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El orgullo herido lleva a Purito Rodríguez a la victoria

El español se impone en el Plateau de Beille, donde Froome resiste a todos los ataques

Purito Rodríguez vence en Plateau de Beille.
Purito Rodríguez vence en Plateau de Beille. REUTERS

Truena, y luego cae el pedrisco violento, chocando contra las tierras meteoritos de hielo del tamaño de huevos de codorniz, como se decía antaño, cuando los labradores se refugiaban en las iglesias rezando el rosario, y los Pirineos parecen temblar. Los campos verdes de maíz se desgarran, los campesinos maldicen y, empapados, los ciclistas sonríen, otros incluso parecen dispuestos a ponerse a bailar sobre la bicicleta. La temperatura ha bajado, ha desaparecido el efecto horno y la ascensión a Plateau de Beille, el puerto más duro de los Pirineos, asemeja una romería, un festival, en el que, como si compusieran una banda de jazz sobre ruedas improvisando a ritmo seguramente de cumbia o samba, cada uno de los grandes tiene derecho a un solo, y a los aplausos correspondientes. Froome, de amarillo boss sobre todos, sus segundos marcando el ritmo, y Purito, un mundo por delante. Y todos miran a los Alpes, que llegan el próximo miércoles, con una mirada diferente, con una cierta esperanza.

Un ciclista, un campeón, está hecho de sus músculos y de su corazón, de sus piernas y de su cabeza, y, sobre todo, de su orgullo. Purito llegó a Utrecht pensando que podía ganar el Tour; entrenándose en junio camino de Plateau de Beille, por las mismas carreteras y puertos que atravesó en su fuga absoluta, soñaba con ganar en lo alto del puerto, solo y de amarillo. Ganó en el muro de Huy y su figura diminuta se engrandeció. Ya se contaba entre los grandes, hasta que el primer día de los Pirineos, la fundición de Soudet, acabó con sus esperanzas, pero no con su deseo. Inteligentemente, para ser un ciclista libre el resto del Tour, el miércoles perdió más tiempo camino de Cauterets y cuando entró camino del Plateau en la gran fuga del día, nadie puso impedimento. Ganó porque era el mejor de los que 22 que comenzaron la aventura; ganó porque el Sky de Froome, que también tiene cabeza a veces, renunció a atar corta la escapada y les permitieron iniciarla con más de 11 minutos de ventaja; ganó porque quería ganarla, porque su orgullo no le permitiría mirarse al espejo de nuevo si no lo conseguía.

“Tengo muy mala suerte en las grandes citas. He perdido una Vuelta, un Giro y un Mundial siendo el más fuerte, pero el ciclismo es así”, dijo, filósofo, el veterano catalán. “Llegas al 100 % y fallas un día y todo se acaba. No estoy al nivel de Nairo o Froome, pero la sensación no es tan mala”. La victoria en el Plateau de Beille es la tercera de Purito Rodríguez, de 36 años, en sus Tours: la primera la consiguió en 2010, ante Contador, en la subida a Mende, donde el Tour llega el sábado.

Un par de kilómetros detrás, bajo la misma lluvia que todo lo empapaba y hacía renacer, los canes cerberos de Froome, Richie el australiano y Geraint el galés, exhibían sus colmillos y su suficiencia ante los valientes que se atrevían a retar al jefe. Grandes del ciclismo como Contador, el más contento por la lluvia que limpia el ambiente, que mata el calor, que acaba con la alergia y las piernas hinchadas, o Nibali, a quien su querido amo, el terrible Vinokúrov, insulta cotidianamente para hacerle reaccionar, se supone, atacaron mediada la ascensión. Froome, el tercero en la línea, ni se inmutó; tampoco el segundo, el galés Thomas, y el primero, el australiano Porte ni siquiera se dignó a levantar el culo del sillín para acelerar la marcha y mantener los ataques a tiro. Solo cedió Porte cuando fue el turno de Valverde en el carrusel que parecía coordinado de ataques. Y solo se movió Froome cuando a Nairo, al que teme, le llegó el turno. Le respondió al colombiano y le quiso devolver el ataque poco después, lo que acabó constituyéndose en su gran error táctico. Con su estilo inigualable, pero sin su fuerza del Soudet, Froome se puso de pie y aceleró, y no consiguió soltar a Nairo, quien no dudó en pegarse a su rueda, ni tampoco a Valverde ni a Contador, ni siquiera a TJ, el resistente. Ni siquiera a su Geraint, que sigue quinto en la general.

Y esto, el hecho de que el intocable Froome hubiera intentado y no hubiera podido remachar el Tour en los Pirineos, devolvió la sonrisa y la esperanza a los rivales, que sueñan con los Alpes a lo grande. “La lectura de lo ocurrido tiene que ser positiva”, dice José Luis Arrieta, el director del Movistar de Quintana, quien no quería rendirse al desaliento al comprobar con qué soltura los segundos de Froome defienden a su líder, lo difícil que será aislarlo. “Era un día en el que Froome podía habernos metido más tiempo y no lo ha hecho. Ya es para estar contentos”.

Giuseppe Martinelli, el director oficial de Nibali, viaja en el asiento trasero, en el huequecito que le deja el mecánico, de un coche que conduce un kazajo con Vinokúrov de copiloto. Pese a ello, tiene opinión y sabiduría. Y aunque cree que su Nibali lo tendrá complicado para llegar siquiera al podio, no piensa que deba dejar de luchar. “El Tour no está acabado”, dice. “A partir de ahora será más difícil que nunca para Froome porque, como se ha visto, será el Tour de uno contra todos”.

Los cascos amarillos y el agua

Gracias a la inclusión en la fuga de Gorka Izagirre y a la buena actuación de Quintana y Valverde, el Movistar de Eusebio Unzue es el nuevo líder de la clasificación por equipos, pero la noticia le sentó al director navarro tan mal como un dolor de muelas. “Sí, líderes y nos pondrán el casco amarillo, con lo que romperemos con los colores corporativos”, dijo Unzue, siempre atento a respetar el verde y el azul de la empresa que le patrocina. “Siento más la retirada de Dowsett, que nos impedirá un año más llegar con el equipo completo a París”. Y aunque la mayoría del pelotón recibió con alegría la lluvia, hubo dos a los que no les hizo mucha gracia. Contador habló a favor de los prodiluvio. “Me encanta la lluvia”, dijo todo sonriente el ciclista de Pinto, quien dijo que había que “mover el árbol”, aunque lamentó el viento de cara que le frenó. “Prefiero el calor”, dijeron, por separado, Froome y Valverde, aunque el español con mejor cara, pues había logrado sacarle un segundo en el sprint por la novena plaza.

Quien es isotermo, a quien le da igual el frío que el calor, la lluvia que la nieve o el granizo, es Nairo Quintana, junto con Contador el más sonriente al terminar un día en el que fue capaz de atacar, y de resistir los contraataques, al líder Froome. “Creo que mi nivel actual no va a bajar en lo que queda de Tour”, dijo el ciclista colombiano, tercero en la general, a 3m 9s del británico. “Y considero que con este nivel se pueden hacer cosas buenas. Seguiremos intentándolo, seguimos soñando”. No pareció, sin embargo, muy impresionado Froome, quien no consideró muy explosivos los ataques de Quintana y que destacó cómo sus Porte y Thomas los pudieron secar. “Pero no me confío”, dijo el líder. “TJ, Quintana, Contador… todos los que están en la frontera de los cuatro minutos merecen respeto”.

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