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El azote de Rosell

“Solo quería saber por qué le pagaron 40 millones al padre de Neymar”, afirma Jordi Cases, el socio que presentó la querella

Jordi Cases, en octubre, cuando promovió el voto de censura. / Toni Albir (DIARIO AS)

Todo empezó durante una calçotada en Perafort, un pueblo de Tarragona, en febrero de 2011. Como de costumbre, cuando Carles, Manel, Iñaki, Josep Ramon, Ramon y Andreu se juntaban para comer, hablaban del Barça. Aquel día, el tema de debate fue el acuerdo que la directiva acababa de cerrar para que el equipo llevara en la camiseta la publicidad de Catar. Llegados los carajillos, uno de los asistentes, fotoperiodista, explicó que durante la campaña electoral, en junio del año anterior, inmortalizó una entrevista con Javier Faus en la que el actual vicepresidente económico reconocía la voluntad de la candidatura de Sandro Rosell de poner publicidad en la camiseta. Juan José Castillo, asesor de Rosell, instó al periodista a ignorar tal declaración —“se ha equivocado, no quería decir eso”— y sus llamadas posteriores evitaron que se publicara. El fotoperiodista, pasado el tiempo, comprendió que habían sido engañados y que la voluntad de Rosell, pese a ocultarlo, era poner publicidad a la camiseta.

“El caso Catar me demuestra que las mentiras solo se mantienen mintiendo”

En aquella mesa estaba Jordi Cases, farmacéutico de Olesa, socio de la tercera gradería, el hombre que presentó la denuncia por el contrato de Neymar que ahora estudia el juez Pablo Ruz, y el mismo que trató de sacar adelante una moción de censura que duró dos telediarios, los que tardó el club en encontrar una rendija legal para solicitarle el 15% de las firmas en vez del 5%. A punto de finalizar el ágape, uno de los asistentes propuso recoger firmas para solicitar a la asamblea de compromisarios la convocatoria de un referéndum. Su objetivo era que la decisión de relegar Unicef para dar protagonismo a Catar fuera votada por los socios. Aquel grupo de amigos se agrupó y nació Consulta Catar, que a través de las redes sociales se ha convertido en un grano para la directiva. Mutó de nombres —Consulta Barça, ahora Go Barça— y de activistas, nunca más de 10 que cotizan 500 euros al mes, pero en todas aparece Jordi Cases, alias el demonio para la junta del Barcelona, el mismo que, ahora, se siente “superado por los acontecimientos”.

“Estaba convencido de que en el club me dirían algo, y que si no me lo podían explicar todo, por lo menos me atenderían: ‘mira, o lo hacíamos así o no lo hacíamos”, relata mientras recuerda el burofax que envió en noviembre del año pasado al club para aclarar las cuentas del fichaje de Neymar. Todavía espera respuesta. Se sintió despreciado como socio y actuó en consecuencia. Recuerda que su querella señala a Rosell y no al Barça porque la experiencia —el caso Catar— le demuestra que “las mentiras solo se mantienen mintiendo”. Y en el caso de Neymar, “sólo quería saber en concepto de qué le habían pagado 40 millones a la empresa del padre del jugador”. Reconoce: “Si me llegan a decir: ‘en concepto de nada, pero en caso contrario Neymar no habría venido al Barça’, me hubiera bastado. Pensaría que siguen mintiendo, pero solo quería una respuesta”.

“No creemos que nadie se quede dinero; pero queremos saber cómo se justifica el gasto”

“Ahora tengo tiempo y ganas”, se justifica Cases ante quienes le recuerdan que durante la presidencia de Laporta nunca estuvo interesado en saber demasiado. “Laporta tomó un club en la bancarrota deportiva”, responde. Cases ha elaborado la teoría de las casualidades, por la que pretende demostrar que personas vinculadas a la actual directiva, de forma directa o indirecta, colaboraron con Robert Blanch, presidente de la Asociación en Defensa de los Derechos del Socio y entre cuyas actuaciones está la de apoyar la demanda conocida como la de los avales impulsada por Vicenç Pla contra algunos directivos de Laporta. El grupo de Cases ha denunciado también las conexiones del presidente con la empresa Viagogo, que revende entradas en el Camp Nou, y otras (Ailanto, ISL, BSM) que vulnerarían el código ético creado por el propio Rosell para su directiva. También es corresponsable de la pancarta ResPEPct, que mostraba un dibujo de Pinotxell, —un Rosell con nariz de Pinocho— que el club obligó a retirar del Camp Nou.

Reconoce Cases que se ha reunido varias veces con portavoces del club y se muestra tan agradecido a Joan Trayter, catedrático de derecho y miembro de la comisión de reforma de los estatutos, como descorazonado por el trato recibido de otros. “La prepotencia es mala consejera y las amenazas se pueden volver en contra”, afirma en referencia a Toni Freixa, portavoz del club. Cases lamenta que el club se vea envuelto en una desagradable situación jurídica: “La querella es a Rosell, no al Barça. En cualquier caso, no pensamos que nadie se haya quedado dinero; solo queremos saber cómo justifica los gastos, porque no está claro”.

Amenazado de ser demandado por daños y perjuicios, Cases asegura tener la conciencia “muy tranquila” y de vez en cuando se acerca al Restaurante Tallón, en Olesa de Montserrat, para juntarse con los amigos, hablar del Barça y reírse de los que aseguran que poseen pruebas de que Florentino Pérez está detrás suyo, a la espera de que el juez Ruz decida qué acontece.

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