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El milagro de Eibar

El conjunto armero, fiel a su filosofía de que todos son “iguales y no hay figuras”, es líder en Segunda mientras encara un futuro económico incierto por una ampliación de capital

El Eibar, el pasado 1 de febrero en el campo de Ipurua. Ampliar foto
El Eibar, el pasado 1 de febrero en el campo de Ipurua.

“Unas veces le recogía Toni a él en Durango y luego me recogían a mí en Zaldibar y otras veces era al revés”. La conversación es tan banal, tan habitual, si no fuera porque Toni Ruiz era el secretario general del Eibar, él era David Silva, campeón del mundo con España y futbolista del Manchester City actualmente, y “a mí” significa José Luis Mendilibar, el técnico que llevó al Eibar a Primera durante 10 minutos en la temporada 2004-05 en el memorable partido frente al Racing de Ferrol que cerraba la temporada. Conviene ponerse en situación: entonces, que estuvo a punto de ascender a Primera, y ahora, que va líder en Segunda, Eibar era igual: una ciudad de unos 27.000 habitantes y que pasó a la historia por ser la primera en proclamar la República en 1934, por ser una frontera objetiva entre Bizkaia y Gipuzkoa, o sea entre el Athletic y la Real Sociedad, por haber tenido un pasado armero y por tener entre sus habitantes, entre otros a Mario Onaindía. Futbolísticamente, se sabe que todo Eibar cabe en el estadio de Anoeta y que sus habitantes solo llenarían la mitad del nuevo San Mamés, es decir, que en las dos categorías principales del fúbol español es el club de menor presupuesto (3,5 millones de euros), de menor población y el estadio con menor aforo (5.600 localidades). ¿Puede en esas condiciones el Eibar aspirar a subir a Primera?

Es el club de 1ª y 2ª con menos población, menos presupuesto
y menos aforo

“Sin ninguna duda, como ya lo hicieron el Numancia y el Extremadura”, afirma Álex Aranzabal, presidente, quien insiste en que las instalaciones del equipo armero “están por encima de la media”, aunque todo se concentre en la capacidad reducida de un estadio al que se accede tras subir una cuesta que es un peregrinaje emocional, casi una seña de identidad de lo que significa jugar en el Eibar. “Aquí, antes y ahora, hay un estilo innegociable: todos somos iguales, sin figuras, y quien no piense así no tiene cabida. El propio grupo le demostrará su error”. Quien así habla es Gaizka Garitano, actual entrenador y militante del equipo que estuvo “10 minutos en Primera en 2005”, alineado junto a futbolistas como Silva, “que era un jugador muy bueno que enseguida comprendió lo que significaba el valor del grupo, la seña de identidad de este colectivo”. Hoy Gaizka Garitano es el entrenador de una plantilla que prefiere mirar antes lo que le distancia del abismo de la clasificación, el descenso, que del paraíso del ascenso. “Hay muchos equipos que son mucho mejores que nosotros, Deportivo, Sporting, Zaragoza... pero viendo jugar a mi equipo tampoco me sorprende lo que estamos consiguiendo”.

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Otra vez el yin y el yang de una situación a la que le faltan muchas estaciones para llegar a su destino. Cuando el tren se pare, un poco después de la última garita, el 6 de agosto, el Eibar, esté donde esté (y llegó a estar 18 años seguidos en Segunda), habrá tenido que resolver una situación tan legal como injusta. Ese día habrá tenido que ampliar su capital social de 422.253 euros a 1.724.272,95 euros, casi cinco veces más a pesar de tener sus cuentas saneadas. “Y eso a pesar de que ya se hable del modelo Eibar de gestión”, recuerda Aranzabal, “cuando nos propusimos y cumplimos el mantra del déficit cero. Ahora resulta que tenemos que cumplir con una ley y una cantidad que se deriva no de nuestra buena gestión sino de la proporción de gasto de clubes que quizá se han movido en otros parámetros de gasto”. La sensación en Eibar es que el club debe pagar cuentas ajenas, que su ajuste presupuestario (3,5 millones, la desaparición del segundo equipo, el ascenso de Segunda B el año pasado) y las contrataciones modélicas están penalizadas.

Silva, con la camiseta del Eibar.
Silva, con la camiseta del Eibar.
En tanto llega el 6 de agosto, el Eibar vive de su presente y de su pasado. Hoy es el jefe, “un patrimonio activo”, según su presidente, “fruto de una economía de guerra” que en vez de ser modélica está en riesgo de ser devorada por las metálicas estructuras del fútbol. Pero el Eibar sigue apelando a lo que su presidente denomina “como el coaching del fútbol”. Ciertamente, el equipo armero ha sido un destino habitual de futbolistas que necesitaban dotarse de carácter para triunfar, o de recuperar las fuerzas para el éxito. Silva llegó con 18 años, y pasó a la historia del Eibar por su gesto de repudiar el gol y echar el balón fuera en el minuto 92 contra el Lleida cuando el marcador señalaba un 1-1 y un rival estaba en el suelo. Un tanto que no fue y que hubiera podido llevar al Eibar a Primera.

Pero en aquel equipo no solo estaba Silva, sino tipos como Iraizoz (hoy portero del Athletic), Karmona (finalista con el Alavés de la UEFA), y por ese equipo ha pasado ilustres notables como Ciriaco Errasti, Garate, Gisasola, Diego (campeón de Liga con la Real), Xabi Alonso, Joseba Llorente y Barkero. O Garmendia, el portero que trabajaba de carnicero y que consiguió marcar un gol de portería a portería.

Es un modelo de espíritu popular que se basa en las personas”, dice el presidente

A punto de cumplir 75 años de historia, el Eibar se vanagloria de ser un referente educativo del fútbol. “Una buena gestión, un modelo basado en el compromiso de las personas sin prevalencia de las figuras y un espíritu popular como sustrato del club”, según Álex Aranzabal. Todo eso está en juego fuera y dentro del terreno de juego. En la Bombonera, como se conoce a Ipurua, las cosas van miel sobre hojuelas; en los despachos, el club libra una batalla desigual frente a la pregunta del millón: ¿Cómo se busca millón y medio de euros en seis meses? “Nuestra base social tiene muchos menores de 18 años, muchos jubilados, muchos desempleados y gente con empleos precarios”, afirma Aranzabal.

El Eibar es líder en Segunda y va ganando batalla a batalla. Lo que no se entiende es lo que sucede fuera del campo de juego en un partido que concluye en agosto, quizás con el Eibar deportivamente en Primera División, en cualquier caso “con la satisfacción de lo hecho”, como dice Garitano. “Hasta entonces conviene no sacar pecho porque enseguida te lo meten para adentro”, puntualiza. Quién sabe si el modesto Eibar derrocará la monarquía del fútbol.

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