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El termómetro de Messi

Más allá de los errores de Martino, la apatía que con alguna frecuencia destila La Pulga quizá revele un problema más profundo en un Barça complaciente, bajo de intensidad

Messi se lamenta tras el tanto de Griezmann, segundo de la Real Sociedad / david ramos (Getty)

Descontadas las pifias del Tata Martino con su borrosa lectura del partido de Anoeta, hubo latidos más inquietantes para el Barça. Por encima de todo, cierta falta de actitud, con Messi de caminante por la pradera, cuando no petrificado como una estalactita. Como si de una partida de curling se tratara. Pero en el fútbol la pelota no espera, ni el rival consiente que la abaniquen. No hay peor Barça que al que le vence la retórica, el que cree que puede darse un masaje con el balón sin otro fin que pasar el rato. Siempre tuvo esa vena poética, pero en sus mejores días tanto adoraba la pelota que mordía por robarla y se esmeraba en atornillarla para luego tirar de mala uva en los últimos metros. Aquel Barça era intenso hasta cuando parecía colgado de la hamaca, lo que no era más que una falsa pista para el adversario. Hoy, en ciertas ocasiones da la sensación de que canta gol por cada pase de medio metro, cuando se da una siesta de juego horizontal. Sin balón ya no tiene el mismo colmillo.

El ‘caso Neymar’ y sus cuentas hace mucho ruido. ¿Ensordecedor para Leo?

No es la primera vez últimamente que La Pulga afronta un partido de forma desapasionada. Nunca se sabe qué mosca le pica; lo mismo es un superhéroe que destila apatía. Por lo general, lo primero, sin duda, pero hay días que parece sumido en la placidez general que arrastra el equipo desde la pasada temporada. Para lo bueno y lo malo, el argentino es el termómetro absoluto. Cuando el genio se activa, sus compañeros no tienen más remedio que enchufarse a su alrededor para no quedar en evidencia. Deben asociarse cuando quiere tocar en corto, buscar el desmarque cuando les cita en largo, asistirle si busca el espacio o pide hora dentro del área. Tan contagioso es Leo que cuando se para, nadie parpadea. Ni Neymar, errático hasta para elegir el juego de botas, y no es la primera vez que da la murga a los utileros en pleno encuentro.

Con tacos nuevos, el brasileño matriculó a Joseba Zaldúa Bengoetxea, un chico que lleva tres partidos de Liga, con tan poco recorrido que en la web oficial del club donostiarra hay que mirar en la plantilla del Sanse para su rastreo. Mientras Neymar cada semana le sale más caro al Barcelona en lo económico y social, está por ver si el caso no tendrá también consecuencias deportivas. En los vestuarios, convertidos en camerinos, los futbolistas siempre están atentos a su valor bursátil y la cotización del que se muda al lado. El caso Neymar no es solo cuestión de Neymar&Neymar.

En Anoeta, en más de una ocasión se observó a Messi, parsimonioso, tieso mientras la pelota estaba en su radar, ajeno por completo a la secuencia. Algo no le gustaba, fuera el color del cielo, el verde de Anoeta, el tinte de la camiseta o las flamantes botas de Neymar. O quién sabe si la alineación de su compatriota rosarino, que se hizo un nudo en la pizarra e imaginó un duelo que solo él soñó. Por mucho que el equipo llegara de la Champions, el Barça tenía una semana de descanso por delante y Donosti no es plaza para aliños. Ante Vela y Griezman conviene no despistarse.

Con Puyol maltrecho y Xavi señalado, si Messi no atiza nadie se inmuta

Con Song como saco de golpes, con su titularidad el Tata logró un triple efecto: dejar a la intemperie al camerunés, desnortar al peor Busquets que se recuerda y que el equipo más defensivo que buscaba se destapara como nunca. El desbarajuste fue colosal y el Barça de Piqué y Bartra —que carecen de la pierna fuerte de Mascherano o Puyol—, de Song y Busquets —que juntos no suman uno más uno— llegó a quedar caricaturizado. No hubo mejor ejemplo que la jugada en la que Vela remató al poste ya con 3-1. El Barça tardó medio minuto en alejar la pelota del área, una eternidad en la que perdió seis rechaces, todos por mayor empuje rival.

Desaplicado en defensa y con barbecho en el medio, el grupo de Martino no encontró respuesta como solía ocurrir cuando estaba en urgencias. Entonces, tantas y tantas veces, Messi lo maquillaba todo con su lámpara. En Anoeta, y no es la primera vez últimamente, le faltó fiebre. Con un presidente sin urnas y un técnico de emergencia, ahora, Messi ha perdido la misma expresividad que el club, opera por su cuenta y nadie le hace ver cómo y para qué se le necesita. Con Valdés de salida, Puyol con el cuerpo maltrecho y Xavi señalado más de la cuenta por su entrenador, si Messi no atiza, nadie se inmuta. Para eso vino Neymar, pero con unas cosas y otras aún no ha llegado. De momento, el efecto del brasileño en el campo es mucho menor que el ruido de sus contratos en los juzgados.

¿Ensordecedor para Messi?

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