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Mundial de Motociclismo 2014

La revolución llega a MotoGP

Los cambios de última hora en el reglamento para aumentar la competencia preocupan a los favoritos, sorprendidos por el rendimiento de Aleix Espargaró

Aleix Espargaró, durante los entrenamientos en Losail Ampliar foto
Aleix Espargaró, durante los entrenamientos en Losail REUTERS

Los mandamases de MotoGP —representantes de Dorna, Federación Internacional de Motociclismo, equipos y fabricantes— celebraron una videoconferencia para definir el futuro de la categoría. Era el 18 de marzo, solo un día antes de que arrancara el Mundial en el circuito de Losail. En la reunión se decidió el futuro, pero también el presente. Los anunciados cambios en el reglamento para esta temporada —dos subcategorías: motos de fábrica con software propio y motos open, con más motores, más combustible y neumáticos extrablandos especiales para la clasificación siempre que utilizaran el software oficial— se matizaban. Ocurría por el interés de Ducati en sacar provecho de la nueva reglamentación open,lo que supuestamente le reportaría grandes beneficios.

Dorna, organizadora del Mundial, trabaja desde hace unos años en reducir costes: busca aumentar la competitividad de la parrilla, pues apenas quedan dos equipos ganadores: Honda y Yamaha. Pero había dado, sin quererlo, demasiadas facilidades a un fabricante en concreto. Es Ducati el único preparado para trabajar ya este año con una segunda versión del software desarrollado por Magneti Marelli, ese que tienen hoy las motos privadas y que tendrán que utilizar todos los equipos a partir de 2016. Por eso quiso la fábrica italiana competir bajo la reglamentación open. Pero lo hará solo a medias.

“La temporada pasada Ducati no estaba al nivel de Honda y Yamaha, su dirección ha buscado una solución dentro del reglamento para poder mejorar. Entendemos que les estamos acercando a los otros fabricantes, pero tampoco queríamos, no sería justo, que tomaran demasiada ventaja y acabaran venciendo con más armas que el resto”, explicó el director de Dorna, Javier Alonso.

Márquez, Lorenzo, Rossi y Pedrosa tendrán más rivales; Honda y Yamaha, menos facilidades

La solución, salomónica, prácticamente crea una tercera subcategoría: las motos de todo constructor que no haya logrado una victoria el año anterior (caso de la fábrica de Borgo Panigale) y toda fábrica que se estrene en el campeonato podrán utilizar hasta 12 motores por piloto y temporada (en lugar de cinco como las de fábrica, cuyos motores además no admiten modificación), 24 litros de combustible (en vez de 20) y la especificación de neumáticos superblandos para los entrenamientos, es decir, las mismas reglas que las motos open, las privadas o alquiladas, más económicas y, supuestamente, menos competitivas. Estas concesiones se reducirán si llegan los resultados: las motos de la fábrica cuyo piloto gane una carrera, logre dos segundos puestos o un podio pasarán a usar 22 litros de combustible. Si, además, logran tres victorias esa fábrica perderá el derecho a usar neumáticos de entrenamientos.

¿Cómo se traducirá todo eso en las clasificaciones y las carreras? Nadie lo sabe, pero las primeras vueltas de la Forward-Yamaha de Aleix Espargaró, una open muy competitiva, han dejado con mal sabor de boca a los favoritos.

Qué será capaz de hacer es una incógnita, pero parece claro que, tal y como quería Dorna, los cuatro magníficos (Márquez, Lorenzo, Pedrosa y Rossi) tendrán más competencia este curso; que Honda y Yamaha tendrán cada vez menos facilidades (poco combustible y menos motores) hasta que llegue 2016 y todos corran no solo con la misma centralita electrónica (como ahora), sino también con el mismo software; que es posible que en las primeras filas de la parrilla de salida se cuele algún sábado una moto más económica, como la del propio Espargaró (con motor, chasis y basculante Yamaha), la dominadora de los primeros entrenamientos libres de la temporada; o que Ducati, con Cal Crutchlow a la cabeza, debería ser más competitiva de lo que lo ha sido desde que se marchó Casey Stoner.

A pesar de todo, parece difícil imaginar un Mundial en el que Márquez no siga ofreciendo espectáculo, a pesar de llegar renqueante tras fracturarse el peroné hace un mes; en el que Lorenzo no venda carísima su piel, constante y regular como pocos, por mucho que las esté pasando canutas en Catar; en el que Pedrosa no lo vuelva intentar, con esa elegancia al manillar del que es demasiado menudo para enseñar los dientes. Porque lo que no cambiará el reglamento es esa ley no escrita que dice que, al final, siempre ganan los mejores.

 

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