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Alemania aclama a su selección en Berlín

La selección alemana retorna a la capital y miles de personas se agolpan para recibir y celebrar la Copa con la Mannschaft

Schweinsteiger ofrece la Copa a los aficionados. ALEX GRIMM EFE

Más de medio millón de personas aclamaron este martes en Berlín al equipo alemán que se coronó campeón del mundo en Brasil, en una rara expresión de júbilo y orgullo patrio. La fiesta que comenzó a vivir la capital cuando aterrizó en el aeropuerto de Tegel el avión de Lufthansa que trajo al equipo en un vuelo especial y que fue bautizado con el nombre de Fanhansa Siegerflieger —juego de palabras entre fans, vuelo y vencedores—, se convirtió en una apoteosis en la famosa Milla del aficionado, donde unas 250.000 personas recibieron a sus héroes.

La dimensión de la fiesta ya se vislumbrada en el aeropuerto, donde cientos de aficionados se dieron cita para recibir a la selección. El primero en bajar por la escalerilla fue el capital de la selección, Philipp Lahm, quien alzó la copa dorada para regocijo de los hinchas. Todos los jugadores, incluido el equipo técnico que dirige el entrenador Joachim Löw, se vistieron más tarde con una camiseta negra que lucía como emblema el número 1, dibujado en el pecho, para iniciar un recorrido triunfal abordo de un camión descubierto.

La euforia contaminó a varios jugadores, que se mofaron de sus adversarios argentinos

La fiesta, que fue transmitida en directo por cuatro estaciones de televisión germana y la CNN, mostró que Alemania, un país acostumbrado a la disciplina y al rigor de las leyes que no permiten la extravagancia, es capaz de expresar sentimientos casi tropicales cuando se trata de celebrar un gran triunfo de la famosa Mannschaft que dirige Löw desde hace ocho años. Pocas veces como este martes, Berlín había dado rienda suelta a sus sentimientos para recibir a los campeones. Nunca antes la ciudad había recibido a una selección que llegó a Berlín como campeona del mundo. A bordo del camión descubierto, la selección realizó un largo recorrido por la ciudad hasta llegar a la emblemática Puerta de Brandeburgo, donde había sido montado un enorme escenario tapizado con una alfombra de césped artificial.

La alegría se convirtió en delirio cuando irrumpieron en el escenario los primeros héroes del campeonato. “Fue un largo camino hasta conseguir el título, pero valió la pena”, dijo el entrenador quien tuvo un gesto hacia el público que fue aclamado por la multitud. “Vosotros habéis sufrido y celebrado. Sin vuestro apoyo, no estaríamos aquí. Todos somos campeones del mundo”, dijo Löw.

La presentación de los campeones tuvo momentos de gloria y también de ironía. Aunque durante el campeonato, los jugadores nunca cometieron el pecado de reírse de sus adversarios, la euforia del recibimiento contaminó a Götze, Klose, Kroos, Schürrle, Mustafi y Weidenfeller, que se mofaron de sus adversarios argentinos. Los seis jugadores ingresaron agachados al escenario y comenzaron a cantar: “¡Así caminan los gauchos rumbo a la portería!”. De pronto se alzaron y gritaron hacia la multitud, “¡Así caminan los alemanes, así caminan hacia la portería!”.

El autobús realizó un largo recorrido por la ciudad hasta llegar a la emblemática Puerta de Brandeburgo

Risas del público y más gritos cuando otros seis jugadores, entre ellos Schweinsteiger y Neuer irrumpieron en el escenario con una mano apoyada en el hombro del jugador que les precedía, de la misma forma como lo hacían los jugadores de la selección brasileña cuando ingresaban al campo de juego en un intento para demostrar espíritu de equipo. “Nosotros somos los campeones del mundo”, cantó Neuer, el portero de la selección, mientras que Schweinsteiger, bautizado por la prensa alemana como el “legionario” a causa de su resistencia en la final, recordó a la multitud que el gran sueño, que había comenzado hace ocho años en Alemania, por fin se había concretado: “Ya estuvimos aquí en 2006, pero ahora es diferente. ¡Ahora tenemos la maldita copa entre nosotros!" En el verano del 2006, la milla del aficionado se llenó de gente para felicitar a la selección por el desempeño que tuvo al alcanzar el tercer lugar, pero también para agradecerle la realización de un milagro, que fue bautizado entonces como “un sueño de verano” por la revista der Spiegel.

El Mundial de fútbol en Alemania, en 2006, cambio al país; convirtió a la canciller Angela Merkel en una hincha fanática de la selección y la comunidad turca se hizo alemana. La magia del fútbol y el triunfo de Alemania en Brasil también obró otro milagro que no pasó desapercibido en los centros del poder político alemán. Hasta la embajada de Estados Unidos en Berlín hizo una pausa y colgó un cartel en su fachada donde felicitaba a los nuevos campeones.

Los jugadores de la selección, por su parte, se despidieron de la multitud con otro cartel donde se podía leer: “Obrigado fans. La cuarta estrella es nuestra”.

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