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Pioneras de plata

España logra una medalla histórica ante la inalcanzable EE UU tras un campeonato memorable que refrenda el estirón definitivo del deporte con más licencias femeninas

Las jugadoras españolas celebran la medalla de plata Ampliar foto
Las jugadoras españolas celebran la medalla de plata EFE

España perdió su primera final del Mundial frente a una inalcanzable Estados Unidos, pero se ganó la gloria de las pioneras con su emocionante viaje a la luna de la canasta. Los libros de historia lo recogerán como una gesta sin precedentes, las galerías de arte como una pieza de orfebrería en plata de ley y los registros espaciales, como un salto a la eternidad.

Fue la novena medalla del baloncesto femenino español, la más grande de todas. La alcanzó un grupo de jugadoras cargadas de talento, sobradas de recursos, rebosantes de carácter y barnizadas de orgullo, que solo encontró su límite el último día ante la grandeza de Maya Moore y Brittney Griner. La final apenas duró ocho minutos (17-24), después llegó la tormenta y la diferencia se fue hasta los 20 puntos, ahí se quedó hasta el maquillaje postrero (64-77). Las estadounidenses, que en los últimos 20 años sólo han perdido uno de sus 83 partidos disputados, son de otro planeta. Pero las españolas son ahora las mejores entre las terrícolas. Con prudencia y ambición, con un juego tan abnegado como recreativo, y con ocho emigrantes curtidas en el exilio como valor diferencial y certificado de madurez, las de Mondelo cruzaron su penúltima frontera, quedan los Juegos.

España, 64-Estados Unidos, 77

España: Laia Palau (6), Marata Xargay (2), Alba Torrens (10), Laura Nicholls (10) y Sancho Lyttle (16) —cinco inicial—; Silvia Domínguez (6), Nuria Martínez (-), Laura Gil (-), Leticia Romero (-), Leonor Rodríguez (3), Lucila Pascua y Anna Cruz (11).

Estados Unidos: Bird, Moore (18), Taurasi (6), Charles (10) y Griner (11) —cinco inicial—; Whalen (12), Augustus (10), McCoughtry (2), Sims, Stewart, Dupree (6) y Ogwumike (2).

Parciales: 17-28, 12-20, 19-19 y 16-10

Árbitros: Roberto Chiari (Italia), Jasmina Juras (Serbia) y Karen Lasuik (Canadá). Sin eliminadas.

Fenerbahçe Arena: 5.600 espectadores.

Era el sexto Mundial de España, que sólo en la cita de hace cuatro años había cruzado la barrera de cuartos, y resultó una proeza equiparable a la plata olímpica masculina de Los Ángeles ’84. La cota más alta de las mujeres en una ascensión que comenzó en 1993. Aquel año, a la estela del quinto puesto en los Juegos de Barcelona y bajo el impulso del mítico Dorna Godella bicampeón de Europa, la selección de Blanca Ares, Marina Ferragut, Betty Cebrián, Ana Belén Álvaro, Wonny Geuer y compañía se colgó el oro en el Europeo de Perugia. La primera medalla. Ocho años después, en el Europeo de Francia de 2001, llegó la segunda, la de los 28 puntos de Nieves Anula, el primero de tres bronces continentales consecutivos que inauguraron la edad de oro. Una epopeya competitiva liderada por la pasión y la clase de la mejor jugadora española de la historia: Amaya Valdemoro. A ella se le fueron sumando camadas de jugadoras talentosas. Ella capitaneó, junto a Elisa Aguilar, al equipo que el año pasado recuperó el trono continental en Francia (la sexta medalla en los siete últimos europeos).

Alba Torrens ante Brittney Griner ampliar foto
Alba Torrens ante Brittney Griner AP

En Turquía, el recorrido fue vibrante y demoledor. Rumbo a la final, cayó Japón por 24 puntos (74-50), Brasil por 27 (83-56), y la República Checa por otros 24 (67-43) en la primera fase; en cuartos, China por 16 (71-55) tras ir ganando por 29; y en semifinales, la anfitriona Turquía por 10 puntos (66-56) tras remontar siete de desventaja. Después llegó la derrota más dulce, la única de un campeonato irreprochable. Repetían convocatoria siete de las campeonas de Europa y ocho de las jugadoras que lograron el bronce mundial en 2010. La base de un equipo, con 26 años de media, que compite y se divierte junto desde edad cadete gracias al programa Siglo XXI, que desde hace tres lustros moldea a los mejores talentos bajo el método FEB. Una evolución constante para un deporte que acapara más licencias femeninas que ningún otro (cerca de 145.000, el 20% del total), el refrendo perfecto para las aspiraciones de organizar el Mundial de 2018.

Es la novena medalla, la cota más alta de un ascenso que empezó con el oro europeo en 1993

El 16 de junio de 1963, en una modesta pista al aire libre del Pabellón Deportivo de Malgrat de Mar, al norte de Barcelona, con camiseta roja, falda azul y zapatillas blancas, 13 mujeres intrépidas se reunieron para jugar frente a Suiza el primer partido de la selección española femenina de baloncesto, que llegó con 28 años de retraso respecto a la masculina. Las aventureras fueron: Mari Luz Rosales, Mari Paz Gómez de Frutos, Mari Cruz Hurtado de Mendoza, Ángela Gómez, Maribel Martínez, Antonia Gimeno, Laly Tamayo, Maribel Díez de Lastra, Pepa Senante, Teresa Pérez Villota, Luisa Puente, Montserrat Bobé y Teresa Vela, con Cholo Méndez como seleccionador. Cincuenta y un años después, España se puso el mundo por montera en Estambul y alcanzó la medalla más importante de su historia. Laia Palau, Alba Torrens, Marta Xargay, Laura Nicholls, Sancho Lyttle, Silvia Domínguez, Anna Cruz, Nuria Martínez, Laura Gil, Lucila Pascua, Leonor Rodríguez y Leticia Romero, con Lucas Mondelo al frente de la pizarra, escribieron su nombre en la leyenda con una plata conmovedora.

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