El Madrid se queda corto en Valencia

Los de Benítez, con actitud y coraje, mejoran en Mestalla, pero no pasan del empate ante un rival más intenso que sutil que jugó con uno más los últimos veinte minutos

El día que menos le faltó, el Madrid se quedó corto. De Valencia se fue con un punto de frustración tras un partido en el que tuvo control, periodos de buen juego, mucho coraje, actitud y algo de infortunio arbitral. En un duelo macho, salvo en los dos tramos finales de cada periodo, tuvo al Valencia más bien refugiado, incluso cuando se quedó con diez por la expulsión de Kovacic. En un cierre vibrante, Negredo le pudo condenar, pero aun con diez Bale y CR tuvieron el broche triunfal a un paso. En Mestalla, el Madrid tuvo poco que reprocharse, salvo que aflojara en el anochecer del primer acto. El Valencia todavía no está cuajado, debe perfilar qué quiere ser. Se fajó, tuvo más intensidad que soltura, pero contribuyó a un choque de altura.

En busca del santo equilibrio, Benítez es consciente de que el agujero lo tiene en el medio, la zona en la que gravita el juego. Por ahí han transitado Casemiro, Isco, James, Lucas, Kovacic, Modric, Kroos... Esta vez, a la noria se subieron los tres últimos. Kovacic le tomó la delantera a James, más lanzado en el asfalto que en el césped, y a Isco, que hoy cuenta poco para el míster.

Y fue precisamente Kovacic quien simbolizó la primera media hora de los visitantes: un equipo ordenado y más laborioso que de costumbre. Sin el ingenio de Isco y James, eso fue el croata hasta que se pasó de frenada y fue expulsado, un futbolista metódico y esforzado. Suficiente para que el Madrid tuviera el mandato del partido. Sometido el Valencia, corre que corre sin cazar la pelota, los de Benítez encontraron a su jugador bandera, un estupendo Benzema, artista con el balón, brioso sin él y siempre una solución para todos. Sobre Benzema pivotaba el Madrid hasta que el francés puso el broche a una jugada de museo. Fue algo más que un golazo, más bien un do de pecho solo al alcance de tres genios. Benzema batalló por la pelota, conectó con Bale, que se sacó de la chistera un taconazo para Cristiano con los ojos en la coronilla. El portugués, justo en el balcón del área, fue Laudrup y dio el pase del tuerto a Benzema, que ajustó el remate al rincón derecho de Domenech. Los tres merecieron los pañuelos del respetable.

En desventaja tardó en espabilar el Valencia del novel Gary Neville. El inglés quiso bloquear al Madrid con cinco centrocampistas, más preocupado de cortocircuitar al rival que de ir al asalto. Imposible cuando en el área de Navas solo anidaba Paco Alcácer. Cierto que el Madrid tuvo más discurso con el balón que ocasiones de gol, pero los locales apenas tuvieron dictado ofensivo salvo en algunas jugadas por el aire, como un cabezazo de Parejo y otro de Cancelo. Hasta que André Gomes soltó las correas a los suyos y con un par de aventuras estiró a los valencianistas. Con la corneta del portugués, llegó el empate. Pepe le atropelló de mala manera en una incursión hacia Navas. Unos segundos antes, Bale, con toda justicia, había reclamado un penalti de Orbán. En esta ocasión, al Madrid le salió cruz. Parejo acertó con el lanzamiento y el Real se fue al descanso con la sensación de haber dado vidilla a su adversario. No son pocas las veces que el Madrid pierde el hilo en fases del juego.

Alcácer anula el gol de Bale

El partido requería otra marcha más y lo entendieron los de Benítez, más ofensivos tras el intervalo, y siempre con Benzema al frente. Bien cosido por Kroos, el equipo encontró a Marcelo como ventilador, a la causa se añadieron Modric y Bale. No tanto CR. De un Madrid mandón a un Madrid pujante. Al Valencia le costaba un mundo conectar a Alcácer con su columna de medios y volantes. Los de Neville, más preocupados por su espalda que por dar la lata a los zagueros madridistas. Un conjunto demasiado contenido.

En el mejor momento del Madrid. CR demandó un penalti por empujón de Abdenour, un flan toda la noche. El luso tenía muchos menos motivos para la protesta de los que había tenido Bale ante Orbán, pero en estos tiempos arbitrales tan confusos cualquier cosa podría haber sucedido. Lo que ocurrió fue que en un suspiro, Kovacic se pasó de impetuoso y dio un tremendo estacazo a Cancelo. Tarjeta roja, justa sentencia. Quedaban más de veinte minutos, pero no se arrugó el Madrid, ni tampoco se animó el Valencia, que siguió a lo suyo. Bale, con un gran cabezazo, certificó la ambición visitante. Pero de nuevo le frustró un episodio inmediato, esta vez el empate de Alcácer en su primera oportunidad de la noche. Un chasco para el Real, que en Mestalla, con un final trepidante, mereció más. No fue una maravilla, pero sí un equipo más redondo.

 

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