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Cristiano, más límites, más goles

Cristiano bate sus registros anotadores cuando más barreras encuentra. Nunca hizo tantos goles (48) para ganar la Bota de Oro

Cristiano gana su cuarta Bota de Oro Ampliar foto
Cristiano posa con las cuatro Botas de Oro. Getty

“No he visto bien a Cristiano”, decía un jugador del Atlético después del último derbi (1-1). Cuando directivos y futbolistas, rivales y compañeros, examinan la progresión de Cristiano Ronaldo, suelen hacer juicios severos. Observan que ya no regatea como antes; que a veces juega con dolor; que los defensas —apunta uno de sus compañeros— han aprendido a neutralizar su finta esperándole en lugar de encimándole.

Los 30 años no han pasado en vano para el portugués. Pero él ha respondido reinventándose. Concretándose. Aprendiendo a tocar el balón lo menos posible para hacerlo con más eficacia. A fuerza de astucia, se empeña en demostrar con cifras que los diagnósticos están equivocados. Así conquistó su cuarta Bota de Oro europea. La recogió ayer en un hotel de Madrid con la sonrisa de quien se ufana de haber metido 48 goles en la última Liga.

Cristiano comenzó la temporada 2014-15 con una ostensible cojera. Renqueaba cuando llegó a la concentración del Madrid en Estados Unidos en el verano de 2014 y debió descansar un mes para aliviar la tendinitis de rodilla que le martirizaba desde marzo. Tal vez no volvió a ser el mismo jugador. Pero siguió metiendo goles. Más goles que nunca. Sus 48 goles en el último campeonato de Liga suponen un récord personal después de seis temporadas en el Madrid.

Contra los límites que le ha presentado el desgaste físico y los adversarios, el máximo goleador histórico madridista exhibe una progresión anotadora muy visible en la secuencia de Ligas disputadas desde 2009, cuando llegó al club: 26, 40, 46, 34, 31 y 48. Su optimismo no decae: “No estoy satisfecho; ahora quiero la quinta y la sexta Bota de Oro”.

El portugués sufre el declive físico y los rivales han aprendido a marcarlo

La insatisfacción es evidente. Mientras no gana algo, cosa siempre excepcional en el deporte, Cristiano parece un hombre atormentado. Le obsesionan las marcas y los honores individuales. Su cuarta Bota de Oro es un buen aliciente porque significa que supera a Messi, su gran adversario, en un punto. El argentino contabiliza tres de estos títulos. Pero ganó el último en 2013 y desde entonces, entre lesiones y crisis existenciales, se muestra más inclinado a organizar el juego que a definir las jugadas.

Messi se quedó en 43 goles en la última Liga, seguido de Lacazette, del Lyon (27), Agüero, del City (26), Griezmann, del Atlético (22), Neymar, del Barça (22), y Toni, del Verona (22) en la lista de máximos goleadores de las principales Ligas europeas.

Esta temporada Cristiano afronta un nuevo desafío. “Ahora juego más en punta”, dice, “que no es mi puesto preferido”. Él atribuye el cambio a su entrenador, Rafa Benítez. El técnico le rinde pleitesía en público, pero la relación no es la mejor posible por las suspicacias mutuas. A diferencia de Pellegrini, Mourinho y Ancelotti, sus tres anteriores técnicos, Benítez no parece predispuesto a condicionar tanto al equipo en favor del goleador.

Las apuestas vuelven a ponerse en su contra. Pero Cristiano siempre se las ha ingeniado para desmontar las previsiones más negras sobre su futuro productivo.

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