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Bebés que traen medallas bajo el brazo

Son la excepción, pero cada vez más deportistas de élite compaginan maternidad y competición. Casi todas siguen entrenando en el embarazo. Muchas incluso mejoran sus resultados

Teresa Portela con su hija Naira en Pontevedra.

“Realmente, nunca pensé que pudiera ganar”, confiesa Jessica Ennis-Hill, la atleta británica de 29 años que apenas 13 meses después de haber dado a luz a su hijo Reggie obtuvo el oro en heptalón [100 metros vallas, salto de altura, de longitud, lanzamiento de peso, de jabalina, 200 metros lisos y 800 metros] en los Mundiales de Pekín del pasado verano. “Si en marzo, cuando estaba luchando para recuperar mi forma física, me hubieran dicho que en agosto iba a ser campeona del mundo, no me lo habría creído”.

Ennis-Hill es una de las pocas deportistas de élite que deciden compaginar maternidad y competición. Ellas son aún la excepción porque la mayoría espera a retirarse por miedo a perjudicar sus carreras, pero cada vez son más, y muchos de esos bebés han traído medallas bajo el brazo. En España, la nadadora paralímpica Teresa Perales, la regatista Marina Alabau, la atleta Natalia Rodríguez y las piragüistas Teresa Portela y Maialen Chourraut, por ejemplo, han mantenido su nivel o incluso mejorado sus resultados después del parto.

Ayudas por nacimiento para el deporte de alto nivel

N.J.

El Consejo Superior de Deportes (CSD) convocó en 2014 las primeras ayudas para madres deportistas de alto nivel. “Recibimos seis solicitudes y entregamos a cada una de ellas 3.000 euros”, explica Susana Pérez Amor, subdirectora general del Programa Mujer y Deporte del CSD. También otorgaron otros 8.600 euros para cuidado de hijos. Este año las solicitudes se duplicaron (de 6 a 13): 37.530 euros por nacimientos y 20.000 por guarderías. “Cada madre recibió 2.502 euros como máximo por nacimiento porque, pese a duplicar el presupuesto, hubo más de los que habíamos previsto”, explica Amor.

Solo las deportistas de alto nivel (medallistas) pueden acceder a las ayudas por nacimiento. En el caso de la subvención para cuidador o guardería pueden solicitarla las de alto rendimiento (las que forman parte de la selección nacional). La regatista Alabau, que se benefició de ambas, cree que ese apoyo económico debería ampliarse “para que también pudieran beneficiarse mujeres que están en un nivel anterior, en el proceso de convertirse en medallistas”. Pérez Amor afirma que esas ayudas “son para que las deportistas que han tenido éxito no se retiren”, pero añade que les “gustaría” ampliarlas y que han encargado un estudio al respecto.

“Cuando me planteé ser madre, la idea que tenía era retirarme. Los casos que conocía eran de compañeras que dejaban el deporte para formar una familia. Me veía embarazada, con 11 kilos más, y dudaba que mi cuerpo volviera a ser el que era”, recuerda la palista gallega Teresa Portela, de 33 años. Finalmente, decidió probar. Su barriga fue creciendo dentro de la piragua hasta que en el séptimo mes de embarazo continuó su entrenamiento, pero ya en tierra. Hoy se presenta así en su perfil de Twitter: “Olímpica en Sidney, Atenas, Pekín y Londres. Cuatro diplomas olímpicos, 32 medallas en Europeos y Mundiales. Estaré en los Juegos de Río 2016. Pero sobre todo, mamá”.

Sobre todo mamá porque esta disciplinada deportista supo por primera vez en su vida lo que era ir a entrenar después de una noche sin dormir hace 18 meses, cuando nació Naira. “Me cuesta mucho separarme de ella”. David Mascato, su marido, expiragüista olímpico, suele llevársela a los entrenamientos. Cuando Portela le pide que le acerque la pala, la niña, con una naturalidad pasmosa, le acerca una bolsa tres veces más grande que ella. “También la llevamos a las competiciones. Ya ha estado en República Checa, Alemania, Italia y Portugal”.

