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El Atlético revienta al Rayo gracias a Thomas

El canterano del Atlético cambió el partido y asistió a Correa, que abrió el marcador en el minuto 88 cuando ya se intuía el empate

Correa y Thomas celebran el gol del argentino. AFP

Dos latigazos sobre la bocina, con Thomas, Correa y Jackson, los tres cambios introducidos por Simeone para romper el empate, destrozaron a un buen Rayo. Fue a partir de Thomas, el cuarto canterano de ese centro del campo que formaron Koke, Saúl y Óliver, cuando el Atlético se estabilizó para poder romper el empate que se intuía. La jugada con la que rompió al Rayo describe al chico, meritorio desde pretemporada. Arrancó con potencia para romper línea, combinó con Saúl y terminó por asistir a esa revolución callejera que es Correa. En cada minuto que le ha concedido Simeone, Thomas se ha hecho acreedor de un sitio en el plantel que ahora peligra ante la llegada de Augusto Fernández y Kranevitter. El Getafe y el propio Rayo estaban esperando hasta ayer la decisión final. Puede que esa jugada, que la propia ascendencia que tuvo en el juego para equilibrar a su equipo y verticalizarle, signifique que no haya una cesión en el mercado invernal.

RAYO, 0; ATLÉTICO, 2

Rayo: Yoel; Quini, Llorente (Miku, m.88),Zé Castro, Chechu Dorado (Zhang, m.80); Pablo Hernández, Jozabed, Trashorras, Lass (Bebé, m.70); Javi Guerra y Manucho.No utilizados: Juan Carlos, Montiel, Akieme y Embarba.

Atlético: Oblak; Juanfran, Giménez, Godín, Gámez; Óliver (Correa, m.58), Koke, Saúl, Carrasco (Jackson, m.69); Griezmann y Fernando Torres (Thomas, m.61). No utilizados: Moyà, Siqueira, Savic y Vietto.</MC>

Goles: 0-1. M. 88. Correa. 0-2. M. 90 Griezmann 0-2.</MC>

Árbitro: Sánchez Martínez. Amonestó a Yoel, Llorente, Zé Castro, Torres, Gámez y Giménez.

12.315 en el estadio de Vallecas.

Si Correa estuvo ratonero para definir, Jackson primero contribuyó con su juego de espaldas a que el Atlético retomara el control cerca del área local. La asistencia que le puso a Griezmann fue un prodigio de técnica. Un pase que dejó al francés con todas las condiciones favorables para ajusticiar a un gran Yoel con una delicada vaselina. En un minuto electrizante, el Atlético pudo seguir enganchado a la cabeza de la tabla.

Los tantos fueron dos golpes rotundos que no silenciaron Vallecas, que calla desde hace varias jornadas. Vallecas en silencio es antinatural, una intrahistoria entristecedora. El hervor de sus calles, que se extrapolaba a las gradas del vetusto estadio, es ahora una seña de identidad perdida por el conflicto entre afición y directiva.

El Rayo quiso plantar cara al Atlético con una defensa de tres centrales, montada por su entrenador por la retahíla de bajas. La presencia de Manucho y Javi Guerra arriba pareció más un mero recurso que una creencia verdadera. Enfrente, Simeone se olvidó del 4-4-2. No se atrevió de inicio a darle ni a Saúl ni a Koke la dovela del 4-3-3. Prefirió juntarlos a los dos en el centro, con Óliver y Carrasco en las bandas. Sin Tiago, parece que en el medio por delante de la defensa solo le vale Gabi y habrá que ver si Augusto.

Acierto en los cambios

De salida fue el Atlético el que pareció tener más claro los caminos del gol. Jugó a saltarse líneas con balones largos a la espalda de Quini, que padeció la velocidad de Carrasco en las diagonales. Con esa trama, el belga se plantó dos veces solo ante Yoel. El primer disparo lo cruzó demasiado y el segundo lo manoteó a córner en una gran estirada. Tras ese par de amenazas de Carrasco, el siguiente turno fue para Torres. Óliver, en su única acción destacable, le puso un balón a la espalda de Zé Castro y su disparo se topó con el espléndido Yoel. En esa primera media hora tuvo el Atlético la posibilidad de cerrar el partido. No lo hizo y observó el crecimiento del Rayo, que se prolongó hasta bien entrado el segundo tiempo.

El primer cambio de Simeone fue Óliver, que últimamente no acaba de encontrarse ni por derecha ni por izquierda. Necesita más balón y por ahí se complica su entrada definitiva en el once. Correa empezó a agitar el partido para los suyos con más intenciones que efectividad, mientras el Rayo seguía con ese juego atrevido de circulaciones que, por momentos, descompusieron al Atlético. Oblak tuvo que intervenir a un disparo de Lass y vio el balón cerca de su área con frecuencia. Hasta que entró Thomas y robusteció el centro del campo. Fue ya un Atlético más volcado, con llegadas dañinas. Saúl no culminó uno de sus descuelgues y Godín, con dos cabezazos, uno al larguero, avisaron de lo que estaba por llegar. Thomas reventando al Rayo a la carrera y Correa rematándolo.