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olympiacos, 89; laboral kutxa, 59

El Baskonia se cae con todo el equipo

El equipo de Scariolo apenas aguanta unos minutos a un Olympiacos muy superior al conjunto vitoriano

San Emeterio entra a canasta ante Sloukas. Ampliar foto
San Emeterio entra a canasta ante Sloukas. EFE

Al Baskonia, la Euroliga se le está haciendo larga, muy larga, y los partidos cortos, muy cortos. Sus aspiraciones han desaparecido y, por tanto, sus comparecencias son protocolarias. Ante el Olympiacos, que acabó vapuleándole (89-59), tuvo un primer cuarto esperanzador, en el que mandó y parecía elevar la voz, hasta que Pleiss se cargó con tres personales en menos de diez minutos y vio el partido desde la bancada.

A partir de ese momento, el equipo griego creció y creció con una actitud coral en la que lo mismo daban los tenores bajo el aro (pongamos que Lojeski) o los barítonos fuera de la pintura (digamos que Spanoulis). Daba igual quién diera el mazazo, lo cierto es que el Laboral Kutxa se fue hundiendo poco a poco, sin barcas de salvamento, si flotador y sin saber nadar contra corriente

OLYMPIACOS, 89; LABORAL KUTXA, 59

Parciales: 23-20, 22-7, 22-19, 22-13

Olympiacos: Mantzaris (5), Spanoulis (14), Lojeski (16), Petway (6), Shermadini (11)-cinco inicial-, Simmons (10), Sloukas (7), Dunston (7), Kavvadas, Katsivelis, Papapetrou (13).

Laboral Kutxa: Heurtel (3), Causeur (7), San Emeterio (5), Mainoldi (12), Pleiss (10)-cinco inicial-, Poeta (2), Nocioni (10) Hanga (4), Diop (4), Van Oostrum (2).

Árbitros: Lamonica (ITA), Boltauzer (SLO), Bissang (FRA). Eliminado Pleiss (min. 39).

7.500 espectadores en en el pabellón de la Paz y la Amistad de Atenas

El tiro exterior era una entelequia en el Baskonia, que además padecía de una multitud de pases fallidos, un descontrol monumental, que le ponía al Olympiacos el partido en bandeja de plata. Lo peor no es perder, sino la manera de perder y el Baskonia eligió la peor: la timorata, la errática, la de quien ha ido porque tiene que ir. 32 de los 52 puntos que consiguió los hicieron Mainoldi, Nocioni y Plesis, todos por dentro. Por fuera, el Baskonia era un erial, un colectivo aturdido, presa fácil para el Olympiacos que jugó medio partido a modo de entrenamiento.

Pasado el susto del primer cuarto (23-20), lo demás fue costura artesanal. El 22-7 del segundo era algo más que un cálculo de intenciones. Volvió el Baaskonia en el tercero a un dibujo más educado con su tradición, pero en el cuarto los lamparones le arruinaron el traje. Papapetrou se alió con Spanoulis y llevaron el partido a firmamentos a los que no alcanzaba el Laboral Kutxa. Y así fue adelgazando el Baskonia, por anemia, y el Olympiacos, sin demasiada gula. Si no nació muerto, el partido tuvo muy pocos minutos de vida.