Una vez tomada la decisión de ser madres, las deportistas de élite hacen matemáticas; precisos cálculos para que la maternidad afecte lo menos posible al calendario que rige sus vidas: el de los Juegos Olímpicos. “Tenía que quedarme embarazada justo después de los Juegos para que me diera tiempo a recuperarme y estar en plena forma para el año anterior a los siguientes, que es cuando te clasificas”, explica la piragüista Maialen Chourraut, medalla de bronce en Londres en 2012 y madre de Ane, nacida en un parto por cesárea en junio de 2013. “Si no lo programas así, te pilla el toro y tienes que esperar cuatro años más. Yo no quería hacerlo porque además, mi marido es cinco años mayor que yo. Era el momento”, añade la regatista Marina Alabau, de 30 años. “Todo fue muy bien. Tuve a la niña en septiembre de 2013 y mi temporada de 2014 fue de las mejores”.

La piragüista Maialen Chourraut, con su hija Ane.
La piragüista Maialen Chourraut, con su hija Ane.

Hasta cuándo entrenar

“Continuar el entrenamiento durante el embarazo es clave para poder volver”, explica José Naranjo, profesor de fisiología del ejercicio de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y asesor de la campeona mundial de piragüismo (2002) Beatriz Manchón durante su periodo de gestación, en 2007. “Estaba obligada a competir tres meses después del parto para poder ir a los siguientes Juegos así que era muy importante que no perdiera forma física”.

Naranjo recuerda, a modo de broma, que cuando ella le preguntó hasta cuándo iba a poder seguir entrenando, él le contestó: “Hasta que dejes de caber en la piragua”, pero lo cierto es que al buscar bibliografía sobre gestación y deporte de alta competición comprobó que no había casi nada escrito. “Nos pusimos de acuerdo con su ginecólogo e hicimos controles exhaustivos cada mes. Al final Beatriz estuvo entrenando hasta tres semanas antes del parto”.

El Comité Olímpico Internacional (COI) acaba de invitar a su cuartel general en Suiza a 16 expertos con el objetivo de intercambiar opiniones y elaborar una guía definitiva con recomendaciones para las deportistas de élite durante el embarazo y la recuperación posterior. Los resultados se presentarán en primavera.

Mientras llegan las guías oficiales, estas mujeres han ido improvisando su ritmo de entrenamiento sobre la marcha. Portela contaba con la ventaja de haber realizado su trabajo de fin de carrera (estudió fisioterapia), precisamente sobre el ejercicio físico durante el embarazo, aunque ve inevitable que algunos se lleven las manos a la cabeza cuando ven a una barriga de siete meses meterse en una piragua: “Aún hay quien piensa que un embarazo es como estar enferma”.

La regatista Marina Alabau, con su hija Marta, nacida en septiembre de 2013.
La regatista Marina Alabau, con su hija Marta, nacida en septiembre de 2013.

“Dos días antes de nacer Ane yo estaba remando”, recuerda la piragüista Maialen Chourraut. Sin embargo, la regatista Marina Alabau confiesa que para ella el embarazo fue “como unas vacaciones”. “Hasta los tres meses, navegaba un poquito, pero luego no hice nada, casi ni lo mínimo recomendado para una embarazada. Cogí 13 kilos y cuando volví a competir aún tenía seis más de mi peso habitual, pero mi deporte es sobre todo experiencia, y a veces la fuerza no es tan importante”.

“Hay que adaptar el entrenamiento a cada caso y disciplina deportiva”, afirma Naranjo. Preguntado por la polémica imagen de la atleta estadounidense Alysia Montaño compitiendo en una carrera de 800 metros en su octavo mes de gestación, en 2014, responde: “No lo aconsejaría. En ese momento hay ya unas limitaciones físicas importantes”.

