Eso, y no haber hecho más por impedirlo”.

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