2015 y la muerte de Vroman

Muchos aficionados pensarán que fue el de los Warriors, otros se acordarán de la muerte de Anthony Mason. Yo sólo lo recordaré como el año en que perdí a mi amigo, un tipo perfectamente imperfecto

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La NBA nos dio muchas razones para ser felices durante 2015. El campeonato de los Warriors. La racha de imbatibilidad de los Warriors. Stephen Curry y los Warriors. Vale, la mayoría de lo bueno tiene que ver con los Warriors.

Pero no todo fueron alegrías y canastas imposibles. Daryl Dawkins, Meadowlark Lemon, Moses Malone, Anthony Mason, Flip Saunders y Dolph Schayes enfilaron su camino hacia el gran vestuario del cielo.

Aunque sus muertes no fueron lo peor del año. Al menos para mí.

Siempre tuve la impresión de que jugaba buscando la aceptación del resto y esa sensación no cambió cuando dejó de jugar

En verano recibí la llamada de otro ex jugador para decirme que nuestro amigo común Jackson Vroman había fallecido. Tenía 34 años.

Mantenía con él una relación mucho más estrecha que con la mayoría de mis ex compañeros. Estudiamos en la misma universidad, compartimos vestuario fugazmente en los Suns y nuestros caminos se cruzaron en Europa. De hecho, coincidimos en España, él en Girona y yo en Menorca. Después de jugar nos fuimos a comer juntos y recuerdo cómo me maravilló su manera de disfrutar de la vida. Me contó que vivía en la antigua casa de Lance Armstrong y que tenía un Ford Mustang que había traído de EEUU.

La última vez que coincidimos fue en un club de Los Ángeles. No encontraba al mismo amigo que tiempo después me informaría de la muerte de Jackson y estaba a punto de darme por vencido cuando un brazo largo y delgado que salió de la nada me agarró. Era Jackson, claro, que tiraba de mí para presentarme a sus amigos. Consiguió que me sintiese en casa en un lugar extraño, como hacía siempre con todo el mundo.

Pero su magnánima forma de entender la vida era sólo otra faceta más de su personalidad. También había un lado oscuro. Siempre tuve la impresión de que jugaba buscando la aceptación del resto y esa sensación no cambió cuando dejó de jugar. Su cuenta de Instagram da fe de que viajaba y se divertía a tope. También de cómo le encantaba tontear con modelos y estrellas del pop. Subía fotos de una forma casi compulsiva.

De modo que, cuando me llamaron para darme la mala noticia, me quedé conmocionado pero no puedo decir que me sorprendiese.

Inicialmente hablaron de un accidente de tráfico pero después se hizo público que Jackson se había ahogado en la piscina. Y, aunque las circunstancias siguen siendo bastante turbias, parece que Jackson no estaba muy bien cuando se ahogó. Probablemente nunca sepamos qué sucedió realmente.

No puedo decir que su búsqueda fuera de las canchas de lo que había conseguido dentro de ellas fuese la causa de su muerte, pero estoy seguro de que no fue de ayuda.

Muchos aficionados de la NBA pensarán 2015 como el año de los Warriors. Otros se acordarán de la muerte de Anthony Mason.

Yo sólo lo recordaré como el año en que perdí a mi amigo, un tipo perfectamente imperfecto que nunca supo quién era sin lo que le hizo grande a los ojos de una inmensa mayoría.

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