Juan de Dios, del Centro Andaluz de Medicina del Deporte, recuerda que el embarazo ha llegado a “utilizarse como método de dopaje” para aprovechar los efectos hormonales positivos durante el primer trimestre de gestación, —“el aumento de la Hormona Coriónica Humana induce un aumento de la testosterona y permite aumentar la masa muscular”— e inducir posteriormente un aborto. Fue una de las muchas aberraciones practicadas en la antigua República Democrática Alemana (RDA), donde el dopaje de Estado adoptó múltiples formas: desde provocar embarazos y posteriores abortos para aprovechar el mayor rendimiento durante las primeras semanas de gestación, hasta atiborrar a sus deportistas a anabolizantes que impidieron a muchas de ellas tener hijos o provocaron que los de otras nacieran muertos o ciegos.

“Bichos raros”

Preguntadas por si animarían a otras medallistas a imitarlas y no renunciar a la maternidad mientras siguen en activo, la mayoría de las deportistas consultadas para este reportaje dicen que sí, pero advierten que no es fácil. “El año siguiente a tener a Ane fue bastante duro. Tenía sensaciones muy duras. Me costó volver al nivel de antes”, explica Chourraut.

Beatriz Martínez, directora del área de Salud y Deporte de la Universidad Europea de Madrid, entrevistó a 20 mujeres para elaborar su tesis, La vivencia del embarazo en las deportistas de élite (2012). La edad media de las participantes era de 37,5 años; 11 tenían solo un hijo y apenas un 15% vivía del deporte, el resto lo compaginaba con otra actividad laboral. “Era común la preocupación por qué pasaría tras el parto y que la gente les hiciera sentir mal por correr con el tripón. Socialmente a veces parece que el deporte es un hobby, no una profesión, cuando se trata de mujeres deportistas. Son una especie de bichos raros”, explica Martínez.

Muchas cuentan con la ventaja de tener un marido o pareja que es a la vez su entrenador y entiende sus horarios. Desde 2014 pueden solicitar las ayudas por nacimiento (hasta 3.000 euros) y para cuidado del hijo (máximo de 1.100) del Consejo Superior de Deportes. Pero aunque en algunos aspectos su embarazo sea peculiar — no es lo mismo que las náuseas surjan en una oficina a que te sorprendan en mitad del oleaje—, en muchos otros comparten las mismas sensaciones que cualquier otra madre, como la culpa al separarse de sus hijos para atender sus obligaciones profesionales. “Cuando voy a competir y dejamos a la niña con mi madre”, explica Alabau, “me siento fatal porque al volver te mira con cara de 'Me has abandonado. ¡Le da igual que le lleves una medalla!”.

La sombra del dopaje

N. J.

Diez meses después de dar a luz a su hija, ganó el maratón de Nueva York. Era 2007 y la veterana atleta británica Paula Radcliffe, campeona del mundo en 2005, había cumplido ya los 33 años. El pasado abril, a los 41, tras haber sido madre por segunda vez, se retiraba definitivamente en el maratón de Londres. Llegó a la meta 13 minutos después de la ganadora, pero eso no impidió que se llevara la mayor ovación.Una despedida dulce que amargó poco después la sombra del dopaje. Su nombre figura en la lista de 800 atletas con pruebas sanguíneas sospechosas filtradas al diario británicoSunday Timesy la televisión alemana ADR. Radcliffe, que siempre hizo campaña por el deporte limpio, niega las acusaciones, pero rechaza publicar sus análisis.

La atleta española Marta Domínguez, que fue madre en 2011, espera la decisión del Tribunal Arbitral del Deporte sobre su caso. La Agencia Mundial Antidopaje y la Federación Internacional de Atletismo piden para ella cuatro años de sanción por dopaje y la retirada de los títulos conseguidos desde agosto de 2009, entre ellos, un oro mundial y la plata de los europeos de 2010.

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