Mundial de fúlbol Brasil 2014

El campeón revienta la pelota en Brasil

Ha pasado España de la diversión al sufrimiento y los rivales ajustan cuentas, porque sin velocidad La Roja es vulnerable

Fallo de Busquets en la segunda parte. / ALEJANDRO RUESGA

No hay término medio en España. Las derrotas se encadenan en la Copa del Mundo con la misma contundencia que antes se sucedían las victorias, como si el fútbol fuera una cuestión de rachas, y hasta cierto punto de azar, y no precisamente del juego, la bandera de los éxitos de la Roja. No importa la categoría del contrario, sino que los partidos se convierten en un ejercicio de impotencia para los chicos de Del Bosque, desfigurados y al mismo tiempo víctimas de la fatalidad y de un rosario de calamidades, irreconocibles en Brasil.

Afloran de golpe solo defectos y no hay manera de rescatar ninguna virtud, ni que sea para negociar un marcador digno, quizá porque España no era un equipo convencional, aquellos que a veces ganan y otras pierden, sino que tenía una idiosincrasia admirable por singular, imposible de copiar y clonar. Nadie jugaba la pelota como la Roja. Atacaba y descansaba con el balón. El toque era rápido y preciso en horizontal y vertical, tan transparente que permitía discutir sobre su bondad, no sobre el marcador. Ocurre que con el tiempo el cuero se ha inflado hasta reventar y la selección ha quedado desnuda en el Mundial.

Hay por tanto un problema de fútbol y de jugadores más que de club, por más que se haya señalado al Barça

Ha pasado España de la diversión al sufrimiento y los rivales ajustan cuentas porque cuando la bola no viaja con agresividad ni velocidad el equipo es vulnerable. No hay nada más fácil que penalizar las carencias de España cuando no es España. Nadie quiere jugar como la selección de Del Bosque, obligada a repensar el fútbol. La dolorosa derrota dio las suficientes pistas para combatir el descreimiento a partir de certezas como la de Koke. No hay que agitar sino volver a jugar.

Aunque solo hubo las novedades de Javi Martínez y Pedro en la alineación, los cambios fueron significativos, sobre todo porque delataron la precariedad de España. Hay una cuestión de tono o de forma física, expresada en la suplencia de Piqué, que no ha tenido una buena temporada, y por otra parte un asunto de estilo, sintetizado en los 34 años de Xavi, símbolo de la manera que entiende el fútbol el equipo desde la Eurocopa ganada con Luis. La suplencia del volante del Barça, así como la titularidad de Diego Costa, explican de alguna manera la evolución del juego en la selección de Del Bosque.

Hay por tanto un problema de fútbol y también de jugadores más que de club, por más que se haya señalado al Barça. No mezclan bien los internacionales y la organización colectiva se cae con la misma estridencia que las fichas de un dominó por un error individual nunca corregido. Así llegó el 1-0 de Chile: perdió la pelota Xabi Alonso en la divisoria y ningún español, ni el afamado Sergio Ramos, fue capaz de interrumpir la transición que culminó Vargas después de regatear a Casillas. El fallo en cadena retrató a España, falta de finura y profundidad, blanda en la contención, siempre pendiente del retrovisor.

Remate de Diego Costa. / ALEJANDRO RUESGA

La pérdida de seguridad defensiva ha agrandado las dudas y la falta de precisión ha rebajado la confianza propia al tiempo que ha aumentado la de los contrarios, incluso de Chile. Alexis y Vargas se sentían Van Persie y Robben. Los desajustes son manifiestos porque juega el equipo sin pausa, demasiado acelerado y ansioso, como si cada uno quisiera resolver en una jugada el mal de todos. El toque precipitado abonó la diseminación. Las líneas se aflojaron, el equipo se alargó y no hubo fútbol por dentro y por fuera, falto de sincronización, imposible distinguir si los laterales eran extremos o defensas, sobre todo Jordi Alba.

Desbordados en la contra, el 2-0 de Chile llegó a balón parado, después de un tiro de Aleix. Los rechaces dicen mucho de la posición de un equipo en la cancha, y los decisivos cayeron siempre a pies del plantel de Sampaoli. No le quedó más remedio a Del Bosque que renunciar a la doble pareja Xabi Alonso-Busquets, su signo de identidad, y entregarse a la pujanza de Koke. Y con el rojiblanco se vio por momentos un punto de luz que contrastó con la salida de Diego Costa. Muy disminuido físicamente, el ariete no fue el revulsivo al que aspiraba el seleccionador para espabilar a España, saciada de fútbol y de títulos, necesitada de hambre, obligada a cambiar sus símbolos.

No jugó Xavi y no fue trascendente la actuación de Casillas. La duda está en saber si habrá futbolistas capaces de jugar al nivel del equipo que ambos han liderado hasta Brasil. Aparentemente solo España puede jugar como sabe España. No pareció casualidad que el punto y final llegara en el mítico Maracaná. España nunca fue un equipo común sino que ha sido víctima de su propia grandeza, la de un campeón del mundo y doble de Europa.

194 minutos, siete goles en contra y uno a favor

Una pesadilla en 194 minutos. En ese tiempo, España bajó del cielo y cerró su histórico ciclo de dos Eurocopas y un Mundial en seis años de leyenda. 194 minutos, descuentos incluidos, en los que Holanda y Chile descosieron a la campeona. Dos partidos en los que La Roja perdió su estrella.

Dos partidos en los que Del Bosque ha contado con 17 jugadores: no han jugado todavía los dos porteros suplentes (Reina y De Gea), Juanfran, Albiol, Mata y Villa.

Dos partidos en los que España ha rematado 26 veces a puerta (tan solo 12 entre los tres palos) y ha recibido 21 disparos. Ante Chile, los de Del Bosque lo intentaron en 16 ocasiones, el que más Sergio Ramos en cuatro ocasiones. En el primer partido, el central madridista buscó la portería en dos ocasiones lo que le convierte, con seis remates en total, en el máximo rematador del equipo con un disparo más que Diego Costa.

Dos partidos en los que España ha tenido más del 60% de la posesión y ha repartido 1.342 pases, pero se ha visto zarandeada por la intensidad de sus rivales, que sumaron 32 faltas por las 18 del conjunto de Del Bosque. Ante Holanda, Xavi fue el máximo pasador con 81, ante Chile, con el arquitecto en el banquillo, tomó el relevo Jordi Alba con 82.

Dos partidos en los que el toque fiable de La Roja quedó desdibujado con 194 pérdidas de balón: 90 ante Holanda y 104 ante Chile. En el primer partido fue Iniesta el más errático con 13 perdidas, en el segundo el autor del gol de la coronación en Sudáfrica perdió 10 más. Un total de 23, las mismas pérdidas que Silva, los dos jugadores más desatinados en la entrega.

Dos partidos en los que ningún jugador resultó reconocible y España firmó su segundo Mundial con más goles en contra de España: 12 en Brasil 1950 (8 a Ramallets y 4 a Eizaguirre) y 7 en Brasil 2014 (todos a Casillas).

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