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Osama Abdul Mohsen: “Solo le pido a la vida reunirme con mi familia”

El refugiado sirio, zancadilleado en Hungría y residente en Madrid, vuelve a entrenar gracias a una iniciativa solidaria

Osama Abdul Mohsen nunca destacó como futbolista profesional. Jugó en Al-Fotuwa, de la Premier League de Siria, hasta que el sentido común lo llevó rumbo a la universidad y se graduó en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Sin embargo, no se olvidó del fútbol y comenzó su carrera como entrenador. El Al-Fotuwa, recordó a Mohsen, aquel enganche bajito, de técnica limitada pero de ilimitada pasión por la pelota, y lo pescó para su banquillo. Osama no sabe cuántas patadas tuvo que regatear como futbolista; en cambio, tiene muy presente la zancadilla de Petra Laszlo, la periodista que lo derribó cuando intentaba cruzar la frontera rumbo a Europa con su hijo en brazos. “No quiero contar mis angustias personales, solo quiero decirles que tengo el corazón lleno de agradecimiento”, cuenta Abdul Mohsen. Su angustia es porque tiene a su familia partida, una mitad en Turquía y la otra, junto a él, en Madrid. Está agradecido por volver a sentarse en un banquillo. Ayer en Gols pels refugiats, una iniciativa solidaria, dirigió al Villaverde Boetticher frente al Sant Cugat Esport (1-1).

Mohsen, durante el partido amistoso.

Mohsen tenía una vida cómoda. Vivía, junto a su mujer y sus cuatro hijos, en la ciudad siria oriental de Deir Ezzor, cuando estalló la guerra en Siria en 2011. Fue torturado por el régimen de Bachar el Asad y vio cómo su país se dividía; sin embargo, aguantaba. Hasta que un día dijo basta. Estalló una bomba al lado de su casa y al salir encontró a su vecina con su hija muerta en brazos. “Por favor, ayúdeme a enterrarla”, le suplicó. Cuando regresó a su casa le dijo a su mujer: “Mañana por la mañana nos vamos”. Pagó 1.000 euros para cruzar en barco a Turquía con toda su familia. Pero con 10 euros en el bolsillo por día, la vida se le hizo muy dura. “Por los hijos y la familia vale la pena sacrificarlo todo. Por ellos vale la pena salir de la zona de confort. Creo en Dios y esa fe me tranquiliza en momentos de sufrimiento”, explica Osama.

Decidió dejar a su mujer y a sus dos hijos en Turquía y emprender rumbo con destino a Alemania, cuando el 8 de septiembre la zancadilla de la periodista Petra Laszlo lo puso en los televisores de todo el mundo. Su historia conmovió, especialmente, a Miguel Ángel Galán, presidente de Cenafe Escuelas. “La nuestra es una historia de solidaridad, pero también fichamos a gran talento para el Cenafe. Él posee muy buenos conceptos de fútbol”, dice Galán. “Además”, añade; “sabe inglés, árabe, ahora está aprendiendo castellano. Tiene un futuro muy esperanzador”. “Cuando entrenas a un equipo profesional es poco lo que le puedes enseñar a un futbolista técnicamente, la clave para tener un conjunto exitoso es la comunicación, entre los jugadores y con el entrenador”, explica Mohsen. “Por eso me encanta Vicente del Bosque, me hice aficionado del Madrid por él, por su manera de trabajar y por sus valores”, completa el entrenador sirio, que tuvo la oportunidad de conocer al técnico de La Roja.

Mientras espera por el asilo oficial, y así podrá reunir a su familia, ayer, por un rato, Osama se volvió a sentir entrenador. La iniciativa del Ayuntamiento de Sant Cugat, de la Universidad Ramon Llull, de la ONG CESAL y del Cenafe, lo puso al frente del Villaverde. “Fue increíble el trato de los jugadores y de todos los entrenadores. Ahora, solo único que le pido a la vida es reunirme con mi familia”, explica Mohsen. Ya le falta menos. “Hay situaciones en la vida en la que estás en un punto límite, es en ese momento cuando tiene que salir lo que tienes dentro de ti. Hay una frase muy bonita del Corán que dice: ‘Dios está con aquellos que son pacientes’. La tengo muy presente”. Ya pasó lo peor, ahora Osama espera, paciente, por su familia.