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España se despide a la francesa de su Mundial

Irreconocible y ampliamente superada en la estrategia, la selección de Orenga se rinde (65-52) ante una espléndida Francia guiada por Diaw

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Los jugadores de la selección tras la derrota ante Francia. ap

El mejor equipo español de la historia se despidió a la francesa de un Mundial que aspiraba a hacer suyo, en casa y cuando soñaba disputar una final ante Estados Unidos que parecía cantada. Lo impidió Francia, que jugó mucho mejor y se mereció punto por punto su pase a las semifinales sellado con un resultado concluyente: 65-52.

La generación de jugadores españoles que se han hecho estimar durante las tres últimas décadas por su talento y su eficacia se dio el peor batacazo de su larguísima trayectoria, plagada de éxitos, incluido el título Mundial en 2006, pero también de algunos fracasos. Ninguno de ellos comparable al de una competición que jugaba en casa y en la que, durante 12 días, había actuado como un equipo de ensueño. Arrolló a todos y cuantos rivales se le pusieron delante, incluida Francia. Pero la selección de Vincent Collet se ganó el derecho a la revancha al vencer a Croacia en los octavos de final. Y el equipo francés, bravísimo, fue en esta ocasión superior estratégica y físicamente, hasta tal punto que en la grada de Madrid llegó a pedirse ya algunos minutos de finalizar el encuentro la dimisión de Juan Antonio Orenga, el seleccionador español desde 2013.

FRANCIA, 65 - ESPAÑA, 52

Francia: Heurtel (13), Batum (9), Gelabale (9), Diaw (15) y Lauvergne (4) -equipo inicial-; Diot (4), Fournier (4), Pietrus (2), Gobert (5), y Jackson.

España: Rubio (4), Navarro (10), Rudy Fernández (6), Pau Gasol (17) y Marc Gasol (3) -equipo inicial-; Llull (5), Calderón (5), Ibaka (2) y Sergio Rodríguez.

Árbitros: Luigi Lamonica (Ita), Michael Aylen (Aus), Olegs Latisevs (Let).

Palacio de los Deportes de Madrid, 13.673 espectadores.

Volvió a vencer Francia, como hace un año en las semifinales del Eurobasket; con la diferencia de que esta vez no pudo contar con su estrella Tony Parker ni con dos jugadores importantes como Ajinça o De Colo. En cambio, España, a diferencia de entonces, tuvo a Pau Gasol, Navarro e Ibaka, y también a Felipe Reyes pese a que no jugó por decisión técnica. Francia, desinhibida, dominó casi de principio a fin. Cortó las alas al ataque español con una defensa de pizarra. España se quedó en 52 puntos. Su notabilísimo potencial interior quedó reducido casi a la nada, a lo que pudo hacer un Pau Gasol posiblemente destemplado por las molestias físicas que arrastró los últimos días. Los balones que les llegaron a Marc Gasol e Ibaka fueron siempre pocos y en malas condiciones. El engranaje del juego español crujió de una forma asombrosa. Durante muchos minutos de la segunda parte se redujo al Navarro-sistema. Una caricatura, una muestra de lo deshinchado que acabó el equipo español, sin recursos, sin aliento, sin ideas.

Todo lo contrario que el equipo francés, que se creció a medida que avanzaban los minutos, cada vez más afianzado en su plan: cerrar con candado su zona, dominar el rebote e inutilizar la defensa de los Gasol a base de los tiros desde fuera de sus pívots, Diaw y Lauvergne. Francia ganó por 13 puntos y dominó el rebote con 22 capturas más, un pecado mortal para el equipo de Orenga que se desangró dentro y se desquició fuera, con solo dos triples en sus 22 lanzamientos.

El seleccionador francés Vincent Collet lo había adelantado la vigilia del encuentro. Su equipo tenía que sacar de la zona a los Gasol. La pareja interior formada por Diaw y Lauvergne operó a seis, siete metros, lejos del radar de las dos torres españolas. El acierto en los triples de los pívots franceses destripó la defensa de España, por primera vez netamente superada en la primera recta del partido: 8-0 y 11-2, después de haber tardado tres minutos y pico en anotar su primera canasta. Desconcertada atrás, la escuadra española tardó en cogerle el tranquillo a la defensa de Francia, que le complicó las cosas situándose en una zona.

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Marc Gasol se lamenta durante el partido.

España no encontraba forma humana de meterles balones a los Gasol cerca del aro. Navarro dio un primer estirón y el marcador se igualó pero Francia dio la ocasión de encontrarse más a gusto en la cancha. Ibaka tiró de cuatro o cinco metros, Pau Gasol, destemplado, tenía que doblar balones pero no hacia dentro sino a posiciones intermedias ganadas por los caracoleos de los exteriores, ahora Llull, ahora Calderón.

Las canastas de España llegaban en cuentagotas y los triples brillaban por su ausencia (0 de 9 para empezar). La posibilidad de poner la directa y pillar descolocada a la defensa francesa no fraguaba dado el déficit reboteador español. El equipo de Collet cabalgaba con toda la precisión y velocidad en los movimientos de ataque de la que careció el equipo de Orenga. Tomó distancia de nuevo, 28-21, y estuvo a punto de ampliar la diferencia a 11 puntos con un triple de Batum anulado por falta previa de Gelabale.

No hubo punto de inflexión. España no carburaba, estaba jugando uno de los peores partidos que se le recuerdan en los últimos años. Francia ejercía de aguafiestas. Los malos augurios corrían de boca en boca por la grada. El tanteador, 35-28, los rebotes 25-13, los puntos en la pintura, 16-10, y un solo triple en el cuadrante español. Francia ejercía de España y España de una mala caricatura del arrollador e intratable equipo que había viajado a velocidad supersónica hasta los cuartos de final.

El equipo de Collet ganó por 13 puntos y dominó el rebote con 22 capturas más

El arrebato del equipo español tras el descanso sonó más a un último intento a la desesperada que a un plan debidamente orquestado. Francia se vio sorprendida por una seria de acciones, con un robo de balón de Ricky, una contra de Llull y algunos ramalazos de Navarro. Fue un espejismo. España se adelantó en el marcador 42-43. Collet pidió un tiempo muerto, Francia se reorganizó Diaw anotó un triple, el marcador se puso en 51-45.

Faltaban casi siete minutos. Una agonía para España. Sin ideas, sin rebote, sin tiro exterior, con la mayoría de sus jugadores fuera de foco, con Marc, Ibaka y Ricky sumando tres canastas en 21 lanzamientos. Francia, con Diaw de maestro de ceremonias, inteligente, aportando en todas las facetas del juego, con dos pívots de 22 años como Lauvergne y Goubert, y con un alero de 21 como Fournier, cantó una de las victorias más gloriosas en la historia de su baloncesto. España acabó su sueño en una pesadilla y se despidió del Mundial y de su esperado desafío ante Estados Unidos.